Los días posteriores a la victoria del miércoles en la Conference League no los ha pasado Oliver Glasner celebrando, sino (sobre todo) estudiando al Milan. Al cara a cara de las próximas horas con Cardinale y sus hombres, el ya exentrenador del Crystal Palace quiere llegar preparado. Es decir, con un cuadro muy claro tanto de lo que no ha funcionado en la última temporada como de una plantilla que pretende revitalizar apostando por algunos elementos clave que conoce y valora desde hace tiempo. Porque, aunque hasta ahora ha entrenado en Austria, Alemania e Inglaterra, es un estudioso del fútbol y de los jugadores. Lo mismo ocurre con su cuerpo técnico, que le está ayudando a poner a punto el “dossier Milan” de cara a la cumbre con la propiedad rossonera que puede cambiar su carrera.
En el Crystal Palace ha utilizado prácticamente siempre el 3-4-2-1. En el pasado, particularmente en el Wolfsburgo, apostó por la defensa de cuatro (4-2-3-1), pero todo hace pensar que continuará con la línea de tres atrás —la cual le ha permitido levantar trofeos e imponerse al otro lado del Canal de la Mancha— y que implementará un tridente “anómalo” (dos mediapuntas y un delantero). ¿Aportará un fútbol más ofensivo en comparación con el 3-5-2 de Allegri? Cardinale así lo espera.
Junto al guardameta y capitán Maignan, el jugador fundamental para Glasner es Pavlović, quien en la defensa de tres tiene más seguridad en los cierres y una mayor propensión a atacar con el balón en los pies. De Winter cuenta con experiencia internacional y con su físico puede serle útil; lo mismo ocurre con Gabbia, que puede transmitir el ADN milanista a los nuevos del vestuario. Sobre Tomori, la elección estará ligada al futuro: le queda un solo año de contrato y habrá que entender si el club quiere hacer un corte limpio con el pasado buscándole acomodo en otro equipo (¿pero aceptará el interesado?). Lo que es seguro es que Glasner pedirá al menos un par de refuerzos para la línea defensiva, ya que sabe bien lo desgastante que es jugar los jueves en Europa y los domingos en la liga.

En el centro del campo, mucho gira en torno a las confirmaciones (sobre todo Rabiot, que gusta al Nápoles y querría seguir a Allegri), a la elección de Modrić y a las salidas (parecen haber terminado las aventuras de Loftus-Cheek y Fofana). Saelemaekers, Athekame, Bartesaghi y Estupiñán tienen el despliegue físico que se necesita para jugar con el austriaco en las bandas. Esto no significa que se vayan a quedar todos, pero ojo a un detalle: Estupiñán se enfrentó a él cuando el ecuatoriano estaba en el Brighton, y Oliver vio a un jugador diferente al que tienen en la retina los milanistas tras la última temporada.
Desde luego, Glasner no es de los que ponen el grito en el cielo cuando el club quiere vender a alguna pieza valiosa: en el Crystal Palace, de 2024 a 2026, le vendieron a Olise (Bayern), Andersen (Fulham), Eze (Arsenal) y Guéhi (Manchester City); y, a pesar de ello, conquistó tres trofeos e hizo crecer al club. Sin duda, en la medular hará falta consistencia y calidad dependiendo de las salidas. Jashari puede desempeñar un papel importante.
¿Y en ataque? Leão se ha autoexcluido del futuro rossonero. Pulisic puede quedarse y aportar peso internacional al nuevo Milan; Cardinale quiere retenerlo y Glasner lo conoce bien. Aún más detalladas son las referencias que tiene sobre Nkunku: el francés le hizo perder la Copa de Alemania de la temporada 2022-23 en la final de Berlín, cuando el ahora milanista anotó un gol y dio una asistencia para el triunfo del Leipzig contra el Eintracht. Un delantero centro hará falta seguro, uno que garantice goles: en la plantilla ahora mismo solo está Giménez, a quien Ibra quiso con fuerza. ¿Aceptará traspasarlo o esperará que Glasner lo recupere?. Lo cierto es que, además del punta, entre los dos mediapuntas hace falta un toque de calidad y al menos una inversión de peso.
Glasner, sin embargo, no gusta solo al Milan. El Bayer Leverkusen no ha dejado de pensar en él y por eso el Milan quiere darse prisa. El técnico está interesado en vivir una experiencia en una liga diferente y en una aventura en un equipo que le pueda garantizar ganar (esta vez) un campeonato liguero. Desde esta perspectiva, el Diavolo le ofrece más garantías en comparación con el Leverkusen, pero también se necesitan rapidez e ideas claras.
