“La solidez en la fase de no posesión que tanto gusta a Massimiliano Allegri. La fluidez de juego que un fuera de serie como Modric, pero también un centrocampista como Rabiot, prefieren. Las primeras veintitrés jornadas de campeonato han dicho que las dos almas en el Milan coexisten, aunque todavía no estén equilibradas. No hay contraposición, sino más bien una tranquila ‘convivencia’ gracias a la inteligencia del entrenador de Livorno, un auténtico fuera de serie a la hora de interpretar al adversario y la evolución de cada partido”.
El alma que prevalece en este momento es la de la compacidad en fase de no posesión, a costa de retrasar el centro de gravedad y defenderse con la línea de tres pegada a su propia área. La necesidad de recibir menos goles respecto a la temporada 2024-25 ha sido la tecla que Max ha pulsado con los jugadores y los medios desde el día de su regreso a Milanello. Por eso, superado ya el ecuador del torneo, solo dos equipos han encajado menos tantos que Maignan y compañía: la Roma y el Como.
El Diavolo, que busca encontrarse a sí mismo y recuperar sus certezas tras un año cerrado en el octavo puesto y sin clasificación para competiciones europeas, necesitaba más sustancia y menos apariencia. Más practicidad y menos adornos. Por eso Allegri, que fue un “10”, un centrocampista de pase largo y jugada refinada, se enfada cuando ve a uno de los suyos intentar un taconazo en una zona peligrosa. Y, por el contrario, aplaude una carrera defensiva de un delantero o del Balón de Oro Modric, que a menudo retrocede hasta su propia área para disputar un balón o tapar un centro.
Allegri entrena la resiliencia de los suyos, los empuja a sufrir sin balón para luego desatarse al contragolpe. Sabe que con la clase de Luka, Leão, Pulisic, Nkunku y los demás, tarde o temprano encontrará el gol. Por eso, a veces se cierra en la esquina, como los boxeadores que “agarran” al rival esperando encontrar en la guardia contraria el hueco para asestar el uproot (gancho) ganador.
Max no renuncia al juego; no es un “resultadista” y punto. Pero en el primer lugar pone la victoria y busca la mejor manera de alcanzarla. En su primera Juventus lo hizo a tramos con el 4-2-3-1, alineando (a veces) a todos los elementos ofensivos juntos. Antes de esa transformación, sin embargo, había apostado por la BBC (Barzagli, Bonucci, Chiellini). Pues bien, en este momento en el Milan estamos todavía en la primera fase, pero no se descarta que en el futuro lleguemos a la segunda.
Sin embargo, hay necesidad de futbolistas que se adapten al credo táctico de Allegri. Max espera que el próximo verano, quizás con la clasificación para la Champions ya conquistada, pueda indicar no solo las características de los jugadores que necesita, sino también los nombres. Por el momento, en cambio, hay que hacer de la necesidad virtud. Lo saben también sus… “caballeros”, desde Modric hasta Rabiot, gente acostumbrada a un fútbol de posesión que ahora se exprime con tal de defender la portería de Maignan.
Es mejor pedir un fútbol atento y la máxima concentración en fase de no posesión para luego encontrarse en la lucha por el Scudetto bien pasada la mitad del torneo, que prometer un fútbol ofensivo y dominante (como Fonseca) y ser destituido al término de la primera vuelta. “Podríamos haber marcado más y haberlo hecho mejor técnicamente en el segundo tiempo”, dijo el más “allegriano” de los rossoneri, Adrien Rabiot, tras la victoria en Bolonia.
Por tanto, incluso el equipo siente la necesidad de hacer más en fase ofensiva, pero todos son conscientes de que este no es el momento de desequilibrarse. Después vendrán partidos en los que habrá más posesión y en los cuales se verá un Milan más “bello”. Paradójicamente, ya sucedió contra el Genoa, cuando sin embargo los rossoblù rozaron la victoria y fallaron un penalti en el tiempo de descuento.
Pero ahora, el alma que apuesta por la solidez prevalece sobre la… “joyista” (vistosista). Es una cuestión de oportunidad y de momento. Lo que importa es ganar y volver a la Champions. El “cómo” no es demasiado importante. Al menos para Max, sus hombres y un Milan cada vez más a la medida… de Allegri.




