El título de estadio más famoso de Italia es casi ofensivo para San Siro: demasiado poco. San Siro merece otro punto de vista, otra pregunta: ¿es el monumento italiano más famoso del siglo XX? Sobre la clasificación, discutamos: la estación central de Milán, el Vittoriale, el Palazzo della Civiltà Italiana en el Eur pueden ser más bellos (¿pueden ser más bellos?), pero por notoriedad mundial ni se empieza. La gran casa de tres pisos —primer, segundo, tercer anillo— es conocida en Bolivia y en Botsuana y fue proyectada por Ulisse Stacchini, barbita blanca a lo Freud, un artista del liberty. Y entonces, que sea celebrada. San Siro hoy cumple 100 años porque su primer partido fue el Milan-Inter 3-6 del 19 de septiembre de 1926. El viejecito siente la edad, está deprimido porque sabe que lo quieren derribar y necesita una radiografía. Hagámosela, contando su historia pieza por pieza.
La primera piedra del estadio se colocó en agosto de 1925 y la construcción se completó en un año: intentadlo ahora. El nombre, San Siro, deriva de una iglesia a dos kilómetros del recinto dedicada a Ciro, el niño que según la tradición llevó a San Ciro los cinco panes y dos peces del milagro: 5-2, como el resultado del derbi de 1914. Breve historia triste: la iglesia durante la guerra fue usada (también) para torturar a los partisanos y, en aquel partido de 1926, los dos equipos hicieron el saludo fascista.
La estructura base es el primer anillo, inicialmente constituido por cuatro tribunas rectas, sin las curvas de unión. Se construyó con 10.000 quintales de cemento, 3.500 metros cúbicos de arena y 1.500 quintales de varillas de hierro. Para marcar las líneas del campo, 80 kilos de yeso. El poeta Vittorio Sereni lo llamaba «la gran cuenca». Sí, ¿pero al margen de la poesía, cuánto costó? 5 millones de liras.
El estadio inicialmente era solo del Milan, en 1926 entrenado por el inglés Herbert Burgess que, como Amorim, tenía un pasado en el United. Burgess vivía dentro del estadio, en un apartamento sacado debajo de la tribuna, y pensándolo ahora parece increíble. Allí alrededor en 1934 se cambiaron Italia y Austria, antes de jugar la semifinal del Mundial: 1-0 con gol de Guaita, argentinísimo.
Los años de la posguerra son los del crecimiento. En 1955 se construyó el segundo anillo. El sistema de iluminación llegó en 1957, el primer marcador electrónico en 1967. Hoy los focos y las pantallas gigantes están comandados desde una salita técnica —no grande— posicionada sobre la tribuna de prensa. El primer derbi de noche, no por casualidad, se jugó en junio de 1958, en Coppa Italia. Pitido inicial a la española: a las 21:30.
1965 es el año del Inter. La UEFA asignó a San Siro la final de la Copa de Europa y la Grande Inter llegó puntual: 1-0 al Benfica, gol de Jair. En semifinales, el Mago Herrera había remontado al Liverpool con un 3-0 mítico, una de las grandes noches nerazzurre junto a las semifinales de Champions de 2023, al scudetto del Inter de los récords, al partido perfecto de Mou contra el Barça en 2010, en su pequeña escala al derbi de Minaudo del 86. La Curva Nord es la casa de la hinchada nerazzurra, coreografías, grandes cánticos («E per la gente che…») y un scooter lanzado desde las gradas en un Inter-Atalanta de 2001.
Los años 80 comenzaron con la dedicación del estadio a Peppino Meazza, nunca digerida por los milanistas. Se resarcirán a finales de la década con Sacchi y tres holandeses pasados por allí por casualidad. En San Siro está todavía la pancarta «Marco Nico» que recuerda aquellos tiempos y la Sud resiste fiera: sabe que un pedazo suyo sobrevivirá a la demolición. Ha albergado grandes coreografías inspiradas en Munch y en Matrix y grandes noches milanistas: el 5-0 al Real y el 3-0 al United, siempre bajo la lluvia, el derbi del 6-0 de Comandini, el 0-0 con el Bologna que trajo la stella, Sheva y el gemelo de Abbiati en el derbi de 2003, Hateley por encima de Collovati.
El Mundial de Italia ’90 trajo el tercer piso, el más popular. El tercer anillo no se construyó sobre el segundo sino apoyado, con las grandes vigas rojas y las 11 torres circulares para sostener la superestructura. Si miráis, está incompleto: falta el pedazo sobre la tribuna naranja, que habría creado problemas a las casas vecinas. No importa, San Siro es bello también así, asimétrico y a la búsqueda de su equilibrio precario, como todos nosotros.
Al final, el césped, que da el sentido a todo. El concepto de casa, aquí en el número 100, está invertido: el jardín no está en el exterior sino en el interior y los setenta mil vecinos lo miran fijo, aunque sobre la hierba no crezca nada, salvo las emociones. Casi nada.
