Trabajo en equipo. Que parte de una pareja muy bien consolidada. Markus Krösche y Timmo Hardung se están preparando para dejar el Eintracht de Fráncfort y dar el salto al Milan. Juntos hicieron grande al club alemán (conquistando la Europa League en 2022); juntos pretenden, evidentemente, relanzar a los rossoneros. Se conocieron en Leipzig, donde Krösche ejercía de director deportivo y Hardung era una suerte de team manager. Después se trasladaron juntos al Eintracht, donde Markus asumió desde el primer momento roles de gran responsabilidad, mientras que Hardung tardó dos años en pasar de team manager a director deportivo. Desde ese momento, sin embargo, se encuentra al frente de un grupo de 70 personas.
“Timmo es una pieza fundamental para la planificación de nuestro futuro” —afirmó Krösche en septiembre, el día de la renovación del contrato de Hardung—. “Desde que llegamos a Fráncfort estamos mejorando constantemente nuestro método de trabajo. Para las estrategias económicas y deportivas de este club, él es importantísimo”.
El dominante de los dos es Krösche, de 45 años (cumplirá 46 en septiembre), quien como futbolista nunca logró dar el gran salto: el máximo logro que alcanzó fue el ascenso a la Bundesliga con el Paderborn (temporada 2013-14). Como dirigente empezó desde muy abajo, concretamente en la sexta categoría nacional, como entrenador del filial del Paderborn. En 2015 pasó al Bayer Leverkusen, en la Bundesliga, como segundo entrenador de Roger Schmidt, reemplazando en el puesto a Oliver Glasner. Con la destitución de Schmidt en marzo de 2017, Krösche también decidió abandonar el club.
Regresó entonces al Paderborn como responsable del área técnica. En apenas dos años llegaron dos ascensos consecutivos, que llevaron al Paderborn de la tercera a la primera división nacional. Su excelente trabajo llamó la atención del RB Leipzig, que lo contrató en el rol de director deportivo como sustituto de Ralf Rangnick. Siempre ha otorgado una enorme importancia al trabajo en equipo, pero jamás se ha entendido tan bien con un colaborador como con Hardung. Con ellos dos al mando, el equipo controlado por el universo Red Bull terminó tercero en el campeonato liguero y fue eliminado únicamente en las semifinales de la Champions League a manos del PSG. En el verano de 2020 incorporaron, a precios excelentes, a Benjamin Henrichs, Dominik Szoboszlai y Joško Gvardiol.
La mentalidad de ambos es muy evidente y encaja de forma milimétrica en la del Milan: de hecho, Krösche tiene siempre la mirada puesta en el futuro, al igual que su discípulo. En enero de 2025 obtuvieron una de las mayores plusvalías de su carrera profesional: la venta de Omar Marmoush del Eintracht al Manchester City por 75 millones de euros (más bonus) fue, no obstante, solo el enésimo golpe de maestro. Su filosofía de mercado es muy sencilla en el concepto, aunque más compleja en la práctica: se vende siempre, pero teniendo de inmediato los sustitutos listos y a disposición.
Nada más aterrizar en Fráncfort en 2021, Krösche vendió al ex-milanista André Silva al Leipzig por 23 millones de euros. En su lugar, fichó a coste cero al por entonces desconocido Rafael Santos Borré procedente de River Plate. Fue precisamente él, en 2022, quien marcó el gol decisivo en la final de la Europa League. Uno de sus primeros aciertos fue Jesper Lindstrøm (traído del Brøndby), a quien vendió dos años después al Nápoles por 30 millones de euros.
Tras traspasar también a Filip Kostić a la Juventus por 14,7 millones, Krösche reclutó a Randal Kolo Muani (del Nantes) a parámetro cero, vendiéndolo posteriormente al PSG por 95 millones de euros. A los parisinos también les traspasó a Willian Pacho (fichado por 13,65 millones del Royal Amberes) por la notable cifra de 40 millones. Retiene poco tiempo a los futbolistas; el objetivo es siempre que el club obtenga el máximo rendimiento económico de sus salidas. El debate con Hardung siempre ha sido propositivo y constructivo. Evalúan a los jugadores juntos, así como su posible encaje en el sistema de juego.
