Tras días de intensas indiscreciones y reflexiones sobre la posible incorporación de una nueva figura ejecutiva en el organigrama, Gerry Cardinale ha decidido apostar de forma definitiva por una solución interna. No se nombrará ningún nuevo jefe del área de fútbol (Head of Football) y las decisiones estratégicas se confiarán a un grupo de trabajo cohesionado que involucrará a diversas figuras clave de la sociedad.
Entre todos ellos, Rúben Amorim tendrá un peso determinante. El técnico luso estará llamado, de hecho, a desempeñar una función de entrenador-manager, aportando indicaciones sumas y precisas sobre las necesidades reales de la plantilla. Será el encargado de identificar las demarcaciones que urge reforzar, las características técnicas necesarias para cada línea y los perfiles más aptos para desarrollar su propuesta de juego sobre el césped.
Posteriormente, entrarán en acción las áreas de scouting y análisis de datos, dos departamentos que colaborarán estrechamente para localizar a los futbolistas que mejor se adapten a las peticiones técnicas y a las disponibilidades económicas de la entidad. El objetivo prioritario consistirá en confeccionar una plantilla competitiva sin perder de vista en ningún momento la sostenibilidad financiera. El nuevo comité estratégico estará formado oficialmente por Gerry Cardinale, Rúben Amorim, Hendrik Almstadt, Bobby Gardiner, Massimo Calvelli y David Castelblanco. A su lado continuará operando también Zlatan Ibrahimović, quien mantendrá intacto su rol de Senior Advisor externo de la propiedad.
La revolución del Milan pasa de forma directa por las manos de Gerry Cardinale. Con la firme elección de no nombrar un nuevo jefe del área deportiva, el propietario rossonero se ha arrogado la responsabilidad final sobre todas las decisiones del mercado de fichajes, incluidas las evaluaciones definitivas sobre los perfiles que se van a adquirir. Se trata de un rol sumamente delicado que requerirá, por fuerza, el soporte de una red de relaciones y competencias consolidadas en el plano internacional.
En este preciso escenario, podría volverse cada vez más central e influyente la figura del agente Jorge Mendes. De ello habla esta mañana de forma pormenorizada el diario Corriere dello Sport. El poderoso representante portugués, quien ya ha sido protagonista de diversas operaciones de gran calado con el club en las últimas temporadas, representa un interlocutor privilegiado en un mercado globalizado y cada vez más competitivo.
A pesar de no ser el representante directo de Rúben Amorim, Mendes comparte con el técnico portugués el mismo contexto futbolístico de origen y un profundo conocimiento de ese prolífico mercado de talentos lusos. No es ninguna casualidad que entre los objetivos prioritarios monitorizados por el Milan figuren nombres de la talla de Gonçalo Ramos y Morten Hjulmand. Se trata de operaciones complejas desde el punto de vista financiero, pero que podrían verse muy beneficiadas por los puentes y la red de contactos construida por el agente luso.
Para reforzar aún más este eje estratégico, podría emerger también la figura de Domenico Teti, dirigente muy vinculado a la órbita rossonera tras su fructífera experiencia en el Wolverhampton y profundo conocedor de las dinámicas del mercado portugués. El Milan está experimentando una fase de profundas transformaciones estructurales; habrá que ver cómo se gestiona este mercado de verano, pero es evidente que, en este nuevo ecosistema, Mendes podría desempeñar un papel de primerísimo nivel.
RECORDANDO LAS PALABRAS DE BOBAN SOBRE ALMSTADT
Como ya os hemos venido adelantando, Hendrik Almstadt asumirá un rol todavía más central y preponderante en el nuevo proyecto técnico del Milan rígidamente supervisado por Gerry Cardinale. El ejecutivo alemán, que recaló en la entidad rossonera en enero de 2019 por deseo expreso de Ivan Gazidis, fue duramente criticado en su día por Zvonimir Boban.
El ex-directivo croata —hoy presidente del Dinamo de Zagreb pero con un ruidoso y tormentoso pasado en los despachos de San Siro— no utilizó medias tintas a la hora de valorar la figura del exdirector deportivo del Aston Villa durante el transcurso de una entrevista concedida al periodista Andrea Longoni en su canal de YouTube:
¿En qué momento preciso te diste cuenta de que algo no marchaba bien en el club?
