Sostenía Oscar Wilde que el cinismo es el arte de ver las cosas como son, no como deberían ser. El Milan de Massimiliano Allegri no ama mirarse al espejo como Dorian Gray, prefiere ir al grano. Ver las cosas como son, precisamente: en el fútbol gana quien marca, sin demasiados adornos o discursos sobre el mérito. El técnico livornés se lo ha enseñado rápido a los suyos, transformando al Diavolo vacilante de la pasada temporada en el equipo más despiadado de la Serie A.
En nada menos que doce ocasiones de diecisiete partidos de liga ha encontrado el gol en su primer tiro a puerta, teniendo en cuenta también el tap-in de Pulisic en el derbi tras un rechace defectuoso de Sommer (era la misma jugada). A veces el Milan sufre, a menudo empieza pausado, para luego golpear en la primera aceleración. En este sentido, la última salida en Cagliari es el manifiesto propagandístico de “Max el Cínico”: primeros 10-15 minutos para dejar consternados a los puristas, luego poco a poco la remontada, la ventaja de Leao y el control del partido con seguridad para meter los tres puntos en la maleta.
Un guion visto varias veces en la temporada, aunque con las debidas variantes. Allegri ha dado al Milan una mentalidad ganadora, partiendo de la solidez de la defensa y pasando luego a la concreción en ataque. También aquí hay números que explican bien qué ha cambiado. Christian Pulisic, por ejemplo, se ha convertido en el jugador más preciso en el tiro de la Serie A: 22 remates, 17 a puerta, 8 inflando la red. Pero incluso Rafa Leao es más eficiente que nunca: 34 tiros, 23 a puerta, 6 goles. Nada de florituras en la banda; a cambio, una concreción desconocida hasta esta temporada.
Como se ha dicho, la base de partida era devolver certezas al equipo empezando por la fase defensiva. En nueve partidos de liga los rossoneri han mantenido su portería imbatida. Y no por casualidad, cinco de las once victorias del Milan en la Serie A han llegado con el más clásico de los marcadores “allegrianos”: 1-0 y todos a casa. Además, ocho de once son los éxitos por un solo gol de diferencia. He aquí la diferencia con la temporada pasada: reside sobre todo en saber ganar los partidos “a medias”, esos que con un ápice de atención más o menos terminan de un lado o del otro.
Porque en la 2024-25 las porterías a cero habían sido apenas una menos y los goles recibidos solo cuatro más, pero el Milan en los “partidos sucios” solía perderse. Todo esto se traduce hoy en once puntos más en la clasificación a igualdad de encuentros (17 en 18 jornadas, ya que también en la 2024-25 el Diavolo debía recuperar un partido, el de Bolonia aplazado por el mal tiempo). En definitiva, la mano de Max no se ha limitado a dar un mayor equilibrio táctico, sino que ha afectado sobre todo al aspecto mental. Aunque una gran ayuda le ha llegado al entrenador por parte de un par de fichajes nada malos.
Hablamos, naturalmente, de Luka Modric y Adrien Rabiot. El croata es uno de los jugadores en activo con más trofeos en sus vitrinas, además de un campeón resiliente al paso del tiempo. A sus 40 años se ha adaptado a la realidad rossonera con la humildad de un muchacho, poniéndose completamente al servicio de la causa: no solo “borda” con el balón, sino que corre, recupera y ensucia como un mediocentro de élite. A su lado, un escudero de excepción, ese Rabiot que en liga aún no ha perdido.
En la serie de 16 resultados útiles consecutivos del Milan hay mucho del francés, aunque el Diavolo ha sabido dar continuidad incluso en el mes en que Adrien se vio obligado a parar por una lesión en la pantorrilla. Pero los líderes lo son porque arrastran no solo en el partido: basta el ejemplo en el entrenamiento o la presencia en el vestuario para marcar la diferencia.
Aunque tenerlos en el campo siempre es mejor. Hay un dato en particular sobre la medular titular que impresiona: con Fofana y Rabiot a los lados de Modric desde el inicio, los rossoneri han conquistado 19 puntos de 21, ganando seis partidos, empatando uno y recibiendo un solo gol (y además de penalti, en el triunfo 2-1 sobre el Napoli).
En resumen, el cinismo del Milan de Allegri no debe leerse solo en la capacidad de ser letal a la primera ocasión, sino también en saber gestionar las energías, controlar el ritmo, defender la ventaja y resistir a las dificultades. El primer líder está en el banquillo, pero detrás Max tiene al menos otros dos en la línea más importante: el centro del campo, donde se ganan los partidos.







