Ramos ante el Bolonia: todo cero

Ya pasa los partidos entablando duelos rústicos y rounds de lucha grecorromana con los defensas rivales. Lo hace porque quizá es el único modo para demostrar que está vivo, que es uno que lucha y querría. Querría mucho —sobrentendido: hacer otra cosa— pero no puede. No lo consigue. Gonçalo Ramos sigue siendo prisionero de sí mismo y de un Milan que no está mejorando ni una pizca en asistirlo. Prácticamente un cuerpo extraño en el flujo de juego rossonero, y lo grave es que no sucede solo cuando el Diablo pierde estrepitosamente como esta vez, sino también cuando gana con soltura como en Udine.

Gonçalo se pone a pelearse con el mundo porque se siente en una jaula aún más asfixiante que la que le construyen alrededor los adversarios. Empuja, manotea, prueba las paredes de cabeza —situación en la que es bastante bueno—, trata de proteger el balón, pero parece un hombre solo contra todos. Esta noche, en los primeros minutos del segundo tiempo, cuando Sacchi le pitó una falta a favor tras el enésimo cuerpo a cuerpo con Casale, alzó durante diez segundos los brazos al cielo, como diciendo: por fin han visto una…

Frustración evidente y comprensible para un delantero que desembarcó en Milanello con la pesada encomienda de resolver el añejo problema del delantero centro. Y además hay de por medio un guion burlón, porque en la selección Ramos marca, participa en el juego. Se divierte. En el rossonero, en cambio, parece un suplicio. Y como cuando las cosas van mal se puede incluso empeorar, encima se suma la mala suerte como en Udine: disparo a gol seguro, manotazo milagroso del portero y balón al travesaño.

Para no creérselo. Esta vez no hay ni siquiera la mala suerte a la que agarrarse. El veredicto es despiadado porque los dos goles los metió Cisse —mediapunta disfrazado de delantero centro perfecto en ambas ocasiones— y el balón del posible tres a tres planeó sobre la cabeza de Camarda. Los números de Gonçalo al final del partido en términos ofensivos son un folio en blanco: cero tiros a puerta, cero tiros fuera, cero tiros rechazados, cero ocasiones creadas, cero asistencias.

¿Balones jugados? Treinta y uno, que para un delantero centro no son ni siquiera pocos, porque en toda esta historia sentimos reafirmar cómo él aparece más víctima que culpable. Cierto, a veces podría hacer una carrera menos y tratar de posicionarse mejor, pero Gonçalo no es un delantero centro de área puro. El Milan lo sabía, Amorim también. Ramos ama moverse, volver a recibir el balón haciendo subir a los compañeros, aprecia las paredes, busca la profundidad sin dar puntos de referencia. Impresiona pensar que después de dos meses y doce partidos el portugués siga siendo un cuerpo extraño, terminal de un equipo incapaz de ponerlo en condiciones de tener alguna ocasión de gol. En un escenario así, tenerlas y fallarlas en el fondo sería ya un paso adelante.

GILA, MOREIRA Y RABIOT RECUPERADOS

El día después de la derrota contra el Bolonia llega una gran noticia desde Milanello, donde el Milan ha vuelto a entrenarse de cara al derbi del sábado: Mario Gila, Diego Moreira y Adrien Rabiot han vuelto a entrenarse en grupo y por tanto estarán regularmente a disposición de Ruben Amorim para el derbi milanés contra el Inter. Lo refiere Sky, que añade que en cambio estarán ausentes los otros rossoneri lesionados, entre ellos Matteo Gabbia, Alexis Saelemaekers, Samuel Chukwueze, Fikayo Tomori (se lesionó anoche contra el Bolonia) y Ruben Loftus-Cheek.

La enfermería rossonera sigue estando bastante concurrida, pero se trata de tres recuperaciones importantes para Amorim: Gila lidiaba con una inflamación por sobrecarga en el tobillo izquierdo, Moreira había tenido que parar por una fatiga muscular en el flexor izquierdo, mientras que Rabiot se había perdido los dos últimos partidos por una fatiga en el gemelo derecho. Por suerte ahora los tres han superado su lesión y estarán a disposición de Amorim para el derbi contra el Inter del sábado por la noche.