Pisa 1 – 2 Milan

El Milan logró una victoria agónica por 1-2 ante el Pisa, gracias a la jerarquía de Luka Modric, quien rescató tres puntos vitales en el minuto 85 tras un partido gris marcado por un penalti fallado y la expulsión final de Rabiot.

PRIMERA PARTE

La primera mitad en el Arena Garibaldi ha sido, en términos generales, un ejercicio de pragmatismo por parte del Milan de Allegri. A pesar de mostrarse como un equipo lento, compassato y con excesivas imprecisiones técnicas, el conjunto “rossonero” logró lo más difícil: marcharse al descanso con ventaja. El dominio inicial fue estéril, con centros de Bartesaghi y Nkunku que no encontraron rematador, reflejando una falta de ritmo que desesperó por momentos a su técnico.

La tensión en el banquillo fue evidente desde los primeros compases, con un Allegri muy crítico con el rendimiento de sus figuras. El entrenador toscano no dudó en abroncar públicamente a Loftus-Cheek por su falta de movilidad y fue especialmente duro con Fofana tras varias pérdidas en la gestión del balón. “¡Despierta, solo has tocado una pelota!”, le gritó al francés, llegando incluso a mandar a calentar a Samuele Ricci como medida de presión ante la pasividad de su mediocampo.

El Pisa, por su parte, supo leer el nerviosismo visitante y estuvo cerca de dar la sorpresa a la media hora de juego. Una verticalización de Moreo dejó a Stojilković libre en el área, obligando a Maignan a realizar una salida providencial para achicar espacios, aunque la jugada quedó invalidada posteriormente por un fuera de juego milimétrico. Hasta ese momento, el Milan solo había inquietado a balón parado mediante la bota de Modric y alguna incursión aislada de un Pavlovic muy vertical.

Cuando el partido parecía estancado en el aburrimiento, apareció la calidad individual para desatascar el marcador en el minuto 39. Luka Modric abrió con maestría hacia Athekame, quien puso un centro medido al corazón del área para que Loftus-Cheek, redimiéndose de las críticas, conectara un cabezazo impecable para el 0-1. La jugada destacó por la presencia de hasta cinco jugadores milanistas en el área, demostrando que, pese al mal juego, la ambición por el resultado sigue intacta.

SEGUNDA PARTE

El segundo tiempo en el Arena Garibaldi comenzó con un Milan eléctrico pero falto de fortuna. Apenas reiniciado el juego, el VAR anuló un golazo de volea a Rabiot por una mano previa de Fullkrug, quien acababa de ingresar al campo. Poco después, en el minuto 55, el propio delantero alemán desperdició una oportunidad de oro al estrellar un penalti en el poste, cortando una racha casi perfecta desde los once metros y manteniendo con vida a un Pisa que sufría bajo el dominio rossonero.

El exceso de confianza terminó pasando factura al equipo de Allegri en el minuto 71. Una desatención defensiva entre Tomori y Gabbia permitió que Tramoni pusiera un balón peligroso en el área que, tras un rebote, cayó en las botas de Loyola. El centrocampista del Pisa no perdonó y batió a Maignan para poner un 1-1 que desató la locura en la grada local. El Milan se vio obligado a reaccionar de inmediato, dando entrada a piezas clave como Leao, Ricci y Pulisic para evitar el pinchazo.

Cuando el partido agonizaba y el Pisa soñaba con el empate, apareció la jerarquía de Luka Modric para rescatar al “Diavolo”. En el minuto 85, el croata dibujó una pared perfecta con Samuele Ricci y definió con una frialdad absoluta ante la salida de Nicholas para poner el 1-2 definitivo. Fue una acción de pura clase que devolvió la tranquilidad al banquillo de un Allegri que había sufrido lo indecible viendo cómo su equipo desperdiciaba ocasiones claras y sufría en los contragolpes.

El tiempo de descuento trajo consigo una nota negativa con la expulsión de Adrien Rabiot por protestas airadas tras ver una amarilla. El francés, que ya estaba avisado y se perdería el próximo duelo ante el Como, complicó su situación disciplinaria y dejó a su equipo con diez en los últimos suspiros. Pese al caos final y los intentos desesperados del Pisa, el Milan blindó su área con la entrada de De Winter y se llevó tres puntos sufridos pero vitales para seguir en la lucha por el título.

MI OPINIÓN

Este Milan parece empeñado en caminar por el filo de la navaja en cada partido. La victoria en Pisa fue un reflejo fiel de lo que va de temporada: un equipo con una calidad técnica superior, capaz de resolver encuentros por puro talento individual como el de Modric, pero que sufre desconexiones alarmantes que le complican la vida innecesariamente. El error de Fullkrug en el penalti y la fragilidad defensiva en el empate local son avisos que Allegri no puede pasar por alto si quiere estabilidad.

La figura de Luka Modric emerge, una vez más, como el faro absoluto de este proyecto. En un partido que se había convertido en una trampa táctica, el croata no solo aportó la claridad necesaria en la distribución, sino que asumió la responsabilidad goleadora cuando más quemaba el balón. Verle combinar con Ricci para el gol del triunfo es una delicia visual y la prueba de que, a pesar de las críticas por el juego lento, el Milan tiene un corazón competitivo que nunca deja de latir.

Sin embargo, el sabor de boca final queda empañado por la falta de disciplina de Rabiot. Su expulsión por protestas es un lujo innecesario para un equipo que ya tiene la enfermería llena y el calendario apretado. Allegri tendrá que trabajar en el control emocional de su plantilla para evitar que los nervios transformen victorias sufridas en bajas evitables. El Milan se lleva los tres puntos de un campo difícil, pero se marcha con tareas pendientes en cuanto a madurez y concentración.