Entonces, hay vida más allá de los sospechosos habituales. El Milan de Pulisic, Leão, Modric y Rabiot, por supuesto: existe y existirá porque los muros de carga de una casa no se pueden mover. Pero es reconfortante, sobre todo para el entrenador, saber que en una plantilla que sigue siendo bastante corta incluso tras la llegada de Füllkrug, existen soluciones alternativas utilizables con buen provecho no solo durante el partido, sino también desde el primer minuto. El Milan-Lecce lo ha demostrado.
En la víspera, Allegri había subrayado acertadamente la importancia de los cambios, volviendo con la mente al guion del partido de Como. En el fútbol de hoy, los cinco cambios dan realmente la posibilidad de transformar un partido cuando se aciertan. El Milan que se mantiene en la confortable estela del Inter, por ejemplo, hizo caer al Lecce gracias al gol de un reserva (pero, ¿reserva por cuánto tiempo más, con este Leao a medio servicio?), es decir, Füllkrug.
Y la aportación desde el banquillo se materializó a la perfección. Es más, habría podido ser incluso más cuantiosa si Loftus-Cheek no hubiera fallado increíblemente un balón —se estaba todavía con cero a cero— a medio centímetro de la línea de meta, y Nkunku no se hubiera dejado bloquear dos veces en el final, cuando cerrar el encuentro con el segundo gol habría garantizado más serenidad en los últimos suspiros del partido.
Pero Christopher, en cualquier caso, ya había cumplido con su parte en Como, devolviendo al “Diavolo” a la superficie al transformar un penalti cuando el balón pesaba como una esfera de plomo. Así pues, Nkunku y Füllkrug son las respuestas a las carencias goleadoras de los últimos tiempos de Pulisic y Leão, a quienes, por otra parte, no se les puede reprochar absolutamente nada: quince goles sumados entre dos jugadores que no son delanteros centro es un botín más que suficiente a mitad de temporada.
A pesar de algunos errores de más, está claro. Falcone hizo un medio milagro, pero ese derechazo al rincón —estábamos a la hora de juego— normalmente Pulisic logra colocarlo mejor. Unos metros más allá, fue casi doloroso para los ojos presenciar el evidente sufrimiento de Leão con un aductor que lo está limitando de forma importante. He aquí la clave: cuando los sospechosos habituales, por diversos motivos, faltan a la cita, es ahí donde se vuelve importante poder contar con quienes no gozan de tanta notoriedad.
Lo mismo sucede en la zona medular, pero en este caso no se trata de sustituciones providenciales, sino de santificar una titularidad que hasta este momento el entrenador había otorgado a cuentagotas. Es el caso de Ricci y Jashari. Titulares desde el primer minuto en lugar de Fofana/Loftus y, sobre todo, de Su Majestad Modric. El suizo [Jashari], a pesar de tener un par de balones perdidos peligrosos sobre su conciencia, ofreció una prueba de solidez y un mensaje bastante claro al mundo rossonero: cuanto más aumenta su tiempo de juego, más aumenta su eficacia.
Doble fase garantizada, al igual que para Ricci, cuyo trabajo es a menudo tan oscuro como eficaz: las jugadas espectaculares se las deja serenamente a los demás; él aporta la sustancia. Un “corta y confecección” (taglia e cuci) precioso. Todos estos son efectos y consecuencias de las rotaciones que Allegri ha tenido que poner en práctica en dos semanas donde ha habido muchos partidos seguidos. Ah, nota táctica: Ricci y Jashari pueden jugar ambos tanto delante de la defensa como de interiores. No es un detalle menor. Sí, hay vida en Milanello más allá de los sospechosos habituales.