No Modric no party

Sin Modric, no hay fiesta. Tras 13 resultados positivos consecutivos, el Milan volvió a conocer la derrota en los octavos de final de la Copa de Italia contra el Lazio. Una eliminación amarga, porque Massimiliano Allegri había fijado entre los objetivos de la temporada el de presentarse en el Olímpico en mayo para disputar un trofeo. Sin embargo, sin uno de los futbolistas más exitosos de la historia, los rossoneri han tirado la toalla. Ni siquiera la entrada en los últimos minutos del campeón croata sirvió para remontar el gol de Zaccagni.

Decir que Luka Modric marca la diferencia, incluso a los 40 años, es como descubrir la pólvora. En primer lugar, por su liderazgo, más que por meras cuestiones técnicas o tácticas. Sin embargo, Allegri se vio obligado a dar un respiro a su veterano tras una gira de nueve partidos consecutivos de 90 minutos en el campo. Modric es sinónimo de fiabilidad, pero la edad pesa para todos, tanto que durante la segunda parte del partido ganado en la liga contra el Lazio, tras un error inusual en el regate del croata, Max se giró hacia su banquillo y comentó con un elocuente «está cansado».

Forzar su participación también en la Copa Italia habría sido demasiado, y además había que probar a Ardon Jashari, que en la mente del técnico de Livorno puede convertirse en un jugador al estilo Modric. El suizo, ausente desde hace más de tres meses, no lo hizo mal, pero Luka es otra cosa. Nadie en la plantilla del Milan puede sustituirlo sin que se note la diferencia.

Las cifras lo dicen todo. El croata es el número uno del equipo en cuanto a toques de balón, pases completados, pases clave, balones interceptados y recuperaciones. Calidad y cantidad. Modric es el hombre que orquesta el juego del Milan, colocándose en posición de recibir y iniciar la jugada, pero también es el primero en romper las tramas de los adversarios. En broma (pero no tanto…), hay quien lo define ahora como un mediocampista más que como un simple director de juego.

Más allá de las definiciones convenientes, es innegable que Luka se ha integrado en la realidad rossonera sin ponerse en un pedestal, algo nada trivial después de trece años en el Real Madrid, un Balón de Oro y 34 trofeos en su carrera, sino pensando desde el primer momento en el colectivo. Si hay que defender, Modric defiende, igual que los demás o incluso más. Utilizando la cabeza antes que el físico: los datos sobre intercepciones y balones recuperados son indicativos de su habilidad para leer el juego.

Es obvio que el ejemplo del campeón ha arrastrado a sus compañeros. Luka sabe cómo ganar y es contagioso. Con él en el campo desde el principio, solo han sufrido una derrota, en la primera jornada de la Serie A contra el Cremonese. Sin embargo, aún no había llegado Adrien Rabiot, otra pieza fundamental del Milan, líder de la clasificación junto con el Nápoles.

Cuando Allegri alineó desde el minuto 1 tanto a Modric como al francés, el Diablo no perdió nunca, sumando cinco victorias y un empate y encajando un solo gol, de penalti contra el Nápoles. El lunes por la noche, en Turín, los dos volverán a jugar juntos desde el principio. Y no es solo una cuestión de superstición.