El colapso árabe de 90 millones

El Milan partió hacia Italia a las 11 hora local de Riad, las 9 de la mañana para los lectores, y lo hizo con muchos interrogantes más en torno a su plantilla, que en una fría noche árabe de la segunda quincena de diciembre se vio congelada por un fracaso técnico casi total en lo que respecta a los fichajes más caros realizados en el mercado de verano. Porque, si lo miramos bien, la columna vertebral de la alineación titular elegida por Massimiliano Allegri anoche representa el podio de los tres fichajes más caros que el Milan pagó entre julio y agosto.

Entre De Winter (18 millones), Jashari (35 millones) y Nkunku (37), en el campo había nada menos que 90 millones repartidos entre las tres posiciones, pero si bien es cierto que en el campo no se juegan las transferencias, también lo es que estos gastos deben justificarse y, por el momento, en el Milan hay que plantearse más de una pregunta sobre cómo se ha creado un equipo que, fuera de los 12-13 titulares, está fallando en las alternativas.

La inversión realizada en verano en Koni De Winter para sustituir a Malick Thiaw es ya un fracaso certificado. No hay partido en el que haya jugado el exjugador del Genoa en el que no haya cometido errores técnicos que le hayan costado caro al Milan. Solo en los dos últimos partidos, el belga tiene en su haber la fase crucial del gol del empate del Sassuolo (donde le da el cuerpo a Pinamonti, que luego envía a Laurienté a la portería) y, sobre todo, los dos goles de anoche del Nápoles, donde fue «intimidado» por Hojlund. Como suplente de Gabbia no rinde, le cuesta, y por eso Allegri quiere otro defensa central (¿alguien ha dicho Thiago Silva?). Porque De Winter, en un Milan ideal, debería ser el suplente de Tomori y no el primer cambio para los tres centrales.

La gran novedad de anoche fue Ardon Jashari como titular en lugar de Luka Modric. Una decisión valiente por parte de Allegri, que no solo quiso dar descanso al croata, que no ha estado muy acertado en los últimos partidos, sino que acertadamente quiso que el exjugador del Brujas se enfrentara a su primera prueba importante. Un bautismo de fuego tímido, que le llevó a jugar mucho en horizontal y muy poco en vertical, lo que hizo que el juego del Milan resultara aséptico y predecible. No tiene el ritmo del partido en las piernas ni en la cabeza, tiene muy buenas cualidades técnicas, pero tendrá que volver a los libros del manual del director de juego para poder aspirar a jugar más minutos.

A estas alturas, hablar de Christopher Nkunku es casi como disparar a una cruz roja. Una tarea extremadamente sencilla que el delantero francés hace aún más fácil con sus actuaciones en el campo. Cuando anoche dio el pase que Saelemaekers envió directamente al desierto desde una posición excelente, incluso los aficionados árabes en el estadio se sorprendieron. Cuando se invirtieron los papeles y Nkunku desperdició la mayor contraataque del Milan, la resignación alcanzó niveles muy altos, casi como si ya se hubieran acostumbrado a ver ciertos errores. Y pensar que, por otro lado, Hojlund, con quien se negoció durante mucho tiempo en verano, condenó al Milan a la eliminación…