Genoa 1 – 2 Milan

Curioso como cambian las cosas en el fútbol en un solo día, donde el Milan vuelve a ganar tras sus horrorosos resultados, pero lo más gracioso que es que ahora es la Juventus quien se queda fuera de Champions a falta de tan solo una jornada, donde son ahora Milan y Roma como tercer y cuarto puesto…

PRIMERA PARTE

El encuentro en el Ferraris arrancó con una intensidad altísima y contratiempos tempraneros para el conjunto genovés. Apenas en el minuto 2, el juego tuvo que detenerse debido a un fuerte golpe en el costado sufrido por Amorim, lo que encendió las alarmas en el banquillo local. A pesar del susto, el Genoa no tardó en adueñarse del esférico ante un Milan contemplativo y atenazado por la presión. Los hombres de Daniele De Rossi salieron decididos a hacer valer su condición de locales, imponiendo su ritmo desde el pitido inicial.

La propuesta táctica del Genoa desarboló por completo la pizarra de Allegri durante los primeros compases del choque. Cada vez que el Milan lograba recuperar la posesión del balón, la contra-presión y la agresividad en la marca de los jugadores locales resultaba demoledora. Los rossoneri se ahogaban en la salida, incapaces de conectar tres pases seguidos ante un rival que mordía en cada rincón del campo. El dominio territorial del “Grifone” era absoluto, obligando al “Diavolo” a replegarse en su propio campo.

El empuje del Genoa estuvo a punto de traducirse en el primer gol de la tarde cuando apenas se cumplía el minuto 8 de juego. Vitinha recibió un balón completamente libre de marca en el segundo palo, pero su disparo potente se marchó alto por muy poco ante la mirada de Maignan. Fue el primer aviso serio de un Milan que volvía a mostrar una alarmante fragilidad en las vigilancias defensivas. La zaga milanista daba preocupantes síntomas de debilidad, incapaz de contener las llegadas por las bandas del conjunto de De Rossi.

Para colmo de males en el bando rossonero, las urgencias defensivas obligaron a asumir riesgos muy tempranos en la medular. Youssouf Fofana tuvo que emplearse a fondo para frenar las acometidas locales, rozando la cartulina amarilla en una acción donde cometió falta en una zona peligrosa. Al estar apercibido de sanción, el centrocampista francés se ve obligado a jugar con el freno de mano echado durante el resto del encuentro. El Milan sobrevive como puede al asedio inicial de un Genoa que manda en el juego y en las sensaciones.

SEGUNDA PARTE

La segunda mitad en el Ferraris arrancó con el giro de guion que el Milan tanto necesitaba para espantar los fantasmas del pasado. En el minuto 48, un grave error de Amorim en la entrega fue aprovechado por Christopher Nkunku, quien anticipó de forma magistral a Bijlow provocando un claro penalti y la amonestación del guardameta local. El propio atacante francés se encargó de asumir la responsabilidad desde los once metros y, con una definición glacial, engañó por completo al portero holandés para firmar el 0-1 en el minuto 50. El tanto desató la frustración en la grada local, lo que obligó al colegiado Sozza a detener el encuentro durante cinco minutos debido al lanzamiento de bengalas y objetos al área de Maignan.

Tras la reanudación del juego, el encuentro entró en una fase de máxima tensión donde las cartulinas amarillas para Gabbia y Tomori escenificaron el paso al frente de un Genoa que buscaba el empate a balón parado. Allegri reaccionó moviendo el banquillo con inteligencia, introduciendo a Ricci, Fullkrug, Pulisic y De Winter para dotar al equipo de la frescura necesaria en el tramo decisivo. La recompensa a la seriedad rossonera llegó en el minuto 82 gracias a una espectacular combinación colectiva entre Fullkrug y Pulisic. La jugada permitió al lateral suizo Athekame acomodarse el balón en la frontal y soltar un derechazo potente e inapelable que supuso el 0-2.

Cuando el partido parecía visto para sentencia, un error de bulto de Jashari estuvo a punto de complicar la tarde, forzando una intervención milagrosa de Maignan en un mano a mano frente a Ekhator. El Genoa encontró finalmente el premio a su insistencia en el minuto 87, cuando Vásquez aprovechó una confusa carambola dentro del área rossonera tras un despeje defectuoso de De Winter para recortar distancias con la puntera. El 1-2 definitivo condenó al Milan a un ejercicio de sufrimiento extremo durante los instantes finales. El asedio del “Grifone” obligó al bloque defensivo milanista a multiplicarse para achicar balones ante el empuje desesperado de los locales.

El larguísimo tiempo de descuento, que se prolongó hasta el alarmante minuto 101 debido a los incidentes previos, se convirtió en un festival de ocasiones claras para un Milan letal al contragolpe. Rabiot, Bartesaghi y Pulisic se toparon de forma consecutiva con las intervenciones salvadoras de un Bijlow que evitó una goleada mayor. El pitido final de Sozza decretó tres puntos de oro que devuelven la sonrisa al vestuario de Allegri tras semanas de dudas. El Milan recupera la tercera plaza de la Serie A con una victoria de carácter y sufrimiento, demostrando que sigue dependiendo de sí mismo para sellar el billete a la próxima Champions League.

MI OPINIÓN

El triunfo en Génova vale su peso en oro y supone un balón de oxígeno incalculable para Massimiliano Allegri en el momento más crítico de la temporada. Tras una primera parte donde el equipo mostró las mismas dudas y la apatía de las últimas jornadas, la reacción tras el descanso demostró que este vestuario aún tiene orgullo y capacidad de sufrimiento. La victoria fue “oscura” y trabajada, de esas que no entran por los ojos pero que construyen clasificaciones, devolviendo al Milan a esa tercera plaza que da acceso a la ansiada Champions League.

El encuentro sirvió para consagrar la figura de Christopher Nkunku como el jugador más determinante y pillo del ataque en ausencia de Leão, fabricándose de la nada el penalti que desatascó el choque. Sin embargo, la gran noticia de la tarde fue el bautismo goleador de Athekame, cuyo zapato desde la frontal premió una segunda mitad notable del carrilero. En la cruz de la moneda volvieron a quedar los errores de concentración individuales, personificados en un Jashari irreconocible que regaló un balón letal y un De Winter blando en el despeje que propició el gol de Vásquez.

A pesar de los minutos finales de infarto, este Milan demostró una resiliencia competitiva que parecía olvidada en San Siro. El equipo supo ponerse el mono de trabajo en un escenario hostil, aguantando la provocación del público y el juego físico de los pupilos de De Rossi. Con el destino todavía en sus propias manos, esta victoria debe ser el punto de inflexión definitivo para afrontar las últimas finales del campeonato con una mentalidad ganadora. Quedan aspectos tácticos evidentes por pulir en defensa, pero ganar sufriendo es la mejor medicina para recuperar la autoestima de un grupo que se niega a rendirse.