Hace siete años llegaba a Milán un chico casi desconocido de apenas veinte años, pelo corto y una de esas sonrisas que iluminan la habitación incluso antes que el campo. “Me gusta dar asistencias, pero marcar goles forma parte de mi bagaglio técnico. Es importante echar una mano y jugar para el equipo, no soy individualista”. Así se presentaba Rafa Leão en su primer día como milanista.

Si hubiera tenido una bola de cristal, probablemente la habría devuelto al remitente: era imposible prever todo lo que sucedería en los siete años siguientes. Juicios revocados, expectativas estelares, críticas feroces, exaltaciones repentinas. Desde aquel primer gol a la Fiorentina en 2019 hasta el cierre de sus redes sociales en 2026 tras la enésima tormenta de silbidos y comentarios mordaces. Una vida rossonera vivida en una montaña rusa. Hemos elegido nueve episodios —buenos y no tan buenos— para contarla.

Rafa Leão solo necesitó cuatro partidos para convertirse en un ídolo de la hinchada rossonera. Es 29 de septiembre de 2019 y todavía estamos en la época tragicómica de Marco Giampaolo. El Milan pierde 3-1 en San Siro contra la Fiorentina y el gol del honor, en el minuto 80, lo marca el chico de Almada: un eslalon entre los jugadores de la “Viola” y un zurdazo al ángulo.
“¿El gol? Fue un momento de fantasía, no tenía nada que perder. Fue una jugada instintiva”. Instinto, es cierto, pero también talento, capacidad de regate y técnica en espacios cortos. Un gol —el primero en Serie A para Leão— que, inevitablemente, hace siete años ya había empezado a disparar las expectativas de aficionados y expertos.

El primer gran hito de la carrera de Rafa Leão llega en el año del Scudetto con el Milan, temporada 2021-22. Once goles y diez asistencias en 34 partidos de Serie A y un título de MVP del campeonato al final del año. Leão, en aquel momento, era el líder técnico de Pioli.
En cuanto agarraba el balón, ponía la sexta marcha y no se detenía. Marcaba de volea, de derecha, de izquierda, arrancando desde atrás: en definitiva, de todas las formas posibles. Y, lo más importante, era decisivo: a la Fiorentina y al Atalanta les marcó dos goles que allanaron el camino del Milan hacia su decimonoveno tricolore, pero en general fue un campeonato de gran continuidad de rendimiento para Rafa.

El mejor año de Leão con la camiseta del Milan está ligado a la temporada 2022-23, sellada con una prestigiosa semifinal de Champions League, perdida con estrépito ante el Inter. Ese año, Leão se confirma como el motor de Pioli: 16 goles y 15 asistencias entre todas las competiciones.
En Champions solo marcaría un gol —al Dinamo de Zagreb en la fase de grupos—, pero resultaría decisivo con dos asistencias en los cuartos de final contra el Nápoles. En la ida, ganada 1-0 en San Siro, regaló el balón decisivo a Bennacer. En la vuelta, se “llevó de paseo” a media defensa del Nápoles —arrancando casi desde el centro del campo— antes de servirle el gol en bandeja a Giroud para un tap-in a puerta vacía. Ciento ochenta minutos que consagraron a Leão, en aquel momento, como uno de los talentos más prestigiosos de Europa.

Como premio a su gran temporada, el 2 de junio de 2023 —tras un largo culebrón— Leão renueva su contrato con el Milan hasta 2028 (7 millones al año, bonus incluidos vinculados al rendimiento). “Renuevo y soy feliz, quería hacerlo desde hace mucho tiempo, esperamos hacer grandes cosas en el futuro”.
En el acuerdo se incluye también una cláusula de 175 millones de euros, válida por un año. Spoiler: nadie se presentará jamás por las oficinas de Via Aldo Rossi en los 365 días siguientes (la cláusula expiró a la medianoche del 15 de julio de 2024).

