Las sensaciones que dejó el derby

Respecto al amistoso de Glasgow, el Milan mostró una evidente evolución a la hora de tirar la presión alta. O, al menos, lo ejecutó de forma más convincente y armónica durante diversos tramos del encuentro. De entrada, el equipo se estructuró en fase de recuperación mediante un 4-1-3-2, buscando forzar las pérdidas del conjunto nerazzurro o enviar balones en largo, un objetivo que logró cumplir en varias fases del choque. Para una plantilla que la pasada campaña estaba acostumbrada a juntarse en bloque bajo y defender en campo propio, se trata, en términos futbolísticos, de una auténtica revolución copernicana.

Amorim puede estar satisfecho en este apartado, si bien se requiere mayor continuidad en la presión, un aspecto en el que todavía hay margen de mejora. Se vieron además buenas combinaciones en vertical y una precisión mucho mayor en la entrega: si frente al Celtic los errores en salida de Pavlović y Ricci le costaron dos goles al equipo, en Perth el bloque mostró una concentración notablemente superior.

Otro motivo para la satisfacción es la capacidad de reacción mostrada: por segunda vez en lo que va de pretemporada, el Diavolo comenzó por detrás en el marcador y tuvo la entereza para restablecer las tablas. Aunque se trate de encuentros veraniegos sin puntos en juego, la personalidad y la determinación para no bajar los brazos responden con fidelidad a las exigencias del técnico portugués.

En el apartado individual cabe destacar varios nombres:

  • Lorenzo Torriani: Ante las ausencias de Maignan y Pietro Terracciano, el joven guardameta dejó una actuación de mucho nivel, salvando a su equipo con intervenciones de mérito y demostrando que el futuro bajo palos está asegurado.
  • Ruben Loftus-Cheek: Confirmó que puede resultar un perfil muy valioso actuando en la dupla de mediapuntas gracias a su poderío físico y llegada.
  • Alexis Saelemaekers: Pese a incorporarse tras las vacaciones posteriores al Mundial, el belga mostró una gran chispa por el carril derecho. Quizás también lo veamos actuar por el perfil zurdo —donde ha sido ensayado durante los entrenamientos para asimilar los automatismos a pierna cambiada—, pero de momento en su banda natural volvió a exhibir la potencia y el desborde que ya caracterizaron su última campaña.

En la fase de elaboración, el balón circula aún con excesiva lentitud para los estándares que exige Rúben Amorim. La maniobra se inicia desde atrás como marca la filosofía del técnico, evitando los envíos en largo que no forman parte de su credo futbolístico, pero se requiere mayor velocidad en la entrega y más cambios de orientación para generar espacios en las defensas rivales.

Asimismo, el porcentaje de posesión del balón debe incrementarse de forma sustancial: es a través del dominio del cuero como el Milan pretende someter a sus adversarios y encajonarlos en su propio campo.

Que la condición física no podía ser idónea a estas alturas del verano era algo previsible. Sin embargo, el bajón experimentado al inicio del segundo tiempo resultó francamente acusado, sufriendo un bajón de ritmo ante el Inter: encajó el 0-1 e incluso pudo recibir el segundo tanto. Habrá que trabajar a fondo para cargar combustible en el depósito y llegar al debut liguero en Turín con un ritmo muy superior, dado que realizar ocho cambios al llegar a la hora de juego no será una opción viable en la Serie A.

En el apartado individual, esta vez no estuvieron afortunados los carrilero:

  • Samuel Chukwueze: Aportó algún destello en fase ofensiva, pero cometió un desajuste defensivo determinante en el repliegue en la acción del gol de Dimarco.
  • Pervis Estupiñán: El ecuatoriano, que se está jugando la permanencia en el equipo, se mostró en evidente apuro físico y no logró aprovechar la primera oportunidad a su disposición para convencer a Amorim.

El empate cosechado esta tarde frente al Inter no dicta sentencias definitivas, pero sí entrega al Milan dos certezas difíciles de ignorar: Pervis Estupiñán y Yunus Musah continúan mostrándose poco funcionales al fútbol de Rúben Amorim.

El técnico lusitano había solicitado un margen de tiempo para evaluar al internacional ecuatoriano, frenando su posible traspaso rumbo al Aston Villa. Sin embargo, en Perth, su ingreso al terreno de juego coincidió con la fase de mayor zozobra del conjunto rossonero, culminada con el tanto de Federico Dimarco en el minuto 52, apenas siete minutos después del descanso.

