El Milan otra temporada más no jugará en Champions League, gracias a la espectacular segunda vuelta de resultados desastrosos y el de hoy lo es aún más, cuando el Cagliari remonta el resultado en San Siro, una desastrosa temporada que culmina con el Milan en el quinto puesto, donde Roma y Como son los equipos clasificados a Champions… ¿hora de empezar a realizar despidos?
PRIMERA PARTE
La primera mitad en San Siro arrancó con el guion perfecto para los intereses de un Milan que necesitaba espantar las dudas desde el pitido inicial. Apenas en el minuto 2, una excelente triangulación ofensiva permitió a Santiago Giménez realizar una gran sponda de cabeza para la llegada de Saelemaekers. El belga, libre de marca y a tu per tu con Caprile, definió con total tranquilidad para desatar la locura en las gradas y poner el 1-0 electrónico. El tempranero tanto parecía allanar el camino hacia la Champions, ante un Cagliari que se vio condicionado de inmediato por la dureza del encuentro tras una tarjeta amarilla directa a Zé Pedro.
Sin embargo, el panorama idílico se desvaneció por completo debido a la incomprensible pasividad de la escuadra dirigida por Massimiliano Allegri tras conseguir la ventaja. El Milan decidió replegarse en exceso y ceder la iniciativa, lo que permitió al conjunto sardo adueñarse por completo de la posesión y adelantar sus líneas con peligro. Gaetano obligó a Mike Maignan a realizar un auténtico milagro con una mano de reflejos salvadora, avisando de lo que estaba por venir ante las facilidades concedidas por la medular local. La insistencia del Cagliari encontró el premio del empate en el minuto 20, tras un saque de esquina donde Yerry Mina bajó el balón y Borrelli anticipó a un Giménez muy blando para firmar el 1-1.
El tramo posterior al empate sumió al encuentro en una fase caótica y de máxima frustración, reflejada en el enfado del público rossonero ante la falta de ideas. El Milan dispuso de una ocasión de oro en las botas de Christopher Nkunku tras un gran servicio de Saelemaekers, pero el atacante francés no logró abrir el plato lo suficiente y Caprile desvió milagrosamente con los pies. Las imprecisiones se multiplicaron en ambas áreas, incluyendo una salida en falso de Maignan que la defensa logró subsanar in extremis y una polémica decisión arbitral de Guida, quien rectificó de forma incomprensible una falta al límite del área a favor del Milan tras las protestas de los visitantes.
Los instantes finales antes de enfilar los vestuarios mantuvieron en vilo a la parroquia milanista ante las constantes llegadas de un Cagliari muy valiente en las transiciones rápidas. Giménez volvió a desperdiciar un par de aproximaciones con disparos muy defectuosos que terminaron en la grada, evidenciando el bloqueo mental y la falta de fluidez que arrastra el equipo en los metros decisivos. Tras un último susto provocado por un remate fuera de medida de Gaetano en el descuento, el colegiado señaló el descanso bajo una sonora y merecida pitada de San Siro. Con el destino europeo todavía en juego, el Milan se marcha obligado a cambiar radicalmente su actitud en la reanudación si no quiere tirar por la borda la temporada.

SEGUNDA PARTE
La segunda mitad en San Siro comenzó con la entrada de Christian Pulisic por un gris Santiago Giménez, buscando la chispa necesaria para romper el empate en el último partido de la temporada. Sin embargo, el guion de terror rossonero se repitió en el minuto 57 tras una falta peligrosa que le costó la amonestación a Pavlović por frenar a Esposito. En la ejecución de la jugada a balón parado, Mike Maignan realizó un auténtico milagro inicial, pero la zaga milanista se quedó completamente inmóvil mirando la pelota, permitiendo que Rodríguez fusilara a placer en la ribatuta para firmar el 1-2. La frustración fue tal que el propio guardameta francés terminó viendo la tarjeta amarilla por protestar, mientras las noticias del gol de la Roma en Verona certificaban el drama: el Milan caía provisionalmente fuera de los puestos de Champions League.