El 5 de mayo de 2024, el Milan empata 3-3 en San Siro contra el Genoa. El campeonato estaba en sus últimos compases y la temporada del “Diavolo” ya no tenía nada que decir (acabaría segundo, a -19 del Inter campeón). Leão —pese a una temporada de 15 goles y 14 asistencias— estaba viviendo un periodo complicado tras las feroces críticas recibidas por la eliminación del Milan en cuartos de la Europa League ante la Roma. Fueron dos partidos en los que Leão estuvo muy por debajo de su potencial.
En aquel fatídico Milan-Genoa, Pioli lo sustituye en el minuto 67 con el “Grifone” ganando 2-1. En el momento del cambio, se ve a un Rafa desconsolado, con la cabeza baja y sin dirigir ni una palabra al banquillo. Todo esto mientras San Siro lo acompaña con silbidos ensordecedores. “No está en su mejor momento físico. Lo sustituí porque estuvo muy poco dentro del área. En eso Okafor fue más eficaz”, explicaría Pioli ante los micrófonos.

La temporada 2024-25 no será recordada por mucho tiempo por los aficionados del Milan. Octavo puesto en el campeonato, eliminación en los playoffs de la Champions, derrota en la final de la Coppa Italia y solo la Supercopa Italiana para endulzar —en una parte mínima— un año de horror. Una temporada que para Leão comienza con un problema: Paulo Fonseca. Su relación nunca despegará; al contrario, terminará antes de empezar.
En la tercera jornada, el Milan empata 2-2 en casa de la Lazio, con Theo y Leão partiendo inicialmente desde el banquillo por motivos disciplinarios tras la derrota en Parma. Alrededor del minuto 73, el árbitro llama al habitual cooling break y los equipos, como es tradición, se reúnen en la banda.
En el Milan, Theo y Leão se quedan apartados en el lado opuesto del campo. Beben, intercambian dos palabras y observan a sus compañeros desde lejos. Un episodio que marcará negativamente el resto de su temporada. Theo volaría después a Arabia Saudí; Leão se quedaría en el Milan, pero con una reputación decididamente distinta.

Es difícil ver a un jugador aceptar con alegría su salida del campo, a menos que se haya quedado sin gasolina. En el último Lazio-Milan —ganado por los blanquicelestes 1-0 y que, de hecho, apagó las esperanzas rossoneras de pelear por el título—, Rafa Leão tiró de capricho en el momento en que la tablilla luminosa marcaba en rojo su número en el minuto 67.
El portugués se dirigió hacia el banquillo protestando de manera estrepitosa ante Allegri, quien intentó abrazarlo para consolarlo. Un Leão furibundo, tanto que obligó a Maignan a abandonar la portería y correr hasta el centro del campo para intentar animarlo.

A día de hoy, Leão tiene un problema: no marca desde hace dos meses. En medio de todo esto, sigue siendo el máximo goleador del Milan. Paradojas de la vida. El domingo pasado abandonó el campo entre los silbidos de San Siro tras otra actuación opaca de la temporada. En un duelo directo contra la Juventus, era lícito esperar algo más; al menos a nivel de carácter, dadas las evidentes dificultades tácticas que no dependen de él.
En el momento de salir del terreno de juego para dejar su sitio a Nkunku, gran parte de San Siro lo abucheó. Nada que ver con los silbidos recibidos contra el Udinese dos semanas antes, donde Rafa fue casi el blanco principal del público, influenciado inevitablemente por un resultado pesado (0-3).

El cierre del círculo llegó ayer, tras el empate contra la Juve. Leão ha decidido tomarse un descanso de las redes sociales, cerrando su perfil de Instagram, la plataforma que hasta ahora utilizaba para narrar su vida entre el fútbol, los amigos y el rap.
Un gesto fruto del momento, el más complicado desde que está en el Milan. Su ciclo parece haber terminado y, en verano, Rafa se prepara para vivir unos meses intensos: tanto porque tiene un Mundial por jugar y un futuro por definir.













