Cada vez más transformista. Y una máscara que cae: la que parecía inquebrantable con la que Ruben Amorim se había presentado al mundo rossonero. El integralista que se vuelve líquido, la roca que se convierte en agua y se adapta al recipiente que la contiene. No al revés. Amorim en estos primeros cuatro meses, entre varias cosas, ha entendido dos en particular: la necesidad de limar al menos en parte su enfoque táctico para no estrellarse como en Manchester, y la de poner a disposición de su equipo distintos trajes. Porque, como ya ha dicho también él, el campeonato italiano quizá no es la cima de todo como el inglés, pero en la Serie A a los técnicos rivales les cuesta poco tomarte las medidas si repites siempre la misma partitura.
Y así el 3-4-2-1 de referencia se ha convertido en un montón de otras cosas. Contemplando buena parte de los módulos disponibles. Él, cuando le piden aclaraciones sobre estos aspectos, parece divertirse bastante: “Os gusta mucho hablar de estas cosas, ¿verdad?”. Bueno, es obvio, ayudan a entender cómo lee el fútbol un entrenador. Amorim, sin embargo, repite el habitual mantra que utilizan muchos de sus colegas: el módulo importa poco, lo que cuentan son las posiciones y la interpretación. En las últimas semanas el Milan se ha puesto esos trajes más o menos todos.
El 3-4-2-1 en realidad no ha sido desconocido. Simplemente se utiliza de forma parcial. En los últimos partidos, en particular, de aquel esquema ha quedado —parcialmente— solo la línea defensiva de tres. Es, en cualquier caso, un Milan difícil de encasillar en términos de módulo dentro de una ficha, porque dentro del mismo partido varía continuamente. Depende obviamente de los extremos, es decir, de cuántos metros avanzan los laterales. Contra el Atalanta la línea fue sobre todo de cuatro, pero se convertía en tres en dos circunstancias: cuando Gila subía por la derecha o Moreira por la izquierda. Sin olvidar la ayuda constante de un centrocampista —sobre todo Modric— que bajaba entre los dos centrales al inicio de la acción.
También la medular se ha convertido en un territorio poco descifrable para los adversarios. Contra la Dea Rabiot fue la carta ganadora de Amorim para evitar dejar solo a Ramos por enésima vez, pero también para reforzar el centro del campo en fase de no posesión. Adrien ubicuo, también gracias a la cobertura de Pulisic, otro que no se echa atrás si hay que correr y sacrificarse. Fue un Milan que, según los momentos, era identificable con el 4-2-3-1 (Rabiot detrás de la punta, con Chukwueze a la derecha y Pulisic a la izquierda), o con el 4-3-3.
Este último probablemente es lo que más se acerca a los recientes cambios puestos en práctica por Amorim, y es una novedad de la que se beneficia en particular Modric, no por casualidad más incisivo y valioso respecto a las apariciones de inicio de temporada. El concepto es simple: si Luka, en lugar de un solo socio en la medular, tiene dos ángeles custodios (en este último caso Musah fijo y Rabiot según los momentos), consigue garantizar el habitual trabajo de corte y confección de alto nivel exhibido durante toda la temporada pasada.

¿CÓMO DE FUERTE ES MARIO GILA?
Pero ¿cuánto es de fuerte Mario Gila? Sí, esta es la pregunta que todos los aficionados del Milan (y no solo ellos) seguro se estarán haciendo tras las recientes actuaciones del defensa español. Ya se había entendido desde el principio: el fichaje de Gila por el Milan sería algo bueno y justo, y de hecho los resultados positivos no están tardando en llegar. El exjugador de la Lazio se ha integrado perfectamente en el mundo rossonero de Ruben Amorim. Corre, lucha y también marca.
En esta particular y movida defensa de tres, Gila es perfecto. Tiene habilidad en la distancia, ya que posee una zancada y una capacidad de carrera importantes, y también es bueno para correr hacia atrás cuando el equipo, como ya ha sucedido, tiende a desequilibrarse demasiado hacia adelante. Es el juego de Amorim, en una identidad fuerte y clara desde el primer día. Mario Gila en la Serie A ya había hecho bien con la Lazio, resultando uno de los mejores defensas por carrera y habilidades técnicas. Un defensa moderno, capaz de adaptarse rápidamente a un equipo, el Milan, todavía en una evolución normal.
¿La única pega? Quizá la resistencia física. Jugando un fútbol desenvuelto, rápido y de alto ritmo, el español tiende quizá a “darlo todo” hasta 10 minutos del final, cuando los calambres y el cansancio se hacen notar. Ahí el Milan a menudo ha encajado goles y ha concedido contragolpes inútiles precisamente sin el ex del Madrid y la Lazio. Mario Gila en el campo, por tanto, es una seguridad siempre y en cualquier caso.
Bajo la Curva Sur, de cabeza a pase de quien a día de hoy es el mejor centrocampista de la Serie A, Adrien Rabiot. El tanto de Gila en San Siro contra el Atalanta es el retrato exacto de sí mismo. Vuela al cielo con fuerza, se eleva con precisión y celebra con el alma. Mario Gila es esto; si además empezara a marcar, entonces los rossoneri habrían encontrado a un jugador de primer nivel total también en defensa.
REDBIRD QUIERE COMPRAR EL 70% DE AL-NASSR
RedBird, de Gerry Cardinale, estaría lista para invertir de nuevo en el fútbol. Esta es la noticia que llega desde Arabia Saudí y que recoge esta noche La Gazzetta dello Sport. Según el periódico rosa, en efecto, el manager estadounidense estaría pensando en adquirir el 70% del club en el que juega Cristiano Ronaldo, además de otros grandes excampeones que han pasado por el fútbol europeo. Por la participación, el fondo estadounidense, propietario mayoritario del Milan, pagaría unos 267 millones de dólares (equivalentes a 1.000 millones de riales, moneda corriente en Arabia).
El Al-Nassr, como explica La Gazzetta, se encuentra en una situación de endeudamiento muy importante. Para el club habría que cubrir unos 800 millones de riales (unos 213 millones de dólares) y por eso el PIF, el fondo soberano de Arabia Saudí, que posee el club al 75%, está tratando de implicar a sociedades presentes en su cartera para intentar extinguir este agujero financiero. Esto ayudaría a la cesión al fondo RedBird de Gerry Cardinale. Entre los otros inversores se especula con que también el propio Cristiano Ronaldo podría comprar hasta el 20% de las participaciones. Una operación que, según el periódico rosa, reforzaría las relaciones entre Cardinale y CR7, icono global del fútbol.









