Celtic 2 – 2 Milan

El Milan remonta un 2-0 de la primera parte en un doble fallo defensivo, pero la entrada de Camarda en la segunda parte fue clave para hacer un doblete, donde otro jugador que ha destacado es Chukwueze que podría tener una gran visibilidad esta temporada con Amorim

PRIMER TIEMPO

El partido en Celtic Park comenzó con intenciones prometedoras para el conjunto rossonero, que buscó adueñarse de la posesión e imponer una presión alta en los primeros compases. Sin embargo, toda esa buena puesta en escena se desmoronó muy pronto por culpa de las imprecisiones individuales. En el minuto 11, Strahinja Pavlović cometió un error garrafal en un cesión hacia el joven guardameta Torriani, regalándole un auténtico “caramelo” a Durán, quien solo tuvo que empujar el balón a placer para firmar el 1-0. Un jarro de agua fría que afectó de inmediato al ritmo y a la confianza del equipo.

Tras el golpe inicial, los de Allegri acusaron la falta de ritmo ante un rival escocés mucho más rodado físicamente a estas alturas del verano. Las imprecisiones en la salida de balón siguieron siendo una tónica constante, obligando a Tomori a intervenir in extremis para evitar males mayores en la construcción desde atrás. El Celtic olió la sangre y no levantó el pie del acelerador, aprovechando el atasco ofensivo de un Milan incapaz de encontrar vías de escape por las bandas. Ni los intentos de incursión de Bartesaghi ni la presencia física de Kostic lograban inquietar la estructura local.

Antes de la media hora, el guion de pesadilla se repitió de manera casi idéntica para condenar aún más al bloque rossonero. En el minuto 28, una nueva cesión fallida, esta vez firmada por Ricci, dejó de nuevo a Durán con todo a favor; el delantero no fue avaricioso y cedió el esférico a Forrest para que ejecutara el 2-0 sin oposición. Con el marcador muy cuesta arriba, el Milan se vio superado en las transiciones defensivas, obligando a Ricci a cometer una falta peligrosa en el límite del área que estuvo a punto de suponer el tercero de no ser por una gran estirada de Torriani.

En los instantes finales de la primera mitad llegó la única reacción reseñable del equipo, nacida de las botas del joven Comotto, sin duda el hombre más entonado de los visitantes. El canterano protagonizó la ocasión más clara del Milan al probar suerte con un disparo lejano tras una combinación con Loftus-Cheek, aunque su remate salió algo mordido y se perdió por el fondo. Con las piernas aún muy pesadas por el trabajo de pretemporada y multitud de imprecisiones por corregir, el Milan se marcha a vestuarios con mucho trabajo por hacer para maquillar la imagen en la segunda parte.

SEGUNDO TIEMPO

El paso por vestuarios sentó de maravilla al conjunto rossonero, que revolucionó su alineación con una gran cantidad de modificaciones tácticas introducidas por Rubén Amorim. La entrada del joven Francesco Camarda cambió por completo el rumbo del encuentro desde el primer instante del segundo acto: en el minuto 46, el delantero nacido en 2008 fue derribado de forma clara dentro del área tras un gran desmarque. El propio Camarda asumió la responsabilidad desde los once metros y no perdonó, ejecutando una pena máxima impecable que colocó el balón cerca de la escuadra para recortar distancias y meter de lleno al Milan en la pelea.

El vendaval milanista continuó desatándose en los minutos posteriores gracias a la electricidad de Samuel Chukwueze, totalmente desatado por la banda derecha en la nueva disposición de Amorim. Tras un par de avisos serios de Camarda con remates de cabeza y disparos colocados, la igualada definitiva llegó en el minuto 52 tras una jugada magistral: Chukwueze desbordó a su par y puso un centro exquisito de trivela para que Camarda firmara su doblete personal con una gran testata desde muy cerca. Una reacción meteórica que devolvió las tablas al marcador en apenas siete minutos de locura.

A partir del ecuador de la segunda mitad, la rotación continuó en ambos banquillos con el ingreso de futbolistas como Vos, Borsani y el debutante Alpha Cissè, lo que provocó que el ritmo del choque se volviera algo más trabado y disperso. Las malas noticias para el esquema técnico llegaron en el 68′, cuando Mario Gila tuvo que retirarse por un contratiempo físico para dar entrada al joven Vladimirov por pura precaución. El Celtic amenazó con recuperar la ventaja en el tramo final con un remate peligroso de Oxlade-Chamberlain y una gran jugada de Hatton, pero la zaga rossonera logró aguantar la embestida.

Los minutos finales certificaron el reparto de puntos tras dos minutos de añadido en Celtic Park, gracias también a una providencial intervención abajo de Torriani ante Hatton en el 85′. La imagen mostrada por el equipo en la segunda parte contrastó de manera radical con las dudas e imprecisiones del primer acto, dejando sensaciones muy positivas en la parcela ofensiva. El Milan rescata un empate con sabor a victoria en una prueba de carácter de la era Amorim, marcada por el impacto de la juventud y el desparpajo de Camarda.

MI OPINIÓN

La lectura del partido deja una lección clarísima para Rubén Amorim: este equipo tiene recursos de sobra para reaccionar cuando se le dota de dinamismo, verticalidad y desfachatez en las bandas. El volantazo táctico tras el descanso y la lectura de juego del técnico portugués permitieron ver una versión totalmente renovada del Milan, donde la electricidad de Chukwueze por la derecha fue el catalizador perfecto para desmontar la estructura del Celtic. El gran protagonista de la noche ha sido sin duda Francesco Camarda, demostrando un olfato goleador y una madurez impropias de un chico de 18 años al liderar una remontada relámpago que cambia el sabor de boca de la expedición rossonera.

Pese a la gran reacción ofensiva, el cuerpo técnico no debe perder de vista los desajustes defensivos y los despistes en la salida de balón que costaron dos goles en la primera mitad, además de los sustos concedidos en la recta final del choque. La pretemporada está para ajustar estos mecanismos de presión y corregir descoordinaciones antes del fuego real, pero la capacidad de respuesta demostrada ante un rival más rodado es un síntoma de salud competitiva. Hay motivos para el optimismo si se consigue consolidar esta versión agresiva y protagonista que imprimió el equipo tras la reanudación.