“Desde el mismísimo principio. Ya en aquella ocasión, estando con Paolo (Maldini), cuando me explicaron la idea matriz de cómo se suponía que debía funcionar la gestión interna, me dije a mí mismo: ‘Bueno, entonces nos va a tocar luchar contra nuestra propia propiedad por el bien y el beneficio del Milan’. Y Paolo me respondió: ‘Sí, más o menos va a ser así”.
“Tampoco es que yo no supiera antes de aceptar el cargo que ciertas culturas, o más bien ciertas faltas de cultura futbolística, no terminarían siendo un problema directo para nosotros en el desarrollo de nuestro trabajo diario. Lo acepté en su momento como un desafío sumamente grande; para mí la etapa acabó muy pronto, pero tengo claro que volvería a hacer exactamente todo lo que hice porque era algo que se tenía que hacer por dignidad. Ya en el mes de agosto, de forma muy extraña, me retiraron los poderes legales de firma sin molestarse siquiera en decírmelo”.
“A todos aquellos que de verdad quieran saber cómo sucedieron las cosas en realidad, les digo: leed con atención la entrevista que Paolo Maldini concedió en su día a ‘La Repubblica’; todo lo que relata ahí es la sacrosanta verdad. Por lo demás, existieron muchísimos detalles feos, pero no vale la pena cargar a los aficionados con tantas pequeñas historias inútiles, con maldades ridículas y con trabas puestas de una manera totalmente absurda. Nos habían colocado allí a un tal Hendrik (Almstadt) —que yo no sé qué demonios entiende de fútbol— con el único propósito de que tuviera que avalar y fiscalizar todo lo que hacíamos, actuando como una especie de controlador técnico sobre nosotros”.
UN MES INVERTIDO PARA LUEGO NO TRAER A NADIE
El pasado 24 de mayo, el Milan cayó derrotado frente al Cagliari en San Siro y, como consecuencia directa, se quedó fuera de la clasificación para la Champions League 2026-2027. Al día siguiente, un Gerry Cardinale profundamente decepcionado por el fracaso deportivo de la escuadra rossonera decidió fulminar de un solo golpe a toda la cúpula directiva, despidiendo al Consejero Delegado Giorgio Furlani, al Director Técnico Geoffrey Moncada y al Director Deportivo Igli Tare, además de fulminar al entrenador Massimiliano Allegri.
A partir de ese preciso instante comenzaron los castings para encontrar a sus respectivos sustitutos: una serie de contactos y reuniones llevados a cabo en primera persona por el propio patrón milanista, por Massimo Calvelli y por Zlatan Ibrahimović. Los nombres que se pusieron sobre la mesa y fueron evaluados resultaron ser muchísimos pero, al final, tras casi un mes de gestiones y varias respuestas negativas recibidas (Andoni Iraola, Ralf Rangnick y Markus Krösche), Cardinale ha optado por no incorporar a nadie externo y completar el nuevo organigrama milanista con figuras que ya estaban presentes en el club de la vía Aldo Rossi.
La pomposa gran revolución se ha transformado, por tanto, en una simple reorganización interna. Y a estas alturas surge de manera espontánea una pregunta obligatoria: ¿por qué demonios no se tomaron estas decisiones desde el primer momento? El Milan, a efectos prácticos, lo único que ha hecho ha sido perder un tiempo precioso: casi cuatro semanas de castings extenuantes en las que todo el club ha permanecido completamente bloqueado —incluido el mercado de fichajes— para terminar sin contratar a absolutamente nadie nuevo. Es bien cierto que la disputa del Mundial está ralentizando el ritmo global de las operaciones, pero resulta innegable que el Diavolo arrancará la programación de la nueva temporada con un retraso culpable. Las tareas pendientes en el mercado son ingentes y, a día de hoy, la plantilla rossonera cuenta con verdaderamente muy pocas certezas.
Las dudas e incertidumbres son también mayúsculas en el seno de la propia sociedad. Si bien es verdad que ahora el club cuenta finalmente con una estructura deportiva definida, las incógnitas que despierta son diversas. La más evidente de todas es que falta, por ejemplo, un verdadero hombre de fútbol en la directiva.
Cardinale ha preferido priorizar y apostar firmemente por perfiles que son expertos con los datos, las estadísticas y los números, en detrimento de personas que conozcan a fondo el funcionamiento y los códigos de este deporte. Evidentemente, determinar si el propietario estadounidense habrá tenido razón o no dependerá única y exclusivamente de los resultados que dicte el terreno de juego, pero los recelos actuales son verdaderamente gigantescos, sobre todo entre unos aficionados que se encuentran justificadamente preocupados.