La única comparación que “sostiene” el paralelismo es la relativa al número de partidos: en la primera fase son ocho, tanto en la Champions como en la Europa League. El resto del camino también es análogo, con la disputa de los playoffs para aquellos equipos que terminen entre la novena y la vigesimocuarta posición. Por lo demás, la máxima competición continental y su hermana “menor” tienen muy poco en común, especialmente desde el punto de vista económico.
Además, participar en la Europa League implica jugar los jueves (y no los martes o miércoles como en la Champions), lo que supone un desgaste extremo de cara a la posterior jornada liguera. Es un dato que invita a la reflexión y que tanto el Milan como la Juventus deberán tener muy en cuenta. Nunca antes han participado juntos en la Europa League; ambos habrían preferido evitarlo, pero la realidad es la que es y hay que afrontarla.
La Champions League es la auténtica máquina tragaperras de los clubes italianos. Cuando todavía ocupaba el banquillo rossonero, Massimiliano Allegri explicaba en cada rueda de prensa la importancia vital para el balance financiero de terminar entre los cuatro primeros; Luciano Spalletti mantenía más o menos el mismo discurso.
Para esclarecer el panorama actual, conviene analizar la abismal diferencia entre los premios económicos de la UEFA:

Contabilizando la primera fase, el campeón de la Europa League se embolsa aproximadamente 25 millones de euros, a lo que hay que sumar las variables por resultados y el “value” (el conjunto del market pool y el ranking histórico). Por el contrario, alcanzar la final de la Champions desde los octavos garantiza 57 millones (más los 6,5 millones por alzar el trofeo).
La Champions —incluyendo la primera fase, los bonus por resultados y el “value”— asegura una cifra muy superior a los 100 millones de euros; el PSG, sin ir más lejos, ingresó 142 millones de euros en la temporada 2025-26. El paralelismo entre los premios de ambas copas, por lo tanto, no se sostiene. Lo mismo ocurre con los ingresos por taquilla: los grandes partidos de Champions permiten recaudaciones históricas, mientras que los rivales de menor prestigio de la Europa League atraen a mucho menos público al estadio.
Desde la temporada 2009-10, cuando la Copa de la UEFA se transformó en la Europa League, las participaciones de equipos italianos desde el inicio del torneo ascienden a 43 (sin contar a los que cayeron rebotados desde la Champions en febrero). Históricamente, nuestros clubes han sufrido enormes dificultades en el campeonato doméstico. Ninguno ha logrado jamás proclamarse campeón del Scudetto compaginando los compromisos europeos del jueves con los de la Serie A de los domingos (o lunes).
- 2º Puesto: Roma (2009-10 y 2016-17), Napoli (2015-16) y Milan (2020-21).
- 3º Puesto: Udinese (2011-12), Napoli (2021-22) y Roma (en la pasada temporada).
- 4º Puesto: Lazio (2011-12), Fiorentina (2013-14 y 2014-15) y Atalanta (2023-24, año en el que conquistó la Europa League).
En los otros 32 casos restantes, las escuadras italianas finalizaron de la quinta posición hacia abajo, quedando fuera de la zona Champions. Esto supone una seria advertencia para el Milan y la Juventus: la Europa League corre el riesgo de convertirse en una trampa de cara a sus aspiraciones por el Scudetto. Para afrontarla sin pagar un peaje excesivo, es obligatorio contar con una plantilla amplia y realizar rotaciones constantes.
El gran incentivo de conquistar la Europa League radica en que otorga la clasificación directa para la Champions League de la siguiente campaña, además del derecho a disputar la final de la Supercopa de Europa. Pero, ¿qué opciones reales tienen el Milan y la Juve de llegar hasta el final?
Aunque algunos rivales potenciales llegarán rebotados desde los playoffs de la Champions, la lista de clubes que ya tienen asegurada su presencia en el torneo incluye a los ingleses Crystal Palace, Bournemouth y Sunderland; los españoles Real Sociedad y Celta de Vigo; los alemanes Hoffenheim y Bayer Leverkusen; los franceses Marsella y Rennes; y el AZ Alkmaar neerlandés.
Sobre el papel, no se vislumbra ningún obstáculo insalvable para las plantillas comandadas por Rúben Amorim y Luciano Spalletti. Sobre el terreno de juego… ya se verá.
EL ÚNICO TROFEO QUE FALTA EN LA VITRINA
Si se quiere ver el vaso medio lleno, el Milan tendrá la oportunidad de sumar a sus vitrinas el único trofeo que todavía falta en el museo de Via Aldo Rossi. El Diavolo, de hecho, nunca ha ganado la antigua Copa de la UEFA (hoy Europa League), y ni siquiera ha logrado alcanzar nunca la final. Sus mejores resultados siguen siendo las semifinales de la temporada 1971-72 —cayendo en la eliminatoria a doble partido contra el Tottenham— y de la campaña 2001-02, cuando fue eliminado por el Borussia Dortmund.
De este modo, Rúben Amorim podrá jugar también la baza de la Copa para entrar de lleno en la historia del club. A propósito, el técnico portugués ya se quedó a las puertas de alzar este trofeo recientemente con el Manchester United, cuando en 2025 fue derrotado por 1-0 en la final íntegramente inglesa disputada en Bilbao frente al Tottenham.