SE DECIDE ESTA SEMANA SOBRE RANGNICK
Los pensamientos se esconden detrás de sus gafas de profesor. Ralf Rangnick ha elegido en estos días un sano cerrojo (catenaccio) diplomático: en sus declaraciones es prudentísimo. Algo comprensible dado el momento. Por lo tanto, conviene distinguir entre las palabras y los sentimientos.
Con palabras, RR no ha dado indicios sobre los contactos con el Milan: «No voy a confirmar ni a desmentir —dijo en la rueda de prensa previa al partido amistoso contra Túnez—. Mi interlocutor ahora es solo la federación austriaca, no hay nada más que decir». Los periodistas, en la sala de prensa del centro federal, asistieron con la cabeza: ellos piensan que Rangnick se quedará. El clima por esto en la “Coverciano vienesa” era relajado, con la visita de los amigos de Alaba y la presentación de la canción que acompañará a la selección en los Estados Unidos (muy rock, un poco trash, pero con su aquel).
La realidad, sin embargo, es un poco diferente. El técnico está muy impactado por la propuesta del Milan y la está valorando seriamente. Es más, esta semana está previsto un nuevo contacto con Gerry Cardinale, Massimo Calvelli y Zlatan Ibrahimović, tras el encuentro del martes en Viena. En cuanto a la federación austriaca, Rangnick no miente: tiene sobre la mesa una propuesta para seguir entrenando a Austria, y la novedad de estas últimas horas es que tenemos una fecha límite. En siete o diez días como máximo dará una respuesta a la Österreichischer Fussball-Bund: no quiere comenzar el Mundial siendo un entrenador en el aire. Dentro o fuera… y el Milan observa como espectador interesado.
Rangnick tiene dos caminos claros: seguir recto o cambiar de vida. Continuar significa aceptar la propuesta de la federación austriaca, que francamente ha hecho todo lo posible por él. Ha convencido a algunos patrocinadores para participar en la ficha, que se duplicaría: del millón actual a los 2 millones de euros netos por temporada para el próximo bienio. ¿Hay un Mundial a la vuelta de la esquina? No importa, la federación está dispuesta a comprometerse antes del inicio. Depende de Rangnick decidir, y harán falta unos días. «Aquí es queridísimo —dice Rainer Bortenschlager, periodista de Kronen Zeitung—. En mi opinión, el equipo es más fuerte que hace dos años, no tiene lesiones importantes y en el Mundial puede dar la sorpresa».
El cambio, en cambio, es el Milan. RedBird ha llamado a Rangnick para hablar de un puesto como jefe del área deportiva —no como entrenador— y en estos días ha realizado nuevas entrevistas. Es una partida de póker porque tanto el Milan como Rangnick tienen otras soluciones, y RedBird debe decidir si confiar en un jefe del área deportiva que durante un mes estará ocupado con el Mundial.
Una pregunta ha estado rondando estos días: ¿cómo puede Rangnick aceptar al Milan si en abril de 2024 le dijo “no” a los 10 millones de euros netos por temporada del Bayern? Hay una respuesta. En primer lugar, por el rol: el Bayern le pedía entrenar y decidir sobre las categorías inferiores y el scouting. En el Milan, en cambio, no entrenaría. Después, por los tiempos: hace dos años, el trabajo con Austria estaba empezando y Rangnick prefería vivir esa aventura antes que sentarse en el banquillo cada tres días. Ahora el ciclo de Austria está cumplido —lo estará dentro de un mes y medio— y un cambio sería más lógico. Por este motivo lleva seis meses reflexionando sobre la renovación sin llegar a aceptarla.
La clave probablemente estará en entender si el Milan le dará autonomía en las decisiones y presupuesto para su plan. «El técnico necesita competencias sólidas dentro del club para expresar plenamente su potencial», afirma Alois Tschida, que sigue a Austria para la agencia APA. Rangnick es así, no es un dictador sino un líder racional: acepta solo proyectos en los que tiene margen de maniobra para realizar sus ideas. Y sus ideas nunca son conservadoras: en el panorama italiano, muy encorsetado, sería un hombre de cambio.
La lógica dice que la convivencia con Ibrahimović es uno de los grandes temas sobre la mesa. Rangnick en 2020 imaginaba un Milan sin Ibra, pero hoy el quid de la cuestión es comprender si podrían trabajar juntos, tomando las decisiones junto a Cardinale y Calvelli. La certeza es que no hay negociaciones concretas con otros clubes. Rangnick le dijo “no” al Borussia Dortmund en enero de 2025 y a un club turco más recientemente. Hoy su futuro está entre Viena y Milán, entre la selección austriaca y el Milan. El pasado dice que al hombre le atraen los retos, los contextos en los que hay que cambiar para entrar en una nueva dimensión. Y cuál es el desafío más fuerte, si Austria o el Milan, no hace falta ni escribirlo.

EL MILAN MUY ENFADADO POR LAS FORMAS DE LEAO
Una simple toma de razón. Ni incredulidad ni tampoco desconsuelo, porque en el fondo es algo que —bajo determinadas condiciones— les viene bien a todos y que en cierto modo se podía tener en cuenta. El Milan toma nota de las formas con las que Leão se ha puesto, de hecho, en el mercado, despidiéndose del Diavolo, pero desde luego no brinda por los tiempos ni por las modalidades elegidas por el portugués. Digamos que el club probablemente no se esperaba una toma de posición tan fuerte y tan unilateral en este momento. Lo cual certifica y subraya cómo, en el estado actual, el Milan se encuentra sin gobernantes, sin una columna vertebral: todo vale, puede pasar cualquier cosa, debido también a que los poquísimos supervivientes de la purga “cardinaliana” están de todos modos ocupados evaluando los mejores caminos para llenar los sillones vacantes. Se respira un aire de “sálvese quien pueda” (liberi tutti) en estos días, y es un aire que no trae consigo un buen olor.
Sin embargo, al tomar nota de la salida a la luz de Leão, del Milan también emergen algunas reflexiones. La primera es que, por cómo había evolucionado la temporada, no se trata de un rayo en un cielo sereno. Vamos, que la voluntad hecha pública por Rafa no sorprende en Via Aldo Rossi. Al mismo tiempo, no se le escapa (ni sorprende) al club cómo el anuncio del portugués ha llegado en el entorno de la selección, donde a menudo los jugadores hablan como jamás lo harían en el ámbito de la vida de club.
De cualquier modo, en Casa Milan nadie tiene la intención de tirarse de los pelos por el adiós, tanto es así que el club consideraba al jugador transferible desde hacía ya tiempo. Lo que se remarca con fuerza, si acaso, es el contexto general en torno al cual se mueven y se evalúan las cosas: Leão era y sigue siendo un activo (asset) valioso para el Milan, se le considera de todos modos el jugador más importante de la plantilla y, por lo tanto —con independencia de sus intenciones—, no hay ninguna intención de malvenderlo.
En este sentido, al haber decidido jugar a cartas descubiertas cuando el mercado aún debe comenzar, digamos que Leão no ha prestado un gran servicio al club: el riesgo de una devaluación existe. Mientras tanto, el entorno del jugador mira a su alrededor —y no desde hoy— y seguramente no se esperaba una toma de posición pública tan drástica por parte de Rafa.
Desde luego, estaba claro que el jugador se encontraba insatisfecho desde hacía tiempo, en particular con la gestión llevada a cabo por Allegri. El vínculo con Max se fue deteriorando progresivamente, lo que contribuyó a un desafecto de Leão más generalizado. Digamos que alrededor del portugués se han extrañado más de las formas que del fondo. Mientras tanto, el destino de Rafa está todavía todo por escribir.
CORSERA: LA SEMANA DE LA FUGA DE ESTRELLAS
Respecto al caos en la casa rossonera, la edición de esta mañana del Corriere della Sera titula de la siguiente manera: «Milan, la gran fuga de las estrellas. Llega la semana de la verdad». Ha pasado una semana desde los adioses de Giorgio Furlani, Geoffrey Moncada, Igli Tare y Max Allegri, y el Diavolo, de momento, todavía no ha sustituido a ninguno de ellos.
Para complicar aún más las cosas, en las últimas horas llegaron las palabras de Rafael Leão, quien anunció que su experiencia en el Milan ha concluido tras siete años y que desea cambiar de equipo: «Al club ya le he dado todo lo que tenía. Ahora ambiciono ponerme a prueba en otro campeonato. Si esto sucediera, estaría muy feliz».
Sin embargo, la marcha de Leão —que podría ser traspasado por una cifra de entre 50 y 60 millones de euros— podría no ser el único adiós ilustre en la casa rossonera en esta ventana del mercado estival: en el aire se encuentran también, por ejemplo, Luka Modrić, cuyo contrato está a punto de expirar y por ahora no ha decidido su futuro; Adrien Rabiot, a quien Allegri se llevaría encantado consigo al Nápoles; y atención también al destino de Mike Maignan, otro de los fieles de Max que renovó hace pocos meses gracias, en parte, a la insistencia del técnico de Livorno. Mientras tanto, comienza una semana crucial en la que el Milan espera ocupar alguna de las casillas vacías en su organigrama.