Un Milan ya sin ADN europeo

¿Cuál es el verdadero Milan? ¿El agresivo, concentrado, a ratos brillante del derbi o el desganado, deshilvanado, estéril visto ayer contra el Ferencváros? Probablemente el verdadero Milan es ambas cosas, condenado también por límites estructurales a alternar actuaciones positivas y pruebas insulsas. Así, que quede claro, no se va lejos, porque no puede haber ambición sin continuidad. Los últimos seis partidos son una constante alternancia entre victoria y derrota. Solo una vez de cinco ocasiones los rossoneri han remontado una situación de desventaja: señal de una gran dificultad para reaccionar. El Milan no tiene matices de color: si se baja del lado correcto de la cama, es un placer; si se levanta de mal humor, no encuentra modo de arreglárselas.

El camino en Europa League se complicó de modo peligroso: el ascenso directo a la segunda fase pertenece a la esfera de los sueños, pero también la clasificación a los playoffs está en el aire. Ahora el Milan estaría fuera y el calendario prevé la difícil visita al campo del Olympiacos y el partido en casa con el Sunderland antes de dos desafíos más sencillos. El Milan lado A no tendría problemas para terminar entre los primeros 24; el Milan lado B corre el riesgo de no conseguirlo. Hay que ver además cuánto interesa de verdad la Europa League: está bien que la plantilla no sea profunda y que las lesiones sean un alibi sólido, pero las elecciones de Amorim han dejado claro que se consideraba más importante la visita del domingo a Génova. Sin embargo, haciendo ciertas elecciones se crece poco. Hasta ahora en Europa los rossoneri han hecho tres papelones en cuatro jornadas. Difícil de aceptar; este es el Milan: una copa internacional no puede considerarse como un amistoso entre semana.

El partido contra el buenísimo Ferencváros se interpretó francamente mal: pésimo enfoque, formación cerebrológica (neto de las ausencias, que hay que considerar pero no justifican la absoluta mediocridad), intensidad nula. Como si los jugadores siguieran con resaca después de los festejos del derbi. Amorim optó por un 4-2-3-1 que confiaba a Jashari la dirección y a las flechas Hutchinson y Cisse la tarea de descomponer la atenta defensa húngara. Faltaba el arco para lanzar las flechas, sin embargo. Jashari confirmó un preocupante déficit de personalidad: Borbely le puso encima a Bero y el movimiento bastó para obligar al suizo al trabajito, realizado además mal. Jashari no mostró nada más que alguna pirueta sobre sí mismo y una serie de inútiles pases horizontales.

El otro problema en la construcción era la posición adelantada de Rabiot, que era casi atraído hacia la mediapunta rival y así quedaba pantalleado fácilmente porque, a diferencia del derbi, recibía de espaldas a la portería y pasaba casi siempre hacia atrás. El valor añadido de Rabiot es la calidad que consigue dar box-to-box: la movilidad es imprescindible para exaltar sus características, y en cambio ayer estaba encarcelado por el dibujo de Amorim.

El resultado de un fraseo insistente y banal queda bien resumido por la primera media hora de Ramos: tres balones tocados (sí, tres) en media hora a pesar del 68% de posesión. ¿De qué sirve tener el balón si tu jugador más fuerte queda al margen del partido y el delantero centro nunca es servido? Suerte del Milan que en el primer tiempo Joseph mostró lo peor de su repertorio fallando, también por los buenos reflejos de Torriani, dos suculentas ocasiones generadas por errores de Musah y Bartesaghi. Se hará perdonar en la segunda parte.

Advertidos los problemas, Amorim trató de despertar al equipo metiendo a esos titulares de los que no se puede prescindir (Pulisic, Moreira, Gila) y retrasando a Rabiot, pero no hubo efectos positivos porque el equipo construía con previsibilidad y defendía sin compacidad. Joseph se puso en paz la conciencia marcando dos veces a puerta vacía (en el primer caso favorecido por un pase atrás loco de De Winter no controlado por Torriani; en el segundo, aprovechando una contra y un toque inteligente de Zachariassen, óptimo como el otro extremo Birmanevic), mientras que el primer disparo del Milan a puerta llegó al 36′ con Hutchinson, cuando el Ferencváros estaba con diez por la expulsión de Yusuf y Amorim había alineado también a Modric y Camarda, cerrando con un improbable 4-2-4 en el que Moreira hacía de lateral izquierdo. Movimiento de la resignación, es más, de la desesperación. ¿Qué versión del Milan se presentará el domingo en Marassi? Inevitable curiosidad.

LOS DATOS DE UN MILAN SIN ADN EUROPEO

El Milan, en el fútbol internacional, siempre ha representado uno de los modelos a seguir. El club rossonero fue el primero en ganar la Copa de Europa en Italia y ostenta el récord de victorias en nuestro país, con diferencia: 7 frente a las 3 del Inter y las 2 de la Juventus. El equipo milanista marcó épocas: la de Nereo Rocco, Cesare Maldini y Gianni Rivera; la de Franco Baresi, Arrigo Sacchi, los tres holandeses y la de Capello; la de Carlo Ancelotti, Paolo Maldini, Sheva y la de Kaká. Un verdadero patrimonio genético que con los años ha sido reconocido como el ADN Europeo del Milan. Hoy, al día siguiente de la fea figura en Europa League contra el Ferencváros en San Siro y en la temporada del Vigésimo aniversario de la última victoria en Champions League, esta inmensa herencia continental parece haberse perdido. Y lo dicen los resultados de estos últimos 20 años.