Este recorrido histórico por el “Templo del Fútbol” en su 100º aniversario añade un marco casi místico a la cita de este domingo contra el Lecce:
- Un escenario legendario en crisis: Cumplir un siglo el 19 de septiembre de 2026 en medio de los rumores de demolición y el ambiente caldeado tras la caída ante el Benfica envuelve el partido en una atmósfera de máxima trascendencia.
- El guiño a Herbert Burgess y Amorim: La curiosa coincidencia histórica del inglés que entrenaba al Milan en 1926 y vivía debajo de la tribuna con pasado en los Red Devils, al igual que Amorim.
- Exigencia de la Curva Sud: Tras haber sido escenario de las noches más memorables del fútbol europeo (el 5-0 al Real Madrid, el 3-0 al Manchester United bajo el aguacero o la victoria de la stella), la hinchada rossonera no tolerará otra apática primera parte en su gran catedral.
Con las 70.000 almas de San Siro celebrando los 100 años del coliseo y la plantilla del Milan con la obligación moral y deportiva de responder tras la tormenta mediática de la semana, la mesa está servida. Mañana Rúben Amorim y sus jugadores tienen en sus manos la oportunidad de regalarle al templo rossonero una victoria convincente para encarrilar definitivamente la temporada.
EL NUEVO ESTADIO PARA 2032
Unos pocos trabajos aquí y allá, un par de quintales de escombros, alguna infraestructura desplazada un puñado de metros. San Siro en estos meses ha iniciado perezosamente lo que será un larguísimo lifting para llegar al gran día en el que vestirá el traje nuevo. O mejor dicho: el traje de los domingos. En junio fue derribada la histórica taquilla sur, se ha remodelado también en parte el perímetro de acceso en el lado oeste: desaparecidos un par de accesos, eliminadas algunas de las cubiertas circulares gigantes. Hace falta espacio para la súper obra del nuevo recinto.
El nuevo y el viejo San Siro se mirarán a la cara durante un tiempo. ¿Plazos? Antes de finales de octubre debería desvelarse la recreación (render) del nuevo recinto —listo en 2032, 71.500 asientos, valor estimado 2.149 millones—, con unos trabajos que, para respetar el cronograma, deberán arrancar en la segunda mitad de 2027. Acecha la Eurocopa 2032, los sollozos y los aplazamientos pondrían en riesgo a Milán entre las ciudades involucradas, un papelón a evitar.
Es todavía difícil identificarse hasta el punto de imaginar el nuevo San Siro, pero es muy fácil darse cuenta del recorrido de obstáculos que lo ha acompañado hasta aquí. Obstáculos que no han terminado aún: el plan de ejecución debe ser aprobado por el Ayuntamiento y pasar después al examen de la Región para el proyecto de viabilidad técnico-económica. Además está la sombra del frente judicial: en las próximas semanas se espera la sentencia del TAR sobre los recursos presentados por los comités, mientras que a nivel penal permanece abierta la investigación por el delito de alteración de subasta (turbativa d’asta).
Y sin embargo se ha recorrido bastante camino. Los dos clubes milaneses han viajado a fases alternas: se han cogido de la mano, se han dejado, han desconfiado mutuamente entre un cambio de propiedad y otro, han intentado planes B, y después han entendido que el proyecto solo podría cobrar vida de verdad volviéndose a juntar. Una imprescindible exigencia de carácter económico.
En 2032 habrán pasado 13 años desde julio de 2019, cuando Milan e Inter presentaron el proyecto de “La Catedral” firmada por Populous, que debería haber sido completada este año. Catedral arriba, Meazza abajo. Demasiado onerosos los costes para reestructurar. En octubre de 2019 el Ayuntamiento da el visto bueno imponiendo 16 condiciones, entre ellas la reducción del cemento y el mantenimiento de parte del Meazza. A inicios de 2023 los caminos parecen dividirse, el Milan piensa en San Donato y el Inter en Rozzano-Assago, pero permanece siempre viva la idea del plan A.
En septiembre de 2024, el alcalde Sala anuncia: Milan e Inter no reestructurarán San Siro. Es el recorrido que permite a los milaneses permanecer en la ciudad. En marzo de 2025 llega el Documento de viabilidad, que desvela el nuevo proyecto. El tiempo empieza a ser un tirano, por lo que se pone sobre la mesa la posibilidad de la cesión a Milan e Inter. Entretanto, sin embargo, a causa de la investigación sobre urbanismo, el alcalde aplaza a septiembre de 2025 la discusión.
Ha sido una carrera contra el tiempo, porque el 10 de noviembre habría entrado en vigor la protección histórico-arquitectónica sobre el segundo anillo del Meazza, que no habría permitido su demolición. La escritura pública de compraventa del área se firma el 5 de noviembre, por 197 millones, según el precio fijado por la Agenzia delle Entrate. El resto es todavía una historia toda por escribir.







