Comenzará mañana por la noche la escalada rossonera en la Europa League. Será también una copa menor, pero no para el Milan de este año: en permanente reestructuración, el equipo tiene el potencial para competir por la victoria. Si en el campeonato, a juicio de los expertos, los rossoneri no están aún estructurados para el scudetto, en la copa pueden interpretar un papel de protagonistas. El camino que para los finalistas se concluirá el próximo 26 de mayo en Fráncfort, empezará en San Siro contra el Benfica, rival considerado entre los mejores del torneo.
La copa está objetivamente al alcance, y si el camino parece al principio accidentado y poco estimulante (a parte de excepciones como la de mañana por la noche, contra un rival de primera fila) es al avanzar cuando cobra interés, y dinero. El Milan que en la Serie A ya está obligado a perseguir, quiere empezar fuerte en Europa y asegurarse cuanto antes los octavos de final: deberían ser suficientes quince-dieciséis puntos. Europa probará al nuevo Milan también en el plano del juego: la elección veraniega de Amorim fue en función de un equipo más ofensivo y descarado, más cercano al fútbol internacional. Entre el entrenador y el Benfica hay ya trece antecedentes, el primero cuando el portugués estaba en el banquillo del Braga, los otros como técnico del Sporting: seis victorias, cuatro derrotas, tres empates.
El rendimiento en la Serie A lo había visto partir a toda velocidad, seis puntos entre Torino y Venezia, para luego frenar en los dos empates con Juventus y Lazio. Un frenazo en el plano del juego, de la intensidad y de la agresividad competitiva: por esto, más que los resultados en sí, los últimos partidos han planteado dudas. La Europa League ofrece por tanto también una ocasión de pronta revancha. Tiene su función en el corto plazo, y en óptica futura: el trofeo no ha sido levantado nunca, sigue siendo el único que falta en la rica vitrina rossonera.
El antecedente más reciente es el de la temporada 2023-24 con el equipo entonces derrotado por la Roma en cuartos de final: fue la eliminación que de hecho marcó el fin del Milan de Pioli. La misma copa puede en cambio ser un trampolín de lanzamiento para Amorim: si en Italia hará falta tiempo para que el grupo se estructure de la mejor manera, y anule las contraofensivas tácticas de los rivales, es precisamente en Europa, contra equipos que conceden más espacios, donde el nuevo Milan puede poner en valor sus propias cualidades. Nada de rotaciones ni experimentos, la Europa League no es la alternativa al campeonato, sino un camino a llevar adelante en paralelo: jugarán los mejores, con alguna necesaria excepción (Modrić) ligada a la gestión de las fuerzas.
A la espera del regreso a la ciudad de Cardinale, ayer el propietario envió a Milanello a quien había definido su alter ego, su voz en Milán: Zlatan Ibrahimović. Era finales de febrero de 2024 y desde entonces las dinámicas en el interior del club han cambiado y mucho, especialmente en el último periodo: si Gerry es ya una presencia fija, a Zlatan no se le veía por el campo de entrenamiento del equipo desde hacía más de seis meses. Ayer el Senior Advisor de RedBird se reunió con Rúben Amorim y el equipo, quedándose también para seguir la sesión en directo pero sin quedarse luego a almorzar.
Cardinale volverá en cambio el domingo por la noche, cuando el campeonato proponga el duelo interno ante el Lecce: él más que nadie, tras un verano de inversiones millonarias, cree y espera en el primer trofeo internacional de su propia gestión. Sucedió a Elliott en el verano de 2022, tras haber celebrado el scudetto en la Piazza Duomo mezclado con los aficionados. Al frente del club ha ganado una Supercopa Italiana con un portugués en el banquillo (Conceição), fuera de las fronteras llegó hasta la semifinal de la Champions League 2023, eliminado por el Inter en una de las tantas decepciones de derbi de esa temporada.
Para hacer aún más cargado de significado el debut europeo he aquí que San Siro se presentará con un marco a la altura de la situación: se esperan más de sesenta y cinco mil espectadores, incluidos los más de cuatro mil portugueses que siguen al Benfica. No será la Champions, pero podrá ser de todos modos una gran noche.

SALVEN AL SOLDADO RAMOS
Un tiro (fuera) en los últimos dos partidos. La minicrisis de Gonçalo Ramos está fotografiada por un dato preocupante para un delantero centro. Porque a menudo se dice que un atacante no tiene un verdadero problema si falla goles, mientras las ocasiones existan. En el caso del portugués del Milan, sin embargo, lo que ha faltado han sido precisamente las oportunidades, al menos contra la Juventus y la Lazio. Y entonces sí, hay algo que no va bien.
