Amorim lo eligió… Krosche (en otro club)

Si alguien que no supiera absolutamente nada de fútbol ni de la historia reciente del Milan tuviera que enterarse de lo que está sucediendo, en este preciso momento, alrededor del club rossonero, pensaría que se encuentra dentro de una trama escrita a cuatro manos por Samuel Beckett y Harold Pinter, dos de los máximos exponentes del teatro del absurdo. Y sin embargo, aquí, el guion cinematográfico que está redactando Gerry Cardinale no está tomando para nada un rumbo positivo. Al contrario.

Se puede afirmar que lo que ha subido a escena en las últimas horas es una nueva y tristísima página de una planificación hecha completamente al revés respecto a las reglas de oro del mundo del fútbol (subrayémoslo); una gestión que se ha cimentado sobre una superficialidad de fondo que nadie se puede permitir en este sistema y que está exponiendo al Milan al enésimo hachazo, sin piedad, de la era RedBird.

El naufragio absoluto de la negociación para lograr traer a Milán al dirigente alemán Markus Krösche es sintomático. Pensar que el Chief of Football del Eintracht de Fráncfort se iba a poder liberar con tanta facilidad y que, además, se traería consigo a su fiel Timmo Hardung como mano derecha significa no haber comprendido todavía cómo funcionan las cosas en el planeta fútbol.

Les desvelamos una exclusiva: el Eintracht se enteró por los medios de comunicación italianos de que Krösche ya había formalizado y cerrado su acuerdo contractual con el Milan, sin haber recibido antes ninguna comunicación oficial por parte de su propio empleado. Ahí es donde todo se complica de forma drástica, porque el Eintracht se encasquilla en su postura y comunica que, para dejar marchar a Krösche y a Hardung, exige una indemnización económica estratosférica, puesto que todo esto estaba ocurriendo en mitad de la planificación de la temporada 2026-27. Un “niet” (un no rotundo) inamovible que ha obligado a Krösche y Hardung a quedarse en Fráncfort y que ha dejado en evidencia y en el más absoluto rídiculo al Milan, el cual estaba convencido de que ambos dirigentes serían los pilares maestros de esa nueva estructura ágil que Cardinale quería diseñar.

La llegada de Rúben Amorim al Milan, anunciada ayer, es hija directa de una elección personalísima realizada por Krösche cuando se sentía ya listo para desembarcar en el club rossonero. Por lo tanto, de facto, al nuevo técnico milanista lo ha elegido un director deportivo que se ha quedado a trabajar en otro equipo. Ahora el Milan se verá obligado a buscar a la desesperada una nueva estructura de despacho (atención al regreso de la opción de Devin Özek más otro perfil que está bajo evaluación), con la descomunal paradoja de que el futuro Chief of Football del Milan se va a encontrar con el entrenador ya puesto en el banquillo y no lo habrá podido elegir él.

Este elemento evidencia de forma flagrante la nefasta elección estratégica de comenzar la casa por el tejado: es decir, arrancar desde la altura (el entrenador) para luego intentar llegar a la base de la pirámide (la dirección), sin tener en cuenta las consecuencias. Pero este último aspecto, a estas alturas, resulta evidente desde hace casi un mes; es decir, desde el preciso instante en que Cardinale decidió fulminar y resetear los cargos directivos más altos sin tener los relevos preparados.