Sustituyendo a Davide Bartesaghi en el minuto 46, Estupiñán sufrió desde el primer momento para interpretar las situaciones de juego y gestionar la posesión del balón. El Milan perdió cohesión en su flanco izquierdo y el Inter encontró en el arranque del segundo acto el gol de la ventaja, nacido precisamente en una acción iniciada por la banda izquierda rossonera y finalizada en el perfil opuesto.

El ecuatoriano completó además su actuación viendo una tarjeta amarilla y sin aportar un impacto ofensivo significativo a la circulación de su equipo. “Estupiñán 5: Firma una gran intervención defensiva sobre Diouf en los primeros compases de la segunda parte, impidiéndole llegar al pase atrás de Dimarco. Sin embargo, se le aprecia algo pesado en lo físico y apenas se incorpora al ataque”.

Amorim confiaba tal vez en reencontrarse con aquel carrilero incisivo que admiró como rival en el Brighton; no obstante, las primeras sensaciones sugieren que el acuerdo que terminó enfriándose con el Aston Villa debía haberse cerrado antes de que ese tren pasase de largo por el andén número 2 (dorsal del ecuatoriano en el Milan) para no regresar jamás.

A diferencia de Estupiñán, Yunus Musah disputó 62 minutos formando pareja en la medular junto a Youssouf Fofana. Volvió a exhibir despliegue físico y predisposición táctica, pero volvió a mostrar carencias para adueñarse de la zona de creación. En el 3-4-2-1 de Amorim, los dos pivotes deben garantizar criterio en la distribución, precisión en la circulación vertical y una estricta disciplina posicional, atributos que el estadounidense continúa aportando solo a ráfagas y con un nivel de calidad ajustado.

Su despliegue genera volumen de juego pero no siempre control y, ante un Inter que llegó a acaparar un 56% de la posesión, el Milan acusó la falta de orden y pulcritud. No se trata de un descarte en lo personal hacia Musah, sino de un diagnóstico puramente técnico. Dar salida tanto a él como a Estupiñán permitiría liberar espacio en la plantilla y recursos económicos para incorporar a futbolistas con un perfil verdaderamente adaptado a las exigencias de Amorim. Insistir por puro principio, en cambio, corre el riesgo de transformar dos incógnitas de pretemporada en problemas estructurales durante el curso.

LUKA MODRIC SIGUE BRILLANDO

Con él en el terreno de juego, el Milan volvió a encenderse. De acuerdo, el Inter contaba con algún joven más sobre el césped y el impacto de los futbolistas introducidos en la última media hora por Rúben Amorim resultó superior al de los elegidos por Cristian Chivu; pero lo que es indudable es que a la remontada del Diavolo contribuyó de forma decisiva la entrada de Luka Modrić.

Fue el croata quien sirvió a Nkunku el pase filtrado que le permitió provocar (y posteriormente transformar) el penalti del empate. Y fue también él quien gestionó con criterio diversos balones, dotando de precisión a la circulación. En su entrevista a La Gazzetta dello Sport, Luka declaró que tenía decidido desde hacía tiempo continuar jugando en el Milan; por esa razón se mantuvo en forma durante las vacaciones y, con tan solo dos días de entrenamientos en las piernas, volvió a exhibir su clase en el derbi disputado en Perth. Resulta evidente que no está aún al máximo nivel físico y que debe amoldarse al fútbol de Amorim, pero con su presencia el equipo pareció de inmediato más seguro en el manejo del balón y más determinado.

No es casualidad que Amorim y sus compañeros lo consideren un futbolista especial, todo un Balón de Oro (2018) que sigue brillando a pesar de rozar los 40 años. El próximo 9 de septiembre soplará las velas de su 41º cumpleaños, justo tres días después de haber disputado, quizás como protagonista, el Juventus-Milan. Un aniversario de este calibre en la élite del fútbol no está al alcance de cualquiera, pero es que Luka es único.

«No me he quedado para dejar pasar el tiempo, sino para ganar», afirmó en su entrevista. Un mensaje nítido, refrendado en su primera aparición del curso luciendo el brazalete de capitán: con Modrić, el Diavolo mostró su cara más competitiva. Sus rivales quedan avisados: la jubilación para la leyenda croata puede esperar; él conserva intacta su hambre de títulos.