En las dos primeras con el Torino y el Venezia, de hecho, Ramos había disparado a puerta en 13 ocasiones, encontrando su primer gol rossonero contra los venecianos en San Siro, por cierto en un partido en el que había rematado en ocho ocasiones, afinando la puntería entre los tres palos en tres. Cierto es que el nivel de los rivales influye. Pero la lectura táctica es clara: si al Milan le cuesta acompañar la jugada de ataque, como contra la Signora o en la primera parte del Olímpico, Gonçalo se ve obligado a bajar y tiene pocos balones útiles cerca de la portería rival. En el Stadium con la Juve, por ejemplo, el portugués tocó a duras penas un balón en los últimos dieciséis metros. Difícil así entrar en la lista de goleadores.
Por otra parte, Ramos no es un goleador puro. En el área sabe lo que hace, entendámonos, pero en su repertorio hay amplio espacio para jugadas que ayudan al equipo también en las otras zonas del campo. El riesgo, sin embargo, es que por demasiado sacrificio el portugués termine por pensar más en el bien común que —egoístamente— en su propio botín personal. El único gol en cuatro partidos ya ha alimentado las críticas, porque el peso de los 70 y tantos millones gastados en verano por el Diavolo se hace inevitablemente notar y pensar en juzgar a un número “9” sin partir de los goles es complicado.
Así, Rúben Amorim tendrá que estudiar el modo de dar a Gonçalo las oportunidades de marcar. Usando en la mediapunta futbolistas más adecuados al diálogo en corto y al último pase, por ejemplo. Pulisic, Saelemaekers y Hutchinson pueden ser una solución. Así como en los extremos apostar por la opción superofensiva con Chukwueze y Moreira en el campo contemporáneamente puede echar una mano al delantero centro de la selección portuguesa. «Gonçalo mejorará —declaró el técnico rossonero tras el partido con la Lazio—, pero se trata de llevar más jugadores cerca del área. Podemos tener mucha posesión, pero si estamos lejos del área para Ramos es más difícil».
Desde el punto de vista psicológico, en cambio, la motivación podría llegar con el duelo de mañana contra “su” Benfica, el equipo que lo lanzó al fútbol de máximo nivel siendo muy joven. En Lisboa Ramos vivió su mejor temporada a nivel goleador, alcanzando en la 2022-23 la cifra de 27 tantos entre copas y campeonato y convenciendo así al PSG para llevarlo a París. Allí donde el Milan lo rescató en verano tras las dos Champions ganadas como “suplente” de lujo con Luis Enrique. Ahora, por primera vez en su carrera, probará la sensación de jugar contra su pasado. Y quién sabe si no le será útil para reencontrar la confianza con el gol.
PROYECTO NUEVO ESTADIO: FINALES DE OCTUBRE
Aún no hay una fecha oficial, pero cobran fuerza los rumores según los cuales antes de finales de octubre debería revelarse finalmente el render del nuevo San Siro, encargado a los estudios Foster+Partners y Manica, los mismos que diseñaron el nuevo Wembley en Londres. Algunas informaciones, de todos modos, ya han circulado públicamente: el nuevo recinto tendrá 71.500 asientos, de los cuales más de 13 mil serán premium, y según los planes debería estar listo en 2032.
Una vez terminado, el nuevo San Siro tendrá un valor estimado en 2.149 millones de euros, al menos según el informe económico de viabilidad. No solo el estadio, naturalmente. En el proyecto están previstos oficinas, hoteles, espacios comerciales y mucha zona verde. Actividades que según el Inter y el Milan podrían rendir 418 millones. Y una vez construido el estadio, vendidos los nuevos edificios y restados todos los costes, la maxioperación inmobiliaria debería garantizar a los clubes una plusvalía de 265 millones.
Obviamente, hay que hacer cuentas con los plazos. Para estar terminado en 2032 (a tiempo, es decir, para la Eurocopa), las obras deben arrancar en la segunda mitad de 2027, según la propuesta delineada en marzo por la sociedad Stadio San Siro SpA en el plan de ejecución que debe ser aprobado por el Ayuntamiento y luego pasar por el escrutinio de la Región para el proyecto de viabilidad técnico-económica. La sombra sigue siendo siempre la del frente judicial: en las próximas semanas se espera la sentencia del TAR sobre los recursos presentados por los comités, mientras que a nivel penal sigue abierta la investigación por el delito de alteración de subastas (turbativa d’asta).