Cardinale avisa al Milan

La consigna, al día siguiente, es mantenerse unidos y concentrar todas las energías en alcanzar el objetivo de la temporada: la clasificación para la próxima Liga de Campeones. Una vez finalizada la liga, llegará el momento de reflexionar sobre el futuro, y el resultado final no será el único parámetro que se tenga en cuenta para definir quién formará parte del Milan del mañana. Gerry Cardinale está decepcionado con el rendimiento ante el Atalanta, con el rumbo que ha tomado la temporada y con las decisiones tomadas en el mercado por la directiva.

Tras la victoria en el derbi del 8 de marzo, el número uno de RedBird no esperaba un bajón semejante. Más bien, un desplome vertiginoso. Ahora le resulta inevitable reflexionar sobre qué ha dejado de funcionar y quién formará parte del proyecto que tiene en mente. Porque no ha perdido las ganas de ganar al frente del club de la via Aldo Rossi. Ha invertido y seguirá invirtiendo. Queda por ver con qué hombres contará en Casa Milan y en Milanello. En otras palabras: ¿seguirán el director general Furlani, el director deportivo Tare, el director técnico Moncada y el asesor Ibrahimovic? La respuesta a esta pregunta, que hasta hace unas semanas parecía (casi) obvia, ahora ya no lo es.

Cardinale sabe bien que, a pesar de los 7 puntos conseguidos en las últimas 8 jornadas, el Milan sigue siendo dueño de su destino y que, con dos victorias contra el Génova y el Cagliari, la clasificación entre los cuatro primeros estaría asegurada. Con un espíritu constructivo, ayer envió mensajes a los directivos y a Allegri, con quien mantiene una estrecha relación directa que se confirmó incluso en un día complicado como el que siguió a la derrota ante la Dea. Max, que tiene contrato con el Diavolo hasta el 30 de junio de 2027 (con renovación automática hasta 2028 en caso de clasificarse para la Champions), se lo tiene en gran estima. Sin embargo, para seguir adelante juntos es necesario ponerse de acuerdo sobre el futuro. Y Allegri es ambicioso.

A Cardinale le cuesta ocultar su decepción por cómo Maignan y sus compañeros están echando a perder una temporada que hasta marzo había sido muy buena. Al mismo tiempo, sin embargo, es consciente de que este es el momento de no perder el rumbo. Estar lejos de Milán le ayuda a evaluar la situación con más serenidad, pero las personas cercanas a él lo describen como todo menos distante. A Cardinale no le gusta perder (por decirlo suavemente…) y espera ver a otro Milan el domingo en el Ferraris y luego en San Siro contra los sardos.

En los próximos días decidirá si estará presente ese día en San Siro. También dependerá de consideraciones de carácter ambiental (la protesta de la afición rossonera), ya que la atención debe centrarse únicamente en el equipo y nada debe perturbarlo. No quiere que el proyecto se desmorone, con todo lo que ello supondría tanto a nivel de decisiones deportivas (el riesgo de tener que empezar de cero, con nuevos directivos y un nuevo entrenador) como a nivel económico (otra temporada sin los ingresos de la Champions y otro balance cerrado en números rojos, a menos que se vendan uno o dos grandes).

Europa, ¿con qué rumbo? El año que viene, el Milan volverá a disputar las competiciones europeas, pero la diferencia entre estar en la línea de salida de la Champions, de la Europa League o incluso en la fase previa de la Conference League es enorme. La marca rossonera necesita la Champions. El balance y la afición también. Todo lo demás significaría rebajar las ambiciones a corto plazo. Porque volver a empezar con los mismos hombres en los puestos clave del club, fingiendo que la temporada 2025-26 no existió, sería imposible o, como mínimo, complicado.

También porque, en mayor o menor medida, todos los directivos tienen responsabilidades. En el fútbol y en el deporte en general, el resultado de un par de partidos puede cambiarlo todo. Quizá arrojar un rayo de luz sobre un mundo milanista que ha vuelto a sumirse de repente en la oscuridad de unos resultados decepcionantes. Cardinale así lo espera. Por los aficionados, por el club y por el proyecto que puso en marcha con la contratación de Allegri. Encontrar un entrenador más ganador que Max, uno más acostumbrado a cumplir los objetivos fijados, sería complicado.

Si tiene que hacerlo, y al mismo tiempo buscar directivos que le ayuden en la reconstrucción, lo hará. Siempre espera que no sea necesario tomar medidas drásticas. Porque en sus empresas considera importante la continuidad de la dirección. Ahora, sin embargo, lo primero es salvar lo que se pueda y, según Cardinale, la única forma de hacerlo es permanecer todos unidos y remar en la misma dirección. El momento de preguntarse por las últimas ventanas de fichajes (no solo las dos últimas…) que no han reforzado el equipo o por la crisis actual llegará después del 24 de mayo.

UN MERCADO TOTALMENTE FLOP

¿Cuál es la paradoja del mercado del Milan de la temporada 2025-26? Si se repasa la lista de fichajes, en estricto orden de gasto, los mejores en cuanto a rendimiento se encuentran casi al final de la lista. Luka Modric llegó libre, tras haberlo ganado todo en el Real Madrid, mientras que Adrien Rabiot fue fichado del Marsella a precio de ganga, debido a la pelea con Rowe que lo dejó fuera de la plantilla del Olympique poco antes del cierre del mercado de verano. Dos auténticas gangas que la directiva rossonera supo aprovechar con intuición y habilidad.

En la calle Aldo Rossi tuvieron menos suerte cuando se gastaron grandes sumas de dinero. El trío Nkunku-Jashari-Estupinan, por ejemplo, costó algo menos de 90 millones de euros y se suponía que iba a ser uno de los puntos fuertes del equipo. A la hora de la verdad, ninguno de los tres ha jugado con continuidad como titular. Lo mismo ocurre con Ricci (23 millones) y De Winter (18). ¿El resultado? En buena parte de los partidos del Milan, Massimiliano Allegri se ha llevado al banquillo casi 150 millones invertidos en verano para reforzar el equipo. Ya solo por esto se intuye que algo no ha salido según lo previsto.

Sin duda, no se puede culpar de todo a los jugadores. Tomemos como ejemplo a Ardon Jashari, por quien se luchó durante mucho tiempo en unas agotadoras negociaciones con el Brujas. El centrocampista suizo se fracturó el peroné a finales de agosto, cuando aún estaba familiarizándose con el mundo del Milan. Y a su regreso, meses después de la lesión, encontró poco espacio, bloqueado por Modric y por un sistema, el 3-5-2, en el que a Max le cuesta encajarlo. Jashari ha jugado poco y —como suele ocurrir con un joven procedente del extranjero y utilizado con cuentagotas— mal. También Christopher Nkunku, la pieza más cara de la campaña de refuerzos rossonera, ha tenido dificultades para encontrar su sitio.

Como delantero centro nunca ha tenido el peso necesario, mientras que como segundo delantero, después de que pareciera que había cogido ritmo entre finales de diciembre y principios de febrero, se apagó y volvió a encontrarse en el banquillo en un abrir y cerrar de ojos. Nkunku fue el mejor en la nefasta noche del domingo, entrando en el partido ya en marcha y poniendo fin, tras 70 días, a la sequía goleadora de los delanteros rossoneri. ¿Cómo? En un tridente en el que tenía libertad para moverse a su antojo, tras la salida de Rafa Leão. Y entonces me vienen a la mente las palabras del francés el día de su presentación: «¿Mi posición favorita? Me considero un mediapunta». Lástima que sea una posición fantasma en el tablero táctico del actual Milan.

Habrá quien tache estas reflexiones de excusas, y tendrá sus razones. Nkunku llegó a Milán con el estatus de estrella y, a fin de cuentas, en la Serie A solo ha marcado seis goles, cuatro de ellos de penalti. Del mismo modo, Jashari, cuando tuvo que sustituir a Modric, mostró una falta de carácter inesperada en un jugador que la temporada pasada había rendido a un gran nivel en la Champions. Estupinan parecía el hermano del lateral que se comía la banda en Inglaterra y, debido a una lesión muscular sufrida con la selección, pronto cedió el puesto de titular al emergente Bartesaghi.

La noche del derbi de vuelta, en definitiva, sigue siendo el único aspecto verdaderamente positivo de su etapa en el Rossonero, con un gol que, al menos, será recordado por la afición. Koni De Winter ha tenido altibajos: protagonista desafortunado en la semifinal de la Supercopa contra el Nápoles, cuando Hojlund lo dejó en ridículo; pilar de una defensa de hierro a principios de 2026, cuando el Milan aún daba la impresión de poder competir por los primeros puestos; de nuevo en el túnel en las últimas y humillantes salidas contra el Udinese y el Atalanta.

Ricci supone, en cualquier caso, una inversión importante, mientras que el veredicto sobre los jóvenes Athekame (que, no obstante, está mejorando) y Odogu (que solo ha jugado 16 minutos esta temporada) sigue en el aire, al igual que el del segundo portero, Terracciano. El repaso termina con Niclas Füllkrug, el fichaje de enero: está cedido y no se le comprará, pero la esperanza de que pudiera echar una mano en el ataque se desvaneció tras el único gol marcado contra el Lecce.