El tridente es un símbolo del dios del mar, no de Max Allegri. Allegri, a lo largo de su vida, ha jugado de todas las formas: ganó un scudetto en el Milan con dos puntas y en la Juve alternó entre cuatro jugadores ofensivos, dos puntas e incluso tres atacantes. En este Milan no, nada de eso. En verano se reflexionó sobre el 4-3-3, pero pronto se pasó al 3-5-2. Ortodoxia pura: nunca una variación, para bien o para mal. Y sin embargo, en enero ha pasado algo. Allegri, entre el partido en casa contra el Genoa y el de Florencia, utilizó el tridente durante una hora: 35 minutos en casa, 24 fuera. Contra el Como no, pero… la señal es clara.

El objetivo, en los dos partidos, era el mismo: remontar. Contra el Genoa, en desventaja, Allegri retiró a Saelemaekers para dar entrada a Füllkrug y en el minuto 92, al inicio de un descuento infinito, obtuvo lo que buscaba: el gol de Leao. En Florencia, con 1-0 a favor de la “Viola”, Max se la jugó con Nkunku por Pavlovic. Faltaban 16 minutos. Hasta el pitido final, que llegó ocho minutos después del 90, Christo permaneció en el campo con Pulisic y Leao, terminando por celebrar aquel derechazo que golpeó en el poste antes de entrar.
La diferencia es notable: en casa fue un tridente clásico, con un delantero centro y dos extremos; fuera de casa fue un tridente ligero, con tres jugadores rápidos. Sobre el papel, ambos pueden funcionar. En la práctica, es necesaria un poco de improvisación: más allá de los ensayos en el entrenamiento, son jugadores poco acostumbrados a jugar así. Una constante, sin embargo, existe.

Allegri, en gran parte de esos 59 minutos con el tridente, pidió a Leao que se mantuviera abierto a la izquierda y utilizó a Pulisic como extremo derecho, tal como hacía Pioli. Rafa y CP11 en algunas situaciones contra el Genoa jugaron por dentro, más cerrados, pero a menudo el Milan los utilizó en la banda para jugar el uno contra uno y crear superioridad.
En conjunto, fue mejor contra el Genoa: en esos 35 minutos, el Milan fue peligroso con dos centros de Bartesaghi, un doble tiro de Rabiot-Pulisic con la defensa cerrada ante Leali, un cabezazo de Leao, una volea de Pulisic y, por supuesto, el gol de Leao tras un córner. En Florencia fue distinto: menos ocasiones, juego más predecible y casi nada más allá del empate.

A Füllkrug y a Nkunku, naturalmente, hay que buscarlos de forma distinta. Con el alemán tiene mucho sentido centrar y apoyarse en él para aprovechar su juego de espaldas a portería; con el francés es necesario buscar las combinaciones en la zona de tres cuartos. Con Niclas se vuelve muy importante Bartesaghi, que tiene pie para buscarlo desde la banda; con Christo adquiere importancia Leao, que no es hombre de centros y juega seguramente mejor con el balón al suelo. En todo esto, una evidente nota al margen: mucho dependerá de la condición atlética de los cuatro, porque ninguno está al 100% y Allegri lo ha dicho claro: si solo tiene a tres disponibles, el tridente se guarda en el desván.

Unas palabras, para terminar, sobre el equilibrio del equipo, porque con el tridente todo cambia mucho. El Milan lo ha utilizado en contextos particulares —últimos minutos, por debajo en el marcador— pero se encuentran algunas constantes. La posición de Fofana, por ejemplo. Youssouf en el Milan termina siendo siempre el interior más ofensivo, incluso cuando está Rabiot en el campo. En muchas situaciones, contra la Fiorentina, era él quien estaba en la zona de tres cuartos y no por casualidad el gol llegó así, con una jugada suya de “número 10”.
Saelemaekers, por el contrario, corre el riesgo de ser el sacrificado. En Como jugó algunos minutos como extremo derecho, mientras que Allegri en Florencia lo había dejado en el campo y el rubio belga se había mantenido lejos de la portería, como un centrocampista exterior cualquiera. Contra el Genoa, Max incluso lo sustituyó… y Alexis no, no parecía precisamente el hombre más contento de Milán.