Milan 2 – 4 Bolonia

Primera derrota de la era Amorim en Serie A donde además Tomori se suma a la tremenda lista de bajas de cara al derby del sábado a pesar de ir ganando por 2-1 en la primera parte con doblete de Cissé, pero una segunda parte donde el hattrick de Mbangula destrozó a un Milan falto de ideas y físico para aguantar las acometidas del rival, aparte de una falta de gol de Gonzalo Ramos que empieza a ser ya realmente un caso bastante preocupante.

PRIMER TIEMPO

La velada en San Siro comienza de la peor manera posible para los rossoneri, que se ven castigados a los ocho minutos por un grave error en la construcción del juego que Mbangula aprovecha al máximo para adelantar al Bolonia. La reacción del equipo de Rubén Amorim, sin embargo, no se hace esperar y se materializa en el minuto 14 con un magnífico gol de Alhpadjo Cisse; los locales neutralizan la desventaja tras una gran recuperación de Hutchinson sobre la línea de fondo. El joven talento con el dorsal 70 firma así su primer gol ante su afición, igualando el marcador y dando un nuevo impulso al plan táctico inicial.

Con el empate provisional, el Milan toma el control absoluto del esférico aunque tropieza repetidamente con el ordenado entramado defensivo planteado por los visitantes en la medular. Pese a algunos errores técnicos en la circulación, la insistencia local encuentra premio en el minuto 27 gracias a otra brillante acción individual de Hutchinson y la providencial asistencia de Tomori que Cisse transforma en el 2-1. El encuentro entra entonces en una fase de control estratégico, con protestas locales por una falta no señalada sobre Gonçalo Ramos al borde del área.

A falta de cinco minutos para el descanso, el ritmo del choque decae ligeramente mientras los rossoneri circulan el balón con paciencia a la espera de encontrar resquicios en la defensa boloñesa. Los fantasmas de la lesión sobrevuelan San Siro en el 41′, cuando Fikayo Tomori se desploma sobre el césped tocándose el flexor, obligando a Luka Modrić a calentar con urgencia en la banda. Afortunadamente, el defensa inglés logra reincorporarse al terreno de juego para probarse en los compases finales de la primera mitad.

Tras cumplirse el minuto de añadido decretado por el colegiado, el árbitro pita el final de los primeros cuarenta y cinco minutos con el momentáneo triunfo parcial por 2-1 para los locales. El Milan encamina el túnel de vestuarios por delante en el marcador, obligado a gestionar con inteligencia la ventaja y a vigilar de cerca la evolución física de Tomori de cara a la reanudación. Una primera mitad de carácter, reacción y efectividad ofensiva para encarrilar la noche en San Siro.

SEGUNDA PARTE

La segunda mitad comenzó con un guion totalmente inesperado, ya que el Milan pareció olvidarse de saltar al césped de San Siro tras el descanso. El Bologna aprovechó esta pájara monumental para darle la vuelta al marcador en apenas un suspiro, primero con un desafortunado autogol de Bartesaghi en el minuto 60 y, un minuto después, con el segundo tanto particular de Mbangula. Los hombres de Rubén Amorim sufrieron un apagón colectivo alarmante, incapaces de contener las acometidas visitantes y perdiendo el control absoluto de la medular.

Pese a los intentos de reacción desde el banquillo con la entrada de hombres de refresco como Pulisic, Diawara y el joven Camarda, el equipo rossonero no logró generar verdadero peligro sobre la meta defendida por los boloñeses. Los visitantes continuaron mandando en la medular y rozaron la ampliación de la renta con un disparo cercano de Cambiaghi tras otra pérdida local en la frontal. La apatía competitiva y los errores en la salida de balón lastraron por completo las opciones de un Milan desdibujado en este tramo.

A falta de pocos minutos para el final, el joven Camarda dispuso de la única ocasión clara para los locales con un testarazo a centro de Cisse que se marchó lamiendo el poste por escasos centímetros. Sin embargo, la ley del Luso-belga Mbangula volvió a cumplirse en el minuto 87, cuando firmó su tripe personal y el definitivo 1-4 que sentenciaba la contienda. Un castigo muy severo que certificaba la primera derrota en el campeonato doméstico para los rossoneri diez años después.

Tras cumplirse los tres minutos de tiempo añadido decretados por el colegiado, el pitido final selló el humillante 2-4 en San Siro ante un Bologna imperial. El técnico Rubén Amorim tendrá trabajo urgente para corregir la fragilidad defensiva y el desconcierto mental mostrados tras el intermedio. Un duro varapalo que obliga al Milan a hacer autocrítica y resetearse de inmediato para recuperar la solidez perdida en la Serie A.

OPINIÓN DEL PARTIDO

La estrepitosa caída sufrida frente al Bologna en San Siro destapa grietas preocupantes en la gestión de los partidos por parte del Milan de Rubén Amorim. Tras una primera mitad solvente donde el equipo supo reaccionar al golpe inicial, el desplome psicológico y táctico tras el descanso resultó desconcertante. Ceder el control del encuentro y encajar goles en cascada refleja una fragilidad defensiva inadmisible para un conjunto que aspira a dominar la Serie A.

En el aspecto individual, la figura de Mbangula se erigió como un verdugo implacable ante una retaguardia rossonera completamente desdibujada y sin capacidad de reacción. Los cambios introducidos desde el banquillo no aportaron la frescura ni el rigor necesarios para enderezar el rumbo, dejando a un equipo inofensivo en ataque y frágil en la medular. La falta de contundencia en ambas áreas terminó pagándose con una derrota histórica que duele tanto en lo numérico como en lo anímico.

Este varapalo ante el cuadro boloñeses rompe la racha positiva y deja en evidencia que el bloque aún necesita consolidar su madurez competitiva ante escenarios adversos. Conceder facilidades en la salida de balón y perder la concentración durante los minutos clave son asignaturas pendientes que el cuerpo técnico debe corregir de inmediato. La exigencia del campeonato no permite relajaciones, y este tropiezo debe funcionar como un toque de atención severo para recuperar la solidez perdida.