El periodo negativo del Milan continúa. Es más: empeora. Ayer, de hecho, llegó la derrota pesadísima por 0-3 contra el Udinese en San Siro, al término de una actuación verdaderamente incolora, totalmente errónea desde el punto de vista técnico y táctico e insignificante desde el punto de vista del carácter.
Hablando en rueda de prensa, Samuele Ricci pronunció una frase que genera preocupación por el estado mental y de actitud que describe en el equipo de Allegri: “Hoy estábamos poco presentes, he tenido esa sensación”. Una declaración que va de la mano con la de Massimiliano Allegri en DAZN: “Hay que volver a ser ordenados y lúcidos”.
El Milan venía de un periodo negativo —porque 3 derrotas en 6 partidos representan eso, a pesar de la clasificación— y de una actuación muy por debajo del nivel esperado (contra el Napoli), a la que siguió muchísima decepción durante la semana por no haber sido capaces de expresar más. Por lo tanto, las campanas de alarma ya habían sonado repetidamente en las últimas semanas. El técnico rossonero dijo ayer que la plantilla acusó el golpe tras el “Maradona”, pero también que, después de un par de días, todo se había superado. Evidentemente, no fue así.
Y hay que preocuparse aún más por lo que dijo Adrien Rabiot: “Nos faltó el orden en el campo y luego las ganas, la determinación de ir a marcar gol y alcanzar este objetivo que es el nuestro. Hay momentos de dificultad, es normal: debemos permanecer unidos y trabajar en esta semana, de forma fuerte, y volver a la victoria a partir del próximo domingo”.
“También como equipo podíamos haberlo hecho mucho mejor, como éramos antes: más unidos. Hemos perdido eso en el campo: las ganas de trabajar para el compañero, de replegar todos juntos y de batallar juntos. Eso es lo que debemos recuperar: es lo que nos ha hecho bien hasta aquí”.
Lo que dice Rabiot es, probablemente, lo más grave que se ha escuchado en Milanello esta temporada. Ya no se trata de si el esquema es un 4-3-3 o un 3-5-2, se trata de los valores morales del grupo:
- El fin de la solidaridad: Cuando un líder como Rabiot admite que se han perdido “las ganas de trabajar para el compañero”, está señalando una fractura de vestuario. El Milan de la primera vuelta era un bloque granítico donde todos corrían por todos; el de ayer fue una suma de individualidades frustradas.
- La mentira de la “normalidad”: Allegri intentó vender que el golpe de Nápoles estaba superado, pero la realidad en San Siro lo desmintió. El equipo parece haber entrado en una depresión profunda tras entender que el Inter ya es inalcanzable.
- El fantasma de la complacencia: El mensaje de “el objetivo puede alcanzarse incluso en la última jornada” de Allegri parece haber calado de forma negativa. Si el mensaje es que “hay tiempo”, el equipo ha dejado de jugar con la urgencia que requiere la Serie A.
Rabiot ha puesto el dedo en la llaga. Si el domingo contra el Verona no se ve a un equipo que “batalla junto”, el puesto de Champions dejará de ser una preocupación para convertirse en una emergencia real.






