El Milan ya ha seleccionado al perfil deseado para su parcela ofensiva. La entidad rossonera ha alcanzado un principio de acuerdo con el Estrasburgo por Diego Moreira, extremo de la generación de 2004 que brilló con Bélgica en la cita mundialista. Quienes presenciaron el duelo ante Senegal recordarán bien su impacto: el prometedor atacante de las trenzas saltó al césped rebasada la hora de juego y lideró la remontada en la segunda mitad y la prórroga.
La directiva milanista pretende culminar la operación en un plazo de 3 a 4 días y volcará todos sus recursos para materializarla sin reparar en costes, emulando la gestión realizada con Gonçalo Ramos. La postura estratégica resulta inequívoca: resulta preferible elevar la inversión por un futbolista en cuyo potencial se confía decididamente.
Aunque resta por ultimar la letra pequeña de la negociación, el proceso se encuentra sumamente avanzado: el Milan desembolsará una suma fijada en 45 millones de euros. Diego Moreira representa una elección consensuada por la mesa de trabajo que lidera la planificación deportiva en esta nueva etapa del club:
- Encaje táctico: Es un perfil que entusiasma a Rúben Amorim por sus condiciones técnicas.
- Métricas avanzadas: Su incorporación cuenta con el visto bueno de Bobby Gardiner y Tiago Estêvão, analistas de datos referentes en esta etapa, así como con la aprobación de Hendrik Almstadt.
- Apuesta personal de la propiedad: La operación ha sido impulsada personalmente por Gerry Cardinale. El internacional belga encarna el paradigma de la nueva era: un futbolista joven, con un margen de proyección sobresaliente y capacidad para asentarse en la élite. En Via Aldo Rossi existe la firme convicción de que su cotización rebasará con creces los 45 millones de euros en los próximos años.
En el dibujo táctico del preparador portugués, el joven talento belga podrá desempeñarse principalmente en dos funciones:
- Carrilero zurdo de recorrido: Asumiendo una demarcación similar a la de Pervis Estupiñán.
- Mediapunta / Segunda punta: Actuando en la terna de mediapuntas por detrás de Gonçalo Ramos, demarcación donde compite con nombres como Christian Pulisic, Ruben Loftus-Cheek, Alexis Saelemaekers, Alphadjo Cissè o eventualmente Adrien Rabiot.
Con su desembarco, la escuadra rossonera añade una dosis sustancial de desborde en el uno contra uno, visión de juego y capacidad creativa.
Nacido en Lieja, es hijo de Almami Moreira —exfutbolista e internacional con la selección de Guinea-Bissau que militó en las filas del Standard de Lieja— y nieto de Helmut Graf, exjugador austriaco que vistió la camiseta del conjunto belga entre 1976 y 1982.
A sus 22 años, el atacante priorizó de forma absoluta su desembarco en el Milan, desoyendo el fuerte interés mostrado por varios clubes de primer nivel de la Premier League, la Bundesliga y la Serie A.
- Último curso en Austria: Cerró la campaña en las filas del Salzburgo firmando 5 goles y 9 asistencias en 42 apariciones oficiales, registrando asimismo 10 tarjetas amarillas.
- Rol táctico previo: En el Estrasburgo actuaba habitualmente como extremo ofensivo, partiendo predominantemente desde la banda derecha en un sistema 4-2-3-1.

MOREIRA ENTRENABA CON LA CAMISETA DEL MILAN
Como un rayo en cielo despejado, el Milan ha cerrado de forma definitiva la incorporación de Diego Moreira procedente del Estrasburgo por un montante cercano a los 50 millones de euros más bonus, reservándose el club francés además un porcentaje sobre una futura venta. La entidad rossonera ya se encuentra organizando los reconocimientos médicos del internacional belga.
El atacante de la generación de 2004 —pretendido también de forma insistente por Gian Piero Gasperini para la Roma durante este verano— ya había encendido las alarmas y la ilusión de la afición milanista semanas atrás. Antes de incorporarse a la pretemporada con el Estrasburgo, el jugador se ejercitó de forma privada vistiendo la camiseta del Milan con el dorsal de Alexis Saelemaekers, su compañero en la selección nacional.
En la publicación que adjuntamos al pie de esta noticia, Moreira lucía en realidad diversas indumentarias de distintos clubes como guiño y homenaje a sus compañeros en el combinado belga. Sin embargo, a partir de este momento la elástica rossonera la vestirá de forma totalmente oficial y con pleno derecho, más allá de su amistad con Saelemaekers.