Para Krösche, el equipo de trabajo es fundamental. Vaya adonde vaya lo construye él mismo, confiando ciegamente en sus hombres. Él lo supervisa todo y tiene la última palabra, pero cuenta con colaboradores repartidos por todo el mundo. Axel Hellmann, miembro de la junta directiva del Eintracht, lo describe así: “Uno de sus grandes puntos de fuerza es que reconoce las capacidades de los demás; de lo contrario, las cosas no funcionarían tan bien”.
El propio Krösche se ha descrito a sí mismo de manera muy clara: “Con nosotros, cada miembro del staff tiene su área de actuación bien delimitada. Cada uno tiene responsabilidades y decisiones que tomar. No creo en los macrocomités de discusión en los que las decisiones que surgen dentro de la gestión deportiva se vuelven a debatir en un nivel superior”. Este es también uno de los motivos por los que en el pasado rechazó las ofertas del Liverpool y del Tottenham: en Inglaterra, el entrenador a menudo tiene más poder que la propia directiva.
Krösche ha demostrado no temer ni siquiera a los rechazos más mediáticos. En 2022, después de que su Eintracht ganara la Europa League, llamó a su puerta Cristiano Ronaldo, que tenía deseos de relanzar su carrera tras su traumática etapa en el Manchester United. El propio Krösche desveló la intrahistoria: “Los agentes de Ronaldo nos presentaron un plan de negocio, pero ni siquiera lo leí. Entendimos de inmediato que no tenía ningún sentido para nosotros. Lo hablé con Fabio Paratici, quien me explicó cuánto cambia un club con Ronaldo. Hay tanta atención mediática a su alrededor que hay que reservar hoteles distintos para intentar aislarse. Ronaldo habría sido demasiado para nosotros”.
Hablaba en plural porque la última palabra era suya, pero la decisión fue compartida por todos, incluido Hardung. El mítico Lothar Matthäus, en los últimos meses, ha puesto como ejemplo la estructura societaria del Eintracht por encima incluso de la del Bayern de Múnich: “Trabajar en Baviera es difícil; demasiada gente interfiere. Cuando pienso en Markus Krösche, no creo que sea el único que toma las decisiones, pero logra gestionarlo todo con calma. Max Eberl, en cambio, tiene siempre las directrices marcadas por Uli Hoeness, Jan-Christian Dreesen y quizás también Vincent Kompany. El director deportivo Christoph Freund también está involucrado”.
La carrera de Hardung es igualmente significativa. A sus 33 años ya era director deportivo de un club de la entidad del Eintracht. “Nunca he tenido problemas para ser reconocido en mi cargo por jugadores, agentes o directivos de otros equipos”, explicaba. “Llevo muchos años en el fútbol, he crecido antes de llegar a ocupar un rol de este tipo”. Lo describen como alguien humilde y pausado, capaz de convencer tanto a clubes como a futbolistas. “Lo importante es tocar las teclas adecuadas. Hay que mostrar oportunidades y perspectivas, tanto a las entidades que venden como a los jugadores que se tiene la intención de comprar”.
No se esperaba la llamada de Krösche para ir al Eintracht (“Para mí era una oportunidad excepcional, en un club histórico”), pero se ha ganado cada ascenso con su trabajo. Ahora, el desembarco en pareja en el Milan parece un hecho cantado. “Timmo tiene una excelente red de contactos tanto en el panorama alemán como fuera de sus fronteras; conoce el mundo del fútbol desde muchas perspectivas”, lo describía Krösche hace solo unos meses. Para ambos es vital transmitir siempre lo que representa el club al que defienden: “Trabajar para el Eintracht no es como estar en el Hoffenheim. Cualquiera que represente a este club debe conocer la historia y el significado de este escudo”. Y con el Milan, darían un paso más hacia la cima…