Cuando el árbitro Piccinini anuló inicialmente el gol del Parma y fue llamado por la sala VAR al monitor, la mayoría de los presentes pensó que la imagen clave sería la forma en que Troilo se había impuesto a Bartesaghi para cabecear (de hecho, Leão publicó en sus redes sociales una captura de ese salto tras el partido).
Sin embargo, el foco arbitral estaba en otro punto, milésimas de segundo antes: el posible bloqueo de Valenti sobre Maignan, que habría obstaculizado la salida del portero francés.
Finalmente, al explicar públicamente su decisión (mediante el sistema de audio en directo del estadio), Piccinini aclaró: “Tras la revisión, el número 5 del Parma non commette nessun fallo su Maignan (no comete falta sobre Maignan) y el gol es reglamentario”.
El post-partido rossonero se encendió de inmediato. En el punto de mira de las críticas estuvo el durísimo choque entre Corvi y Loftus-Cheek, que no conllevó ninguna sanción arbitral, y después el gol de Troilo saltando sobre la espalda de Bartesaghi, sumado al presunto bloqueo de Valenti.
Del “bloqueo” a la “obstrucción”, de hecho, hay un paso muy corto. En el baloncesto es un método utilizado con frecuencia, pero también se usa en el fútbol. Se trata de bloqueos preventivos (o “semi-bloqueos”, como los llamó Landucci) realizados antes de que pase el balón. El objetivo es evidente: cerrar el paso al adversario, “romper” su trayectoria y hacerle perder ese instante decisivo para un anticipo o, en el caso del portero, para una salida.
La frontera entre la estrategia y la infracción es finísima. El fútbol es un deporte de contacto, pero el área pequeña suele ser territorio “protegido”, especialmente para los porteros. Los árbitros tienden a castigar casi siempre las intervenciones en las que los rivales los tocan, los desplazan o los molestan.
Tanto es así que Piccinini, en un primer momento, había anulado el tanto. El criterio cambió tras la larguísima revisión en el monitor. Reglamento en mano, la norma indica que “obstaculizar la progresión de un adversario significa desplazarse hacia la trayectoria de un oponente para obstruirlo, bloquearlo, hacer que reduzca la velocidad o forzarlo a cambiar de dirección cuando el balón no está a distancia de juego de ninguno de los dos futbolistas”.
Dicha norma, si se siguiera al pie de la letra, equivaldría a detener el juego más o menos cada dos minutos. Por tanto, la discrecionalidad del árbitro se basa en la intensidad del contacto, manteniendo el concepto anterior: una cosa es un bloqueo en el centro del campo y otra muy distinta en el área pequeña.

En el post-partido, además, el segundo de Allegri, Landucci, evitó echar leña al fuego. Es más, prácticamente absolvió a Piccinini: “El árbitro decidió así; nosotros no debemos buscar coartadas, porque nosotros también hacemos lo mismo. Son semi-bloqueos que no se pitan. Él (Valenti) fue puesto ahí a propósito para jugar el balón al segundo palo. No quiero comentar, nosotros también nos equivocamos; no sé si fue falta o no. Aceptamos, como siempre, las decisiones del árbitro”.
Entonces: ¿se pita o no se pita en casos como este? ¿Cómo preparan los entrenadores estos bloqueos? Trasladamos las preguntas a Stefano Nava, ex-defensor y entrenador rossonero: “Cuando se preparan los partidos, se evalúan las cualidades de los rivales. Sobre todo en los saques de esquina, se tiende a colocar a un jugador cerca del portero con la función de gravitar a su alrededor”.
“El planteamiento es sencillo: los balones llegan tan rápido que un portero debe decidir qué hacer —salir, cubrir el palo, qué posición tomar— en medio segundo. Si tienes a un ‘estorbo’ que te impide esa libertad de decisión, el que ataca tiene ventaja. A partir de ahí, pueden pasar dos cosas. O bien cuando sale el balón el trabajo de distracción cesa y ese jugador también busca el gol; o bien el ‘distractor’, si es astuto, se desentiende totalmente del balón. Se hace, lo hacen todos, depende también de la trayectoria del córner, si es cerrada o abierta”.
Nava apoya la tesis de Landucci y es bastante crítico con la fase defensiva rossonera: “La posición de Valenti es correcta; la culpa, a mi modo de ver, es de Maignan, que tendría que haberlo empujado, incluso de malas formas. El área pequeña es un reino intocable para un portero, él debe mandar. Para mí, es otro gol bajo su responsabilidad. Valenti es listo, no mira nunca la trayectoria del balón, solo cómo y hacia dónde se mueve Maignan”.
“Dicho esto, añadiría que Bartesaghi también tendría que haber sido dueño de la situación. No puede permitir que Troilo le salte encima; debe hacer valer su físico. Davide está creciendo muchísimo, pero en ciertas situaciones hace falta ‘veneno’”.
ERA PENALTY SOBRE LOFTUS-CHEEK
Por otro fin de semana consecutivo, el protagonista no fue el fútbol, sino el arbitraje. Tras los incidentes del Atalanta-Napoli, el Milan-Parma se vio empañado por errores groseros. Estas son las conclusiones de la moviola:
- El choque Corvi-Loftus Cheek: “¿Penalti?” La acción: Ambos miran el balón, nadie llega a tocarlo y el choque es inevitable.
- El veredicto: “La salida del portero fue imprudente, sin duda. Ante la duda, es más penalti que otra cosa”. Piccinini, incomprensiblemente, pitó falta a favor de la defensa del Parma.
- El gol de Troilo: “De la anulación a la validación” La acción: Piccinini anula el gol en el campo por falta de Valenti sobre Maignan. Tras la revisión en el monitor (OFR), cambia de opinión.
- El veredicto: La obstrucción de Valenti sobre Maignan existe, pero no es “neta ni invalidante”. Sin embargo, el periódico señala que la acción de Troilo, que arrolla a Bartesaghi al caer, podría haber sido considerada falta. Al final, gol validado tras mucho esfuerzo.
- Otros episodios (No penaltis) Keita-Leão: Contacto ligero, nada punible.
Conclusión del Corriere: “Camplone (VAR) se lleva un 5. Una sí, otra no: así no funcionan las cosas”.

OCHO SEMANAS DE BAJA PARA EL JUGADOR INGLÉS
Esta es la noticia que nadie en Milanello quería recibir. Se confirma la gravedad del choque con el portero Corvi y las consecuencias para el centrocampista inglés son serias. Aquí tienes la traducción y el análisis del comunicado oficial:
AC Milan comunica que Ruben Loftus-Cheek sufrió ayer un importante traumatismo facial que le provocó la fractura del proceso alveolar de la mandíbula. El futbolista fue ingresado en el departamento de Cirugía Maxilofacial y Clínica Odontológica del Hospital Santi Paolo e Carlo, donde hoy ha sido intervenido quirúrgicamente por el Dr. Luca Autelitano.
La operación de reducción y estabilización de la fractura ha sido un éxito total. Ruben se encuentra bien y ya ha recibido el alta hospitalaria. Los tiempos de recuperación estimados son de aproximadamente ocho semanas (2 meses).
El mensaje de Ruben en redes sociales: “Ha sido un golpe duro, pero lo peor ya ha pasado. Gracias de corazón a todo el equipo médico que me ha asistido con profesionalidad. Un gracias especial a vosotros, los aficionados, por los muchísimos mensajes de afecto: me han dado una fuerza increíble. Gracias a mis compañeros: somos un grupo, somos una familia. Ahora, adelante hacia nuestros objetivos, fuertes y unidos. Together”.