El sabio Allegri afirma: «No hay que fijarse en si un jugador lo hizo bien un año y otro no tanto. Hay que evaluar al jugador en su conjunto, hay valores absolutos que no cambian». Y esto vale para todos. Hace un par de semanas, en cambio, se había referido específicamente a él: «Con Jashari, el club ha hecho una gran inversión en un jugador de gran valía. Sufrió una lesión, regresó, tuvo menos minutos… Pero no es que haya bajado de nivel».
«Ha tenido dificultades, tiene un gran potencial y muchas ganas de aprender: será un jugador importante para el Milan del futuro». De la debacle de Reggio Emilia hay alguien que ha salido con los huesos especialmente rotos: el suizo fue uno de los peores sobre el terreno de juego (en la valoración solo se salvó Pavlovic), aplastado por la falta de inspiración —por decirlo suavemente— de sus compañeros y por la responsabilidad de pisar las nobles huellas de Modric. Si nos fijamos solo en el partido contra el Sassuolo, fue un fracaso total. El problema es que el pésimo diagnóstico no difiere mucho aunque ampliemos la mirada a toda la temporada.
Por lo tanto, hay que aprovechar al máximo las palabras de Allegri para hacer una buena declaración de fe. También porque, en cualquier caso, lo que dice Max no es un simple caldo de retórica consoladora. No es optimismo simplista. Son conceptos reales y concretos. En esencia, Ardon Jashari fue y sigue siendo una buena inversión. Porque es un jugador más que válido, porque puede ocupar varias posiciones y porque tiene 23 años. Para quien observa con atención y no se limita a la condena sin apelación, a lo largo de sus 733 minutos esta temporada ha sido posible vislumbrar sus cualidades.
En términos estrictamente estadísticos, el único momento destacado se produjo en San Siro contra el Como, cuando asistió a Leao con un pase de cuarenta metros en el que se combinaron técnica, precisión y visión de juego. No se trata de jugadas fortuitas o casuales; quien es capaz de ejecutarlas es porque las lleva en la sangre. Habrá que partir, pues, de ahí y de esa sagacidad futbolística que el suizo ha dosificado con cuentagotas este año y que debe volver a utilizar con constancia, como en sus tiempos en el Brujas. Por otra parte, él dejó Bélgica, y un club que por ambición empezaba a quedarle pequeño, precisamente para subir de nivel y ponerse a prueba en una liga más competitiva en el seno de un club histórico.

Un objetivo muy claro en su mente desde el momento en que el Diavolo empezó a recabar información al club nerazzurro. El verano pasado fue agotador para él y para la calle Aldo Rossi, ya que el Brujas, tal y como había ocurrido con De Ketelaere, se fijó hasta en el último céntimo, a costa de retener al jugador a su pesar. En ese momento, él también entró en escena, quedándose fuera de la plantilla por decisión propia. Entre otras valientes iniciativas, pidió y consiguió no ir a la concentración en Londres, no jugó en los amistosos, no acudió a la fiesta con los aficionados (eran 14 000) para la presentación del equipo y, durante un tiempo, se entrenó en solitario.
Personalidad, sin duda, como la que siempre ha tenido sobre el terreno de juego, pero que no logró demostrar en su primera etapa en Milanello. Primer problema: Allegri lo veía principalmente como mediapunta, y por delante tenía a Su Majestad Modric. Segundo problema: un choque en un entrenamiento con Giménez le provocó una fractura de peroné, una lesión que lo mantuvo fuera dos meses. Tercer problema: Ardon, con sus 34 millones (más bonificaciones) pagados al Brujas, fue el segundo fichaje más caro del mercado rossonero de 2025. Millones que pesan sobre los hombros cuando juegas en San Siro, vistes la camiseta del Milan y todo el mundo espera, como es lógico, ver jugadas que justifiquen esa inversión.
Las estadísticas de la temporada, a pesar de que esta está llegando a su fin, siguen siendo escasas: en la liga hablamos de 553 minutos, es decir, doce partidos disputados, seis de ellos como titular, y una nota media de 5,6. Básicamente, entre la larga lesión y el espacio que le ha quitado Modric, el suizo nunca ha logrado encontrar continuidad. Contra el Sassuolo se vio a un jugador que no estuvo a la altura por la inseguridad derivada de la falta de minutos, no por ser inadecuado para el puesto.
Además del balón perdido en el primer gol del Emilia, también perdió otros duelos y, obviamente, el equipo no le ayudó en absoluto. Hay quien destaca que en el Brujas jugaba como interior y no en el centro del mediocampo, pero Ardon es un centrocampista moderno, por lo que sería simplista encasillarlo en un solo rol. Ahora que Modric ha vuelto a Milanello para entrenar, podrá darle algunos buenos consejos.

MODRIC PODRÍA REAPARECER ANTE EL GENOA
Un campeón como Luka Modric, tal y como ha demostrado también a lo largo de esta temporada en la Serie A a sus 40 años, no es precisamente el tipo de jugador al que se le puede pisotear: ni con el balón en los pies, ni en lo que respecta al liderazgo. Por eso, quizá, se fue un poco precipitado cuando, tras la lesión en el pómulo, se dio por «terminada» su temporada en el Milan. Luka quiere volver y quiere ganar la Champions, para mantener su futuro lo más abierto posible.
Aunque solo han pasado unos diez días desde la lesión y la consiguiente operación, ayer Luka Modric se presentó en Milanello. A primera hora de la mañana, según cuenta La Gazzetta dello Sport, acudió a la clínica Madonnina para que le quitaran los puntos, mientras que a las 10 ya estaba en el centro deportivo de Carnago desayunando y reuniéndose con algunos compañeros. Ha comenzado la fisioterapia en el gimnasio, destinada sobre todo a que se le baje la hinchazón de la cara. Solo dentro de una semana habrá una nueva revisión en la que se evaluará el estado de su rostro y, en ese momento, se podrá proceder a la creación de la máscara protectora que le servirá también para el Mundial.
Modric es un torbellino en plena forma; «La Rosea» escribe que el jugador está deseando volver al campo. Si por él fuera, ya lo haría este fin de semana contra el Atalanta, pero, como se ha dicho, no hay tiempo para adaptarse y aún no estaría listo. Acudirá a San Siro para apoyar al equipo. El objetivo pasa entonces a ser la penúltima jornada en casa del Genoa, para la que Luka quiere que lo incluyan al menos en el banquillo. Habrá que ver si el proceso descrito anteriormente se desarrolla sin contratiempos.
Siendo realistas, tal y como se ha sabido en las últimas horas, Modric podría saltar al campo en la última jornada contra el Cagliari. En cualquier caso, se trata de una recuperación fulgurante: dos o tres semanas en lugar de las seis previstas. Y la motivación del crack croata no es solo el Mundial, sino también la Liga de Campeones: el centrocampista rossonero quiere alcanzar a toda costa el objetivo de la temporada y darse también una oportunidad más de cara al futuro. Con la Europa que cuenta (y con Allegri), las posibilidades de quedarse aumentarían, por lo que, incluso en la fase decisiva, se inclinaría más por el sí.









