El primer tiempo del Olímpico contra la Lazio está destinado a dejar huella en la temporada del Milan. Tras cuatro partidos de Serie A no es el momento de las decisiones definitivas, de los jugadores apartados o del “dentro o fuera”, pero Amorim entendió el sábado que el proceso que llevará al Diavolo a jugar el fútbol que él quiere debe ser acelerado. Y esto solo puede suceder a través de decisiones importantes bajo el perfil técnico-táctico.
No llegarán todas juntas ya el miércoles contra el Benfica, pero la transformación estará ahí. Es solo cuestión de tiempo. El Milan del inicio del segundo tiempo contra la Lazio era muy similar, en hombres y principios de juego, al que el entrenador portugués tiene en mente y que hasta ahora se ha visto de forma intermitente. He aquí por qué hace falta una aceleración, posible solo utilizando los elementos más adecuados al 3-4-2-1. No siempre las sustituciones podrán arreglar las cosas (como en Roma) o ayudar a desatascar el partido (como con Torino, Venezia y Juve).
La principal novedad en el Milan ideal de Amorim estará en la mediapunta: Loftus-Cheek en ese rol no funciona porque su fútbol está hecho de percusiones balón al pie, duelos físicos y… largas pausas. Por detrás de Ramos, Amorim quiere dos jugadores técnicos, que dialoguen en corto para favorecer la filtración de pases para el delantero centro. Gonçalo, buscado solo con centros desde la mediapunta, se entristece. En el Olímpico, con ganas y rabia, Pulisic hizo entender que está listo para recuperar su sitio.
A su lado Cissé ya ha demostrado estar a la altura con dos tantos en los primeros cuatro partidos oficiales, pero atención a Hutchinson, que el sábado se presentó con un disparo desde fuera parado por Mandas y un par de regates: si vuelve a los niveles de hace dos temporadas, su candidatura para jugar en el centro-derecha se volverá sólida. ¿Tendrá una oportunidad desde el inicio ya el miércoles? También Saelemaekers puede hacer de mediapunta como en las primeras jornadas, pero su sitio parece más amplio.
Llegamos a los laterales del centro del campo: Chukwueze y Moreira son muy ofensivos, pero con ellos el Diavolo cambió de cara. Mérito sobre todo del belga, pero está claro que en la óptica de un Milan que asfixia a los rivales en su mitad del campo, dos extremos ofensivos vienen bien. Luego está claro que no en todos los encuentros será posible utilizarlos juntos y en esta óptica las dificultades a la izquierda de Estupiñán y las pocas ocasiones concedidas a Bartesaghi (más hábil para incorporar que para defender) hacen pensar que Saelemaekers pueda volver a ser útil a toda banda: cuando Moreira sea desplazado a la derecha, el ex de la Roma irá a la izquierda para tener dos laterales a pie cambiado, capaces de poner al centro balones en rosca tras recortar hacia el interior.
En el Milan actual Musah es imprescindible. No solo porque en Roma cambió el partido, sino también porque lo había hecho bien en los tres encuentros anteriores. Rabiot en versión mediocentro, como en la Francia del Mundial, ha gustado más respecto a cuando fue usado como mediapunta físico. En el corazón del Diavolo estarán ellos dos, dando por sentado que la rotación será de cuatro, con Jashari y Modrić: sobre todo el croata será utilizado en los partidos en los que los rossoneri tengan más control del balón. Amorim ha sido claro: no se le pedirá más extenuarse en una presión hiperofensiva.
La defensa es el compartimento que necesita menores cambios porque Gila, De Winter y Pavlović a nivel de fisicidad y agresividad dan ya lo que el técnico pide. Gabbia dará respiro en la Serie A al belga; Tomori permitirá a Gila tomar aire en la Europa League. Diawara esperará una oportunidad, dando por sentado que como marcadores en los tres de atrás están también Filippo Terracciano y Bartesaghi.
Hasta ahora Amorim ha cambiado pocos elementos de un partido a otro (cuatro relevos del Venezia a la Juventus) porque ha tenido siempre cuatro días de descanso entre los encuentros. Los habrá también esta semana entre Lazio, Benfica y Lecce. En octubre, en cambio, se jugará incluso tras menos de 72 horas: ojo a las rotaciones más acentuadas, pero siempre con los principios de juego de Amorim en el centro. Tras el sábado es difícil volver atrás.