Es el Estadio Olímpico de Roma, pero podría ser la Île-de-France: Manu Koné y Adrien Rabiot se encontrarán mañana en el campo y podrían cruzarse después en los alrededores de París. El jugador giallorosso nacido en Colombes, el rossonero originario de Saint-Maurice. Los separan seis años y unos veinte kilómetros, uno al norte y otro al sur de la capital francesa. La selección nacional une lo que el Roma-Milan divide: han jugado juntos seis veces por deseo del seleccionador Deschamps, la primera precisamente en el Italia-Francia (1-3) de noviembre de 2024, con doblete de Adrien.
Se jugaba en San Siro, la que solo después se convertiría en la casa de Rabiot. Hoy es un insustituible del Milan, el referente del centro del campo rossonero. Con él, el Milan nunca pierde: la única caída de Max en Serie A fue en el debut liguero contra la Cremonese. Después, pidió que fuera precisamente Rabiot —a principios de temporada en el Marsella— quien tomara al equipo de la mano y lo condujera hasta donde está hoy. Con Adrien como titular, el Milan ha jugado trece partidos: diez victorias y tres empates. El punto obtenido en Florencia se logró solo una vez que el “12” rossonero entró al campo.
El impacto del francés en los resultados del equipo no es casual: aporta calidad, músculo y, sobre todo, liderazgo. Rabiot es el segundo después de Modric en media de votos de la Gazzetta (6,65 frente a 6,78) y en trofeos conquistados en su carrera (21 Adrien, 34 Luka). Pivote o llegador, clase y físico: contra el Como elevó su cuenta a tres goles esta temporada.
A propósito de números: al Milan le costó cinco millones y hoy, a sus treinta años, tiene un valor casi triplicado. Una estimación puramente teórica: con Allegri y Rabiot, el club quiere reconstruir un futuro ganador. Y ciertos caminos pasan por Roma, por desafíos como el de mañana por la noche: el cuarto clasificado recibe al segundo, con los equilibrios de la zona Champions en juego. Y en el centro del desafío están ellos, Rabiot y Koné.
También Manu Koné tiene ganas de tomar a la Roma de la mano y llevarla aún más alto. Porque el centrocampista francés de la Roma sabe bien que vencer al Milan permitiría a su equipo cambiar totalmente de perspectiva, asaltando incluso el segundo puesto. Además, desde que está en Italia, Koné solo ha ganado una vez de cuatro enfrentamientos contra los rossoneri, sin lograr nunca influir particularmente. Incluso en la ida, en un partido en el que la Roma brilló durante mucho tiempo, Koné no es que echara chispas.
La ocasión propicia llega precisamente mañana, considerando que últimamente el francés ha crecido también en la fase realizadora frente a portería, uno de los aspectos que más le penalizó en su aventura giallorossa. Por el contrario, en las últimas tres semanas ha marcado dos goles, anotando primero ante el Genoa y luego también ante el Sassuolo. Síntoma de que Koné está creciendo también en autoestima y personalidad, aspectos que lo han convertido en un pilar de la gestión de Gasperini.
Quedan lejos los días del pasado verano, cuando Koné estuvo cerca de ser traspasado al Inter. Este, con el Milan, de hecho podría haber sido su nuevo derbi. En cambio, sigue siendo un desafío que puede relanzar hasta horizontes infinitos las expectativas giallorossas. Koné esta vez quiere dejar huella y, si después tiene que despedirse de todos al final de temporada por exigencias de balance, paciencia. Lo importante será haberlo hecho dejando un buen recuerdo. Y ganando mañana, la posibilidad es aún mayor…