Como es evidente, Amorim deberá contar con una plantilla mucho más amplia que la que dirigió Massimiliano Allegri en la temporada que acaba de terminar. El Milan de la campaña 2025-26 estuvo enfocado única y exclusivamente en el campeonato doméstico al no disputar competiciones europeas. Ahora, en cambio, la exigencia del jueves obligará al club y al entrenador a adaptarse al ritmo de jugar dos partidos por semana. Esto implica un desgaste energético completamente diferente y la necesidad de aplicar un sistema de rotaciones más agresivo.
- El factor Luka Modrić: Si el croata se queda en el equipo, como todo parece indicar, cumplirá 41 años en septiembre. Difícilmente podrá repetir los 32 partidos como titular (de 38 posibles) que disputó en la última Liga si además debe afrontar la Europa League.
- El mercado y las altas: La llegada de Gonçalo Ramos cubre numéricamente en la delantera la salida de Niclas Füllkrug. La otra incorporación es la de Mario Gila, pero su llegada eleva a 20 el número de futbolistas inscribibles en la Lista A (excluyendo a los formados en Italia o canteranos del propio club).
- El gran problema: El límite máximo permitido por la UEFA es de 17 jugadores. En este recuento actual de 20 futbolistas ya se ha incluido a los jóvenes Caleb Wiley-Odogu y Milos Kostic (que no cumplen los requisitos para ir en la Lista B), además de piezas que podrían salir como Fikayo Tomori, Youssouf Fofana, Ruben Loftus-Cheek y Pervis Estupiñán, junto a los cedidos que regresan, Yunus Musah y Samuel Chukwueze.
Si bien es cierto que la plantilla debe potenciarse en cuanto a experiencia y fondo de armario, por otra parte, los números exigen una operación salida inmediata. Sin ventas previas, el Milan tendrá que hilar muy fino a la hora de fichar, porque las restricciones de las listas son ineludibles: en este preciso momento sobran tres jugadores y cada fichaje que se realice sin dar salidas aumentará ese exceso.
Por el contrario, la Europa League representa una oportunidad de oro —al menos durante la fase de liga única— para acelerar la maduración de los jóvenes talentos. Mientras que Odogu y Kostic podrían verse afectados por el mencionado problema de espacio en la Lista A, canteranos como Lorenzo Torriani, Davide Bartesaghi, Christian Comotto y Francesco Camarda sí pueden ser incluidos sin restricciones en la Lista B y acumular minutos.
En líneas generales, la competición de los jueves también debería servir para que futbolistas de la primera plantilla como Koni De Winter, Lewin Athekame, Ardon Jashari y Samuele Ricci encuentren un espacio con mayor regularidad en el once titular de Rúben Amorim.
HOJBJERG ENCAJARÍA A LA PERFECCIÓN CON AMORIM
Pierre-Emile Højbjerg se ha convertido en la última idea del Milan para apuntalar la medular. El centrocampista danés, que actualmente milita en el Olympique de Marsella, podría abandonar la disciplina del club francés tras apenas dos temporadas bajo unas condiciones económicas muy favorables. Se trata de un perfil particularmente del agrado de Rúben Amorim, quien valora especialmente sus cualidades técnicas y físicas para adaptarse al estilo de juego que pretende implantar.
El técnico portugués busca un futbolista capaz de proteger a la línea defensiva, garantizar orden en la zona central y mantener el equilibrio táctico cuando los carrileros se proyectan al ataque. Estas son características que el jugador de 30 años ha exhibido con regularidad a lo largo de toda su trayectoria profesional.
En el esquema 3-4-2-1 diseñado por Amorim, Højbjerg podría actuar como el principal eje de referencia por delante de los tres centrales. El danés combina a la perfección potencia física, capacidad para la recuperación de balones y disciplina táctica, sumado a una notable experiencia en la gestión y distribución de la posesión.
Su nombre ya había sido vinculado a la entidad rossonera antes de su mudanza a Marsella, pero ahora regresa a la primera línea de la actualidad debido a la necesidad imperiosa del Milan de incorporar un centrocampista fiable y de rendimiento inmediato. Con todo, su posible desembarco en San Siro estará condicionado al avance de la operación salida y a las posteriores evaluaciones sobre la composición definitiva de la medular.
Durante la última campaña en la Ligue 1, portando el brazalete de capitán, Højbjerg disputó un total de 34 partidos, en los que además aportó 4 goles y 5 assistencias. Son números muy significativos para un futbolista cuya tarea primordial sigue siendo la de dotar de equilibrio al equipo en la zona ancha del campo. Asimismo, su ficha salarial, que ronda los 3 millones de euros por temporada, sería ampliamente asumible para las arcas del Milan.
Otro factor que incrementa el atractivo de su perfil es su dilatada experiencia internacional, labrada en clubes de primera línea europea como el Bayern de Múnich, el Southampton y el Tottenham. En caso de vestir la camiseta rossonera, el danés coincidiría nuevamente con Adrien Rabiot, con quien ya compartió vestuario precisamente en Marsella, demostrando que sigue siendo un jugador de garantías y máxima fiabilidad.
FINAL DEL MUNDIAL: ESPAÑA-ARGENTINA












