Luka Modrić quería despedirse con una ovación en pie y la tuvo, aunque los aplausos sonaban extraños y al “Maestro” le costaba responder. Modrić cerró su primera temporada rossonera tras un choque de cabezas con Locatelli en el que Luka se llevó la peor parte: fractura del pómulo izquierdo. Ver a un ex Balón de Oro que, a sus cuarenta años, pelea con tal ímpetu a diez minutos de un Milan-Juventus paupérrimo en emociones, logró encender al público de San Siro.
Modrić, obligado a retirarse, fue cubierto de aplausos y acompañado fuera por el cántico que Maradona hizo célebre: “Sai perché mi batte il corazon, ho visto Luka Modric”. Él, con paso incierto y visiblemente aturdido, abandonaba el campo cubriéndose la cara. Pese al dolor, siguió el partido hasta el final con una bolsa de hielo presionada sobre su pómulo ya inflamado.
No es así como Modrić quería dejar San Siro y a los milanistas, pero la lesión que lo ha dejado fuera de las últimas cuatro jornadas de liga podría, al final, haber alargado su vida rossonera. No es solo una cuestión de despedidas; Luka ha quedado impresionado de nuevo por el afecto del equipo y del club (que le visitó en la clínica La Madonnina). Otros dos factores están encajando a su favor: la permanencia de Allegri en el banquillo y la clasificación para la Champions.
Con Max la sintonía es excepcional, y no solo porque Modrić ha dirigido el juego durante más de 2.000 minutos, algo que no ocurría desde hace cinco años: sus 2.788 minutos actuales son definitivos. En la temporada 20-21, Luka jugó 2.743 minutos en Liga, descendiendo en los años posteriores. Existe una consideración mutua que va más allá de lo técnico. En el horizonte se vislumbra la Champions, que Luka desea fervientemente jugar como rossonero.
La prolongación del contrato está cerca; para renovar las promesas solo falta que Luka diga: “Sí, quiero”. No hay acuerdos nuevos que negociar: existe una cláusula que permite al club ampliar el vínculo una temporada más, con el salario y las primas ya definidos el verano pasado. Sin embargo, el Milan solo activará dicha cláusula con el permiso del campeón.
Para despejar cualquier duda, habrá que esperar probablemente a que pase el Mundial, donde Modrić será un habitual: será su quinta participación tras 2006, 2014, 2018 y 2022. Será el momento en que Luka ponga a prueba sus condiciones físicas reales y la motivación necesaria para otro campeonato de Serie A y el esfuerzo de la Champions; por ahora, nada parece desanimarlo.
La única tentación podría ser un regreso a Croacia. Desde hace casi veinte años, tras pasar por Inglaterra, España e Italia, Luka no ha vuelto a la liga croata. Dejó el Dinamo de Zagreb en 2008 por el Tottenham. El Dinamo estaría encantado de recibirlo: el club tiene hoy un presidente especial para Modrić, Zvonimir Boban, a quien Luka debe su fe milanista. La admiración por Boban le hizo acercarse al Milan desde niño, y el deseo del ex campeón de llevarlo de vuelta a casa ejerce cierto atractivo.
Aun así, hoy es más fuerte la voluntad de cerrar el círculo de su carrera de otra forma: Modrić se enamoró del Milan viendo a Boban vestir la camiseta rossonera en Europa, y ahora es Luka quien quiere representar esos colores en la Champions. Otras soluciones, como Arabia o EE. UU., no están entre sus aspiraciones.
Es probable que si, por sorpresa, Modrić decidiera dejar Milán, lo hiciera para la última ovación de su increíble historia deportiva. O Milan o retirada del fútbol; San Siro se convertiría en el teatro de su aplauso final, tal como sucedió con Ibra en la temporada 22-23. En una sola temporada, Modrić se ha ganado a todos: público, equipo y club, siendo descrito como un campeón humilde y gentil. Acompañado por su familia tras la cirugía, cuenta también con el apoyo de todo el Milan. En sus promesas de matrimonio, listas para renovarse, sigue escrito: “en las buenas y en las malas”.
ALLEGRI: REUNIÓN CON LA DIRECTIVA
Un encuentro más, sin que las paredes de Casa Milan hayan temblado. Al contrario: la reunión entre Max y la dirigencia rossonera ha sido una nueva cita para devolver al Milan del futuro unas bases cada vez más sólidas. Así, con un ligero cambio de programa, no fueron los altos mandos del club quienes visitaron a Allegri en Milanello, sino que el entrenador fue recibido ayer por la tarde en Casa Milan. Fueron tres horas de debate, de cuatro a siete de la tarde, con Max saliendo el primero, sonriente pero silencioso. Obviamente: no es momento de proclamas.
No ha sido el primer encuentro, sino uno de tantos de una larga serie que se ha intensificado en el último periodo. Al fin y al cabo, estamos en la fase clave de la programación futura: el mercado (aunque los participantes nieguen haber hablado de ello), las estrategias y el final de temporada que debe certificar la Champions. Es el pilar sobre el que se asienta todo el negocio: solo con los ingresos de la Europa más noble podrá el Milan permitirse fichajes de cierto nivel.
Esto es vital tanto desde el punto de vista económico como técnico: los grandes jugadores quieren exhibirse en los grandes torneos. Por ello, Allegri pide que el nuevo grupo se enriquezca con futbolistas de experiencia internacional y personalidad reconocida. Goretzka, por poner un ejemplo, cumple con ese perfil.
El mensaje que se filtra es que en este, como en otros puntos, hay una amplia concordancia de opiniones. No existen facciones internas enfrentadas, sino una voluntad compartida de estructurar un Milan lo más competitivo posible. Allegri ha sido la garantía de la remontada en el campeonato y pide, legítimamente, tener las herramientas necesarias para escalar posiciones también en Europa. El club sabe que debe complacerlo, aunque los límites del presupuesto están aún por definir y todos deben responder a las directrices de la propiedad.
La otra versión que sale de Casa Milan es que en la reunión de ayer se habló de la simple gestión cotidiana del grupo ante las próximas y decisivas citas ligueras. Es posible: es en el presente donde el Milan se juega un gran futuro. Los encuentros continuarán en los próximos días y podrían ser semanales o incluso más frecuentes. Es difícil creer que el nuevo Milan no vuelva a empezar desde aquí: desde Max, Tare y Furlani.















