Ocho partidos sin encajar goles entre la Serie A y la Coppa Italia, solo un gol encajado (de penalti) en los grandes partidos contra Roma, Inter, Nápoles, Bolonia y Juventus. Sobre todo cuando importa, el Milan levanta un muro. La gran diferencia con la temporada pasada está sobre todo aquí: en la 12.ª jornada de la 2024-25, los rossoneri ya habían encajado 16 goles (contando los dos en la prórroga de Bolonia) frente a los 9 de esta temporada. ¿Qué ha cambiado? La respuesta es fácil. Massimiliano Allegri siempre ha sido una garantía a la hora de organizar la defensa, pero impresiona la rapidez con la que el equipo ha asimilado las peticiones del técnico de Livorno. ¿De qué se trata? Entremos en detalles.
Empecemos con algunos datos: el Milan tiene un centro de gravedad medio-bajo (49,2 metros), aunque sigue siendo corto en las distancias entre líneas (32,5 metros), y su actitud en la recuperación del balón es especialmente prudente (33,1 metros), aunque en momentos concretos del partido Max pide a sus jugadores que aumenten repentinamente la presión. Sin embargo, sigue siendo una excepción, no la norma, como confirma el índice PPDA, que mide la agresividad de la presión de un equipo. El Diablo es incluso el último de la Serie A en esta especialidad. Más que un defecto, es una elección deliberada: en general, al Milan le gusta esperar al rival, invitándole a descubrirse para luego golpear en los contraataques.
En detalle, ¿cómo defienden los rossoneri? Cuando no tienen la posesión, al inicio de la jugada, el 3-5-2 de Allegri suele transformarse en un 4-5-1: el delantero centro (antes Giménez, ahora Leao), más que presionar, «bloquea» la línea de pase del jugador contrario, dirigiendo así el desarrollo de la jugada; el segundo delantero (Pulisic) retrocede a la línea de los centrocampistas, mientras que los dos laterales se deslizan formando una defensa de cinco. Al quedarse corto, el Milan deja muy poco espacio entre su retaguardia y el mediocampo, formando de hecho una doble barrera difícil de superar.
Sin embargo, cuando en los finales tiene que defender la ventaja contra rivales especialmente temibles, el Diablo sabe atrincherarse aún más, como ocurrió en el derbi o en el partido contra el Nápoles con diez jugadores. No en vano, es el equipo que ha enfrentado más centros en su área en la Serie A. Además de la capacidad de los defensas en los duelos —desde Tomori hasta Gabbia y Pavlovic, estos dos últimos muy hábiles también en el juego aéreo—, hay que destacar el increíble sacrificio de Luka Modric, que se convierte básicamente en un mediocampista/defensa fundamental a la hora de interceptar los pases del rival. Así, el Milan se vuelve impenetrable. Y si algo se cuela, siempre está Mike Maignan, que ha vuelto a ser mágico bajo los palos.