Rúben Amorim será el nuevo entrenador del Milan. El acelerón de las últimas horas ha sido decisivo: el club rossonero ha presentado la propuesta al técnico portugués, quien la ha aceptado. Tras esto, ha llegado también el sello definitivo por parte de Cardinale. Acuerdo alcanzado sobre la base de un contrato de dos años a razón de 3,5 millones de euros por temporada, con opción a un tercer año, más bonus por la conquista de trofeos y la clasificación para la Champions League. El técnico de Lisboa volará a Italia entre hoy y mañana para plasmar su firma en el contrato con el Diavolo. De este modo, el entrenador luso renunciarà al año de sueldo que tenía acordado con el Manchester United, club que lo había destituido en enero, pero con el que mantenía un vínculo contractual hasta el 30 de junio de 2027.
Ex-centrocampista de la selección portuguesa, con dos Mundiales a sus espaldas, Amorim tiene apenas 41 años, pero ya sabe lo que es ganar desde el banquillo. En 2021 guio al Sporting de Lisboa a conquistar el título de liga portuguesa tras 19 años de sequía, un triunfo que repitió al año siguiente. Tras dejar Lisboa en noviembre de 2024 rumbo a Mánchester, no logró repetir el éxito en Inglaterra. Ahora se le presenta esta nueva oportunidad en el Milan. Con Amorim, Gerry Cardinale completa la primera casilla que había quedado vacante tras el desmantelamiento de la directiva provocado por la no clasificación para la Champions.
Una vez cerrado el entrenador, la próxima pieza del puzle debería ser el director técnico, posición en la que Markus Krösche cuenta con una clara ventaja. Krösche querría traer consigo a su hombre de confianza, Timmo Hardung, como director deportivo. Ambos directivos —actualmente en el Eintracht de Fráncfort— se encuentran en negociaciones muy avanzadas con el Diavolo. Llegados a ese punto, al Milan solo le quedaría por definir el nombre del nuevo consejero delegado (Ceo).
¿AMORIM ES UN GRAN ENTRENADOR O ALGUIEN PEQUEÑO?
¿Rúben Amorim es un técnico pequeño o grande? El dilema del Milan depende de un contexto capaz de encumbrarlo o triturarlo
No existen solo los dos extremos, pero, utilizándolos, es más fácil sintetizar: ¿Rúben Amorim es un entrenador pequeño o un gran entrenador? La respuesta depende del momento en que se plantee la pregunta. Hace dos años, el técnico portugués estaba en boca de todos, en pleno hype absoluto tras las dos ligas ganadas con el Sporting de Lisboa en la Liga Portuguesa: si el Milan, que lo había sondeado a través de Geoffrey Moncada, lo hubiera contratado entonces, habría sido uno de los traspasos más aclamados del verano, desatando el entusiasmo más absoluto de toda la afición.
Sin embargo, la experiencia en el Manchester United ha cambiado casi por completo la opinión sobre el técnico nacido en 1985: un desastre, un fracaso —considerando las expectativas y el dinero gastado— tanto desde el punto de vista técnico-táctico (dejó al equipo en la sexta posición con 31 puntos, a solo tres de la cuarta plaza ocupada por el Liverpool, tras perder una final de la Europa League contra el Tottenham) como en la gestión del vestuario, con los pesos pesados del grupo enfrentados al propio entrenador.
Como parte de su disculpa se puede decir que en el Manchester United, en la era post-Ferguson, las cosas han ido así para la mayoría —por no decir todos— los entrenadores que se han sentado en el banquillo de Old Trafford. El problema es que en el Milan se va a encontrar con problemas similares, si no peores. Y este es el principal signo de interrogación sobre la elección de Amorim —quien es el que más se acerca al “modelo Fàbregas” citado por el propietario y posee además ideas de fútbol potencialmente muy interesantes— o sobre cualquier otra elección que hubiera hecho la directiva de Vía Aldo Rossi (este mismo discurso se aplicaría también si hubieran traído a Ancelotti, Klopp o Guardiola, ojo): ¿En qué contexto va a trabajar? ¿Cómo podrá intentar expresar su idea de fútbol? ¿Estará respaldado por la propiedad y por el club? ¿Se le escuchará en materia de mercado de fichajes?
Para saber si este Rúben será un Amorim pequeño o grande, es necesario que no le rompan las pelotas [i baglioni], sino que, desde Cardinale hasta Ibrahimović, pasando por los futuros dirigentes deportivos (ya sea Krösche con Özek o con cualquier otro fantasmagórico mago de los datos), todos le echen una gran mano. De lo contrario, es un desastre anunciado.

KROSCHE DEBERÍA SER EL SIGUIENTE
A tres semanas exactas de la purga del área deportiva —el lunes negro del club, que pasó a la historia por la cuádruple decapitación simultánea, fue el pasado 25 de mayo—, el Milan arranca de nuevo, volviendo a completar algunas de las casillas que habían quedado vacías. El fin de semana que acaba de concluir ha sido el que ha devuelto al Diavolo un entrenador —siendo Amorim el ganador del largo casting— y está a punto de restituir al club el grueso de su directiva: se ha alcanzado, de hecho, un acuerdo con Markus Krösche, de 45 años, actual director técnico del Eintracht de Fráncfort. Ahora falta el segundo escollo para cantar victoria: el club alemán debe liberarlo, ya que tiene un contrato en vigor hasta 2028. Debería ser cuestión de días.
Su nombre figuraba en la lista rossonera de perfiles del agrado del club desde hacía tiempo y había cobrado fuerza de inmediato tras la fumata negra con Rangnick. Por lo tanto, el Milan se queda en Alemania para su reedificación. Krösche es un dirigente particularmente hábil a la hora de identificar y valorizar talentos, puliéndolos en casa y transformándolos en potenciales plusvalías. Una filosofía que agrada especialmente en las altas esferas de RedBird, aunque menos a ojos de los aficionados: el divorcio con el Eintracht se vería facilitado por una relación que ya no es óptima con una afición muy particular y exigente.
Krösche vendría en calidad de director técnico y se traería consigo a Timmo Hardung, su histórico brazo derecho, para ejercer las funciones de director deportivo (quien también debe alcanzar un acuerdo para liberarse de la entidad alemana). Un tándem particularmente compenetrado; en Alemania se les considera los Rey Midas de las plusvalías. ¿Algunos nombres? Ekitiké, Pacho, Kolo Muani, Lindstrøm y Marmoush en Fráncfort, y antes en el Leipzig, Nkunku y Dani Olmo.
Digamos que la escuela, la corriente de pensamiento y las modalidades de gestión son las de Rangnick y el universo Red Bull, con quien rozó [coincidió en el relevo] en el Leipzig en 2019 (Krösche entrando y Ralf saliendo). Y es precisamente en el Leipzig donde se forja su alianza con Hardung, con quien posteriormente se trasladó a Fráncfort en 2021. En el club rossonero, por tanto, ambos mantendrían las dinámicas actuales, y es superfluo subrayar que Krösche ya ha dado su nombre [visto bueno].
Dos consideraciones para cerrar. La primera es decididamente positiva: con Amorim y Krösche, el Milan —aunque con un gran retraso— podrá finalmente ponerse manos a la obra en clave de mercado, dado que ninguno de los dos está comprometido con el Mundial. La segunda es un interrogante: tanto el entrenador como los dirigentes, además de ser todos nuevos, no conocen las modalidades ni los engranajes del fútbol italiano. Será necesario que todo marche siempre sobre ruedas.