Albertini: “Todos son culpables”

Lleva tiempo sin hablar, ni del Milan ni de la selección. El segundo tema, a la espera de las elecciones a la presidencia de la FIGC (Federación Italiana de Fútbol), sigue siendo tabú («Soy un espectador y espero los acontecimientos»), pero a cambio Demetrio Albertini ha expresado sus pensamientos como aficionado rossonero. No se esperaba que el Diavolo se quedara fuera de la Champions y espera que en el futuro haya más claridad. La clasificación para la Champions como único objetivo no es suficiente.

Albertini, ¿se esperaba un colapso semejante?

«Jamás en la vida. Cuando estás a una victoria de entrar entre los cuatro primeros y juegas en casa contra el Cagliari, si eres el Milan no puedes dejar de alcanzar el objetivo. Evidentemente, el primer y el último paso de una temporada son los más difíciles y reflejan el carácter del equipo».

La campaña ha sido «un fracaso inequívoco», tal y como reza el comunicado del lunes del Milan

«Estoy de acuerdo, pero el año pasado también fue un fracaso, lo que demuestra que cambian los intérpretes, pero el juicio es el mismo».

¿Decepcionado con Allegri?

«Cuando tienes el punto de partido (match ball) y te has labrado la posibilidad de llegar a la Champions, pero luego fallas en el último partido, el entrenador tiene responsabilidades. También porque el rendimiento del último mes ha sido de descenso. Se han cometido errores y, si antes el equipo había ido más allá de sus posibilidades, quedar quintos con una plantilla inferior solo a la del Inter es un fracaso».

¿Cuánta responsabilidad tienen los jugadores?

«Mucha, porque al campo saltaron ellos. Cuando las cosas empezaron a dejar de funcionar y surgieron rumores de desacuerdos en el club, los futbolistas se crearon excusas (alibi) en lugar de luchar para invertir la tendencia negativa. Así no se hacen las cosas».

¿Hay que revolucionar la plantilla?

«No es mala y hay elementos de valor. Desde luego, hay que reforzarla con gente que sepa cómo se gana, pero no creo que sea una plantilla de quinto puesto. En absoluto».

¿Confirmaría a Leão?

«Sinceramente, lo veo fuera del proyecto. Para mí Leão, si no es el mejor, es uno de los mejores del Milan, pero el entorno actual ya no es adecuado para él. Si llegara una buena oferta, sería el momento idem para cambiar».

¿A partir de quién debe reconstruirse el Milan?

«Maignan, Pavlović, Pulisic, Rabiot y Modrić, a quien se extrañó muchísimo en el final de temporada».

¿La prioridad absoluta es el fichaje de un delantero centro?

«Lo era también el verano pasado, hace dos veranos y los anteriores… Hace falta acertar con la inversión y poner en práctica un juego más ofensivo en comparación con el de esta temporada».

¿Qué debe hacer el club para dar un giro de timón?

«Los dos últimos años se han gestionado viviendo de parches (espedienti). Es una verdad incómoda, pero eso es lo que ha pasado y hay que decirlo. No había unidad de criterio entre los directivos y, según he leído, tampoco con el entrenador. Los resultados en el fútbol llegan solo cuando todos apuntan al mismo objetivo; de lo contrario, hacia el exterior llega un mensaje equivocado y hacer un camino ganador es mucho más complicado».

Ahora el Milan es un club… desmantelado (azzerato). ¿Qué impresiones le genera?

«Extrañísimas, porque no recuerdo un comunicado como el de ayer y un club privado a final de temporada de todas sus figuras clave. Entiendo que los fondos de inversión tengan sus propias lógicas de gestión, pero en el mundo del deporte europeo los clubes también viven de la historia, ya sea más o menos gloriosa. Cada uno tiene su propio ADN y el Milan tiene uno glorioso. Pienso que sería más fácil mantenerlo, como quieren los aficionados, en lugar de borrarlo. Además, si la comunicación es confusa, la gente no sabe qué futuro le espera. Los años de Berlusconi son irrepetibles, pero no puedo pensar que el Milan se convierta en un equipo que tenga como único objetivo entrar en la Champions».

¿Habrían sido útiles Galliani o Maldini?

«No soy yo quien debe elegir y no me permito dar sugerencias. Me limito a decir que el ADN de Galliani y Maldini lo conozco bien porque es el de los milanistas. Como el mío. Lo repito, el ADN de cada club es diferente al de los demás y yo lo entendí jugando en el Milan, pero también en el Barcelona, en el Atlético, en el Atalanta y en la Lazio».

¿Le gusta Iraola como técnico?

«Lo conozco poco y prefiero dejar trabajar a Cardinale y a sus hombres. Este es un momento delicado para las elecciones y hay que tomar las decisiones correctas, porque reiniciar desde cero cada vez no es posible si se quiere apuntar alto».

Tras temporadas en las que se ha fiado de sus ejecutivos, ahora Cardinale elegirá en primera persona

«Habrá sufrido por los resultados que no llegaron, pero los últimos cuatro años también han sufrido los aficionados. Viven de esperanzas, sobre todo la de un futuro diferente. Me lo deseo yo también».

En su papel de asesor y socio de Cardinale, ¿puede Ibrahimović marcar la diferencia?

«Su papel es… ambiguo (equivocabile) y debería dejar de serlo. O se pone uno en primera línea de batalla o hacer las cosas desde las bambalinas no es posible».

¿Qué espera para el Milan?

«Claridad en la comunicación y una directiva unida que indique el camino a seguir».

Al pueblo rossonero decepcionado, ¿qué le nace decirle?

«Su comportamiento será una consecuencia de lo que perciban. Ahora todos nosotros, los aficionados, nos lameremos las heridas y esperaremos no acostumbrarnos a lo que no existió en los treinta años de la era Berlusconi. Ya el próximo mercado dará un rumbo a la temporada, que espero sea diferente a las últimas».

MODRIC PIENSA EN RETIRARSE – LEAO QUIERE QUEDARSE

El tiro libre colgado al área en el minuto 95 y 58 segundos del Milan-Cagliari corre el riesgo de ser el último balón de la pluridecenal carrera en clubes de Lukita. Quién sabe, si se hubiera transformado en el gol del 2-2 rossonero, hoy estaríamos hablando de otra historia. En cambio, con el Diavolo KO y fuera de la Champions League, en la cabeza del campeón croata va ganando cada vez más terreno la idea de dejar el fútbol. Por supuesto, antes está su quinto Mundial, que por lo tanto podría transformarse en su farewell tour (gira de despedida), como dicen los americanos.

Pero la escena de Luka quitándose la máscara el domingo, con el rostro castigado por la derrota, impresiona: a sus casi 41 años, Modrić soñaba con un último baile en la competición que ha ganado nada menos que seis veces (nadie mejor que él). Y —se puede decir sin temor a equivocarse— honestamente lo merecía, tras una temporada como protagonista absoluto, burlándose de su documento de identidad. Sin embargo, todo terminó de la manera más cruel. ¿Y ahora?

En el fondo, el ex Real Madrid aceptó hace un año su traspaso a un Milán sin Europa con tal de cumplir su deseo de infancia de vestir la camiseta del que fuera su ídolo, Zvonimir Boban. Y la postura del club hacia él no ha cambiado: el croata tiene una opción para un año más juntos y tanto Gerry Cardinale como Zlatan Ibrahimović esperan que se pueda continuar de la mano.

Existen, no obstante, otras razones que empujan a Luka hacia el adiós. La dirección general que podría tomar el Milan, por ejemplo. Modrić siempre dejó entrever que para continuar necesitaría el estímulo de luchar por ganar la próxima temporada. «Quiero levantar un trofeo con el Milan», repitió en cada entrevista concedida en su aventura italiana. Pero con la directiva totalmente desmantelada y un proyecto que debe reconstruirse desde los cimientos, es difícil pensar en un Diavolo inmediatamente en carrera por el título. Además, no es un secreto que Luka estaba muy ligado a Max Allegri. Con el despido del técnico de Livorno, pierde a uno de sus puntos de referencia en el bando rossonero. La pregunta es, por tanto, evidente: ¿conseguirá Cardinale convencer a Modrić para que deje a un lado las dudas y continúe jugando al fútbol con la camiseta rossonera?

Diferente es la situación de Leão. Rafa tiene contrato hasta 2028 y apenas 26 años. Viene de una temporada de altibajos, concentrándose estos últimos sobre todo en los meses finales, debido también a los problemas físicos. Por eso el Milan ha abierto la puerta a una posible venta ante una oferta congruente. Los clubes turcos ya han llamado a la ventana, con el Galatasaray en particular listo para poner sobre la mesa una propuesta de 10 millones de euros netos de salario para el delantero.

Pero Leão, de momento, no quiere saber nada de dejar el Milan y ya se lo habría comunicado a su excompañero de equipo Zlatan Ibrahimović. Su intención es intentar levantarse junto al equipo que ha contribuido a hacerle grande en los últimos siete años, a pesar de una temporada en la que a menudo San Siro le ha reservado un trato muy duro, entre murmullos y, sobre todo, pitidos. Rafa intentará transformarlos en aplausos. A menos que sea el propio Milan quien lo ponga de patitas en la calle de forma drástica.