El tiempo, la mayoría de las veces, termina pasando la factura. Este Milan que se encuentra de repente con el agua al cuello a apenas dos semanas de disputar su primer encuentro oficial —con una plantilla por aligerar, refuerzos aún por concretar y una filosofía de juego entera por desarrollar— es también hijo del estancamiento absoluto en el que se sumió la entidad tras la purga del pasado 25 de mayo.
Un parón institucional que afectó directamente a la elección del banquillo y que no halló resolución hasta el 16 de junio, tras un dilatado proceso de selección. Limitándose a un análisis estrictamente futbolístico, durante aquellas semanas se extravió un tiempo precioso al no contar con un entrenador que señalase sus prioridades y necesidades tácticas sobre el mercado.
La prueba del algodón es sencilla: si Rúben Amorim dispusiera en este momento de unos quince días extra de trabajo, el panorama actual resulta bastante menos pesado, frenético, arriesgado e inquietante. Sí, inquietante: frente al Chelsea, sencillamente, no funcionó absolutamente nada.

En estas primeras pruebas de la pretemporada, la declaración de intenciones ha resultado bastante nítida: respecto al Milan de la campaña 25-26, este nuevo equipo se presenta con un bloque defensivo varios metros más adelantado y con la consigna explícita de ir a recuperar el balón en campo rival. Exactamente lo opuesto a lo que sucedía bajo la tutela de Allegri.
Para entender la propuesta: los primeros veinte minutos frente al Inter mostraron el prototipo de Milan que busca y persigue Rúben Amorim. A principios de agosto, ante un oponente del calibre del Inter, resulta comprensible plasmar ese registro solo de forma parcial. Sin embargo, lo que cuesta asimilar es que la intensidad decaiga durante el resto del choque.
Frente al Chelsea, la pasividad del equipo resultó prácticamente absoluta, y recuperar sensaciones a la “vieja usanza” tampoco ofreció ningún rédito. Incluso durante el primer tiempo, midiéndose a un rival que no estuvo en absoluto trascendental en la circulación de balón, la escuadra rossonera fue incapaz de adelantar sus líneas y poner en apuros la salida de los Blues.

Tampoco es que en el derbi se hubieran visto fuegos artificiales, pero al menos de la medular hacia arriba se apreciaron algunas combinaciones interesantes. Esta vez, en cambio, el Diavolo estuvo completamente desaparecido. Cero disparos entre los tres palos, una incapacidad absoluta para abastecer de balones a Francesco Camarda en el primer acto y un panorama que apenas sufrió modificaciones tras la entrada de Christopher Nkunku y Gonçalo Ramos en la reanudación.
El equipo se mostró en esta ocasión bastante más desarticulado y distante entre sus líneas en comparación con el duelo ante el Inter. Por su parte, la nómina de mediapuntas no logró inventar una sola acción de peligro ni generar fluidez en la circulación. ¿Superar al par en el uno contra uno? Un escenario completamente desconocido.

Escalofríos de puro pánico recorrieron la espalda de los aficionados que se conectaron para seguir el encuentro de Yakarta. Daba la sensación de haber regresado al pasado mes de mayo o, peor aún, a las etapas más sombrías de Fonseca y Conceição. El Diavolo continúa encajando goles en gran medida por concesiones propias: desatenciones individuales, negligencia en la colocación táctica y coberturas mal ejecutadas. Cualquier rival que encare hoy por hoy a la retaguardia rossonera cuenta con altísimas probabilidades de generar una ocasión clara de gol.
Es evidente que Rúben Amorim está implantando nuevas automatismos y responsabilidades a sus defensores. Sin embargo —al margen del trágico mes y medio final del pasado ejercicio—, ¿cómo resulta posible que la totalidad de la zaga haya olvidado por completo las sabias lecciones tácticas de Allegri?

El escenario resulta conocido desde el preciso instante en que se oficializó la llegada de Rúben Amorim: el técnico portugués prioriza el juego por las bandas, convirtiendo los carriles exteriores en una pieza indispensable de su engranaje táctico. El gran problema radica en que, con la configuración actual de la plantilla, los flancos adolecen de especialistas con el perfil idóneo para su libreto.
El único futbolista capaz de garantizar un trabajo de ida y vuelta a la altura de las exigencias es Alexis Saelemaekers.
A partir de ahí, las incógnitas se multiplican:
- Samuel Chukwueze continúa evidenciando todas las dificultades adaptativas que cabía prever en esa demarcación.
- Zacharie Athekame ni tan siquiera ha entrado en los planes ni ha sido tomado en consideración durante los ensayos.
- Pervis Estupiñán ha vuelto a ratificar sus habituales lagunas en la fase sin balón.
- Davide Bartesaghi, por su parte, carece del cambio de ritmo y la zancada que demanda el preparador portugués.

Si hasta este momento el equipo había ofrecido muestras de coraje y capacidad de respuesta —remontando un 0-2 adverso hasta el 2-2 frente al Celtic o reaccionando tras el 0-1 en el derbi ante el Inter—, esta vez la rebeldía no hizo acto de presencia. Es más: al primer tanto encajado en el tiempo añadido de la primera parte le sucedieron otros dos en los primeros cinco minutos de la reanudación.
Línea plana, por tanto, tras el paso por los vestuarios y —lo que resulta todavía más preocupante— una absoluta parálisis durante todo el segundo acto. En la práctica, el Milan no llegó a amenazar en ningún momento o, más bien, fue totalmente incapaz de intentarlo.
EL OPORTO PODRÍA SER EL FUTURO DE SANTI GIMÉNEZ
El verano del Milan de Rúben Amorim prosigue con una pretemporada que se encuentra (casi) en el punto de partida hacia el curso oficial. Tras un test poco halagüeño frente al Chelsea, aunque con mejores sensaciones en los ensayos previos ante Celtic e Inter, el conjunto rossonero se confirma como una obra en plena construcción.
En medio de esta fase de rodaje, el mercado de fichajes se mantiene como un tema neurálgico para la confección del plantel del técnico portugués, con especial atención a la ‘operación salida’. Nombres como Youssouf Fofana, Samuele Ricci y, más recientemente, Santi Giménez y Zacharie Athekame se perfilan como los futbolistas que, a día de hoy, no habrían terminado de convencer a Amorim.
Según adelanta Sky Sport, el Oporto está apretando con fuerza por el delantero mexicano. No obstante, el devenir de la negociación entre el club portugués y la Roma por Rodrigo Mora se antoja determinante para desencadenar el futuro del atacante rossonero. De concretarse finalmente el traspaso de Mora al conjunto romano, el Oporto desbloquearía de inmediato su margen de maniobra en el mercado de entradas y lanzaría su ofensiva definitiva para incorporar a Santiago Giménez como referente ofensivo.
Entre la entidad lusa y el futbolista mexicano ya existe un acuerdo total en los términos personales. En este momento, el Oporto negocia con la directiva del Milan para dar forma a una estructura de traspaso que incluya una importante porcentaje de una futura venta a favor de los rossoneri, permitiendo así a San Siro amortizar y recuperar la inversión realizada en su día.