Massimiliano Allegri quemó todas sus naves en el minuto 62 con un triple cambio desesperado, dando entrada a Modrić, Füllkrug y Athekame para intentar agitar a un equipo que deambulaba sin alma sobre el césped. A pesar de un cabezazo desviado de Pulisic a centro de Saelemaekers y la posterior entrada de Rafael Leão, la fluidez ofensiva fue inexistente, limitándose a una sucesión de centros imprecisos y disparos lejanos de Rabiot que se marcharon a las nubes. El Cagliari, muy cómodo en su bloque bajo, refrescó sus líneas con la entrada de Sulemana y Mendy, defendiendo con orden un resultado que les otorgaba una salvación histórica y desnudando las alarmantes carencias tácticas del conjunto local.
Lejos de presenciar un asedio milanista, el tramo final del encuentro se convirtió en un festival de contragolpes sardos que convirtieron a Maignan en el único jugador salvable de la tarde. En el minuto 73, el capitán rossonero tuvo que realizar un doble milagro consecutivo ante Borrelli y Zappa para evitar una goleada mayor, secundado poco después por Matteo Gabbia, quien salvó bajo palos un remate a bocajarro de Adopo con la defensa local totalmente batida. El Milan tuvo su única oportunidad clara en el 75′ tras una gran jugada de Leão, pero Adrien Rabiot, completamente solo en el área, remató de forma espantosa por encima del travesaño, evidenciando el bloqueo mental que atenazó al equipo en el momento de la verdad.
Los últimos minutos de la temporada se consumieron entre la impotencia de los jugadores en el campo y la tremenda pitada de un San Siro que dictó sentencia. Ni un disparo desviado de Athekame ni un remate de Bartesaghi que estrelló en su propio compañero Pavlović en el descuento lograron maquillar una actuación calificada de “indigna” por los aficionados. Con el pitido final del colegiado Sozza en el minuto 101, se confirmó la tragedia: el Milan consuma el fracaso histórico de quedarse fuera de la próxima edición de la Champions League. El estadio despidió a la plantilla con una atronadora pitada colectiva y cánticos hostiles dirigidos tanto a los futbolistas como a Gerry Cardinale y la junta directiva.
MI OPINIÓN
Lo vivido hoy en San Siro no es solo un tropiezo deportivo, es la crónica de una muerte anunciada y un fracaso institucional sin paliativos para el Milan. Entrar a la última jornada dependiendo de ti mismo y consumar la eliminación de la Champions League ante un rival muy inferior es un ridículo histórico que debe cobrarse víctimas de inmediato en los despachos y en el banquillo. La pasividad defensiva en el gol de Rodríguez es el fiel reflejo de un equipo estático, sin alma y carente del liderazgo necesario para defender una camiseta con siete Copas de Europa. Las excusas se han agotado y la gestión de Massimiliano Allegri queda completamente sentenciada tras un colapso liguero imperdonable.
La desconexión absoluta entre el equipo y la grada ha tocado un punto de no retorno en los minutos finales, con un San Siro unificado en un grito de guerra contra la plantilla, la directiva y la gestión de Gerry Cardinale. Es intolerable que en el partido más importante del año, las estrellas llamadas a marcar las diferencias como Rafael Leão salgan desde el banquillo sin morder, o que jugadores experimentados como Rabiot fallen goles cantados bajo el arco por pura falta de concentración. El Milan ha deambulado por el césped de su propio feudo como si fuera un amistoso de pretemporada, firmando un final de campaña bochornoso donde se ha tirado a la basura el trabajo de todo un año en apenas noventa minutos.
Con el Como y la Roma celebrando sus respectivos billetes europeos, al Milan le espera un verano que se presume largo, tortuoso y sumido en una profunda crisis de identidad. No entrar en la máxima competición continental supone un golpe financiero devastador que condicionará la planificación del próximo curso y obligará a replantearse la continuidad de varios pesos pesados del vestuario. Los más que merecidos pitos que han tronado en San Siro tras el pitido final de Sozza deben ser el detonante para una revolución absoluta en Milanello; este club no puede permitirse el lujo de la autocomplacencia y la mediocridad técnica mostrada en esta tarde fatídica.