Si se mira al recorrido europeo del Milan después de Atenas, la noche de la revancha sobre el Liverpool con doblete de Pippo Inzaghi, no se puede dejar de notar el declive continuo al que el club rossonero ha ido al encuentro. En los primeros años post Ancelotti, neto de una sola temporada en la entonces Copa de la UEFA (2008/2009), el Milan mantuvo constante su clasificación a la Champions con Leonardo pero sobre todo con Max Allegri. Después de la última Champions levantada, el Diablo frecuenta la máxima competición europea hasta la temporada 2013/2014, temporada tras la cual comienza un ayuno de tres años consecutivos a nivel europeo. Y hay que decir que algunas señales de decadencia ya se habían entreviso: en cinco de las seis participaciones en Champions entre 2007 y 2014 el Milan llegó una vez a cuartos y por lo demás siempre fue eliminado en octavos.

El ayuno europeo terminó en 2017/2018 cuando Vincenzo Montella devuelve al Milan a Europa, aunque sea por la puerta de servicio, la Europa League. Durante tres temporadas el Diablo se clasifica a la Europa League: en las dos primeras sale en octavos con el Arsenal y en la fase de grupos a manos del Betis y el Olympiacos; en la tercera no participa por violaciones del fair play financiero. Después de un año más de parón forzado, el Milan se asoma a la era Stefano Pioli y vuelve a encontrar una vez más la Europa League donde, sin embargo, al año siguiente cae en octavos a manos del Manchester United. La temporada 2021/2022 es la del tan esperado regreso a la Champions League, la casa del Milan. El sorteo es inclemente y los rossoneri, aunque con una buena figura general, cierran en el fondo del grupo el grupo con Liverpool, Atlético y Porto.

La temporada siguiente, 2022/2023, es la mejor en absoluto, desde 2007 en adelante, para el Milan en el campo europeo, aunque tendrá el epílogo más burlón de todos. Los rossoneri se presentan en la Champions League como Campeones de Italia. Superan el grupo como segundos por detrás del Chelsea y en octavos, en un periodo complicado de la temporada, eliminan al Tottenham de Kane y Son. En cuartos, el derbi italiano con el Nápoles superfavorito y dominador en su país: dos partidos heroicos devuelven al Milan a la semifinal de Champions League 16 años después de la última vez. A esperar a los rossoneri está el Inter, que gana el doble enfrentamiento y hace amarísima la segunda mejor anualidad europea del Milan de los últimos veinte años. En el año siguiente el Milan no se repite: es relegado de los grupos de Champions a la Europa League y aquí pierde con la Roma de Daniele De Rossi en cuartos de final, en la edición que será ganada por el Atalanta. El año aún siguiente, el de Fonseca-Conceiçao, el Milan sale de manera ingloriosa en dieciseisavos contra el Feyenoord.

La temporada pasada el Milan se quedó a cero y acarició el regreso inmediato a la Champions League hasta 90 minutos del final del campeonato. La derrota clamorosa con el Cagliari en San Siro, en la última jornada de campeonato, determinó en cambio el regreso a la Europa League. Y el arranque en la segunda competición europea, en esta temporada, ha sido pésimo. A día de hoy el Milan ha sumado tres puntos pero sobre todo ha perdido tres partidos de cuatro sin marcar nunca un gol y encajando siempre al menos 2. Una situación, la actual, que calca el recorrido a trompicones y nunca realmente convincente del Milan en los últimos 20 años de Europa. Un club que parece haber perdido todo su ADN que un tiempo hacía temblar a todo el Viejo Continente.

JASHARI NO ES EL RECAMBIO DE MODRIC

Es inútil disparar a cero solo contra los individuales después de una derrota así, como la llegada ayer por la noche contra los húngaros del Ferencváros. Centrarse y reflexionar sobre lo visto en el campo, sin embargo, sí es lícito y obligatorio hacerlo. El tema está, por tanto, en el partido de Ardon Jashari y en general en todo el momento vivido por el suizo, hoy nunca continuo ni decisivo desde que viste la camiseta del Milan.

Una pregunta casi obvia. ¿Puede un jugador como Jashari estar listo para ser titular en el Milan en ausencia de un gigante como Luka Modric? La respuesta es no, claramente. Nada contra el chico, que en la temporada pasada nunca supo dar continuidad a sus actuaciones, gracias también a la grave lesión en septiembre y a la particular relación con Allegri y su modo de estar en el campo. Sin embargo, al menos con Amorim el suizo ha tenido modo de dar lustre a sus partidos. ¿El resultado? Poco, poquísimo. Jashari es tímido, se esconde a menudo detrás del hombre y tiende siempre a hacer la misma jugada.

Un apoyo corto, un lanzamiento que nunca supera realmente al hombre. A portería casi nunca dispara; la única vez, que recuerde, cuando en Udine, tras el rechace torpe de Okoye, Hutchinson encontró su primer gol con el Milan. Pero así, querido Ardon, no basta. Para dar sentido a la costosa inversión gastada el verano pasado, harían falta más señales, también de personalidad del propio jugador. La ocasión en Europa League era suculenta, y Jashari, como todo el barco, se hundió en un primer tiempo surrealista y absurdo. Con la camiseta del Milan, el centrocampista suizo ha jugado poquísimo. A día de hoy ni siquiera 30 partidos oficiales (29), salpicados de solo dos asistencias. Poquísimo.