Hellas Verona 0 – 1 Milan

Victoria por la mínima y gracias, el tanto de Rabiot en la primera parte afianza al club rossonero en los puestos de Champions ante las derrotas del Nápoles y Como, que es el único objetivo que les queda realmente, lo de jugar bien lo dejaremos para la próxima temporada supongo…

PRIMERA PARTE

La primera mitad en el Bentegodi comenzó con un ritmo pausado y pocas revoluciones por parte de ambos conjuntos. El Milan intentó avisar pronto con una conexión entre Rabiot y Pulisic que buscaba a Leão, pero Montipò estuvo atento para frustrar el primer acercamiento rossonero con una salida valiente. Durante la primera media hora, el juego se vio fragmentado por las interrupciones, incluyendo la lesión temprana de Oyegoke en el Verona, lo que obligó al técnico local a mover el banquillo mucho antes de lo previsto.

El equipo de Allegri fue ganando terreno a través del balón parado y la insistencia de Bartesaghi, aunque sin la claridad necesaria para inquietar seriamente la portería rival. Los intentos de Modric y el propio Bartesaghi en jugadas de estrategia se estrellaron contra la barrera o se marcharon desviados, reflejando el atasco ofensivo que sufría el equipo. El Verona, por su parte, se limitaba a defender con orden, esperando un error milanista que no llegaba ante la solidez de un centro del campo liderado por un Rabiot muy participativo.

Cuando el partido parecía abocado al empate sin goles antes del descanso, apareció la jerarquía de Adrien Rabiot para romper el cerrojo. En el minuto 41, el francés realizó un desmarque de ruptura perfecto, leyó el espacio y batió a Montipò con un zurdazo preciso tras una gran asistencia en profundidad. El 0-1 hizo justicia a la mayor intención del “Diavolo”, que lograba lo más difícil: abrir la lata en un campo siempre complicado justo antes de que los equipos enfilaran el túnel de vestuarios.

Sin embargo, el Milan se llevó un susto mayúsculo en el tiempo de descuento que sirvió de advertencia para la segunda parte. El Hellas Verona rozó la igualada tras un envío largo que dejó a Belghali mano a mano con Maignan, obligando al guardameta francés a realizar una parada salvadora para mantener la ventaja. Con este aviso final, el Milan se marcha con los deberes hechos en el marcador, pero sabiendo que el Verona no ha bajado los brazos y que cualquier despiste defensivo puede costar muy caro.

SEGUNDA PARTE

La segunda mitad en el Bentegodi comenzó con un Hellas Verona mucho más ambicioso, dispuesto a vender cara su derrota ante el conjunto de Allegri. Los locales apretaron mediante las incursiones de Belghali y los remates lejanos de Vermesan, quien obligó a Mike Maignan a realizar una gran estirada para mantener la portería a cero. El Milan, algo replegado, aguantó las embestidas iniciales intentando conservar ese valioso botín conseguido por Rabiot, mientras el técnico rossonero preparaba una revolución en el banquillo para recuperar el control del centro del campo.

Ante la falta de claridad ofensiva, Allegri decidió realizar un triple cambio en el minuto 63, dando entrada a Giménez, Ricci y Saelemaekers para refrescar el ataque y la banda derecha. La apuesta estuvo a punto de dar sus frutos en el minuto 74, cuando Gabbia conectó un cabezazo que batió a Montipò tras un gran centro de Saelemaekers. Sin embargo, el colegiado anuló el tanto por un fuera de juego previo de Santiago Giménez, dejando el marcador en un ajustado 0-1 que mantenía la tensión máxima en los minutos finales del encuentro.

El tramo final del partido se convirtió en un ejercicio de resistencia para la defensa milanista, destacando la figura de Matteo Gabbia con una intervención salvadora. En el minuto 84, el central rossonero evitó el empate con una segada providencial cuando Orban se disponía a fusilar a Maignan desde el área pequeña tras un envío lateral de Lirola. El Verona quemó todas sus naves con la entrada de Lovric e Isaac, pero se topó con un bloque defensivo muy serio que no permitió concesiones y que contó incluso con Modric robando balones clave.

Ya en el tiempo de descuento, el Milan rozó la sentencia definitiva en las botas de Saelemaekers, cuyo disparo fue sacado bajo los palos por el defensor Valentini de forma milagrosa. El pitido final confirmó una victoria “sucia”, sufrida y de vital importancia para los intereses del club rossonero en la clasificación de la Serie A. Con estos tres puntos, el Milan recupera el segundo puesto, empatando con el Napoli y ampliando su colchón sobre la zona de Champions a ocho puntos de distancia de sus perseguidores.

MI OPINIÓN

El Milan ha demostrado hoy en Verona que también sabe ganar cuando el fútbol no fluye con la alegría de otras tardes. Fue una victoria “sporca”, de esas que valen ligas, cimentada en el oportunismo de Rabiot y en un sacrificio defensivo encomiable en los momentos de mayor presión. Aunque el equipo no brilló y por momentos se vio sometido por el ímpetu del Hellas, la capacidad para sufrir y mantener la portería a cero es la mejor noticia para un Allegri que prioriza el pragmatismo.

Mención especial merecen Gabbia y Maignan; el central por su cruce salvador en el tramo final y el portero por dar la seguridad necesaria cuando el Verona apretaba desde la media distancia. La entrada de los revulsivos como Saelemaekers dio otro aire al equipo, aunque la anulación del gol de Gabbia nos dejó con el corazón en un puño hasta el último segundo. Ganar en el Bentegodi nunca es sencillo, y hacerlo sin recibir goles refuerza la moral de un grupo que necesitaba recuperar la regularidad fuera de casa.

Con el segundo puesto recuperado y una brecha de ocho puntos respecto al quinto clasificado, el Milan encara el próximo tramo de la temporada con la tranquilidad de los deberes hechos. Sin embargo, queda trabajo por delante en la fluidez del ataque, ya que depender de un solo gol siempre es una apuesta arriesgada en Italia. Hoy el “Diavolo” sonríe, pero la exigencia de San Siro obligará a mejorar la precisión en los metros finales para no volver a sufrir tanto en partidos que, por volumen de juego, podrían cerrarse